Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf

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SEGUNDA SECCIÓN
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Entre los fundamentos de la moralidad racionales o de la
razón,60el concepto ontológico de laperfección (por vacío, por
indeterminado, y, así, inutilizable que sea para hallar en el
inmensurable campo de realidad posible la mayor suma apro
piada para nosotros, por mucho que tenga una inevitable
tendencia a dar vueltas en círculo para distinguir específica
mente de cualquier otra la realidad de que aquí se trata, y no
pueda evitar presuponer secretamente la moralidad que ha de
explicar) es, sin embargo, mejor que el concepto teológico
consistente en derivarla61 de una voluntad omniperfecta y
divina, no meramente porque no podemos intuir su perfec
ción, sino que únicamente podemos derivarla de nuestros
conceptos, entre los cuales el de la moralidad es el más
eminente, sino porque, si no hacemos esto (lo que sería, si
sucediese, un grosero círculo en la explicación), el concepto
que todavía nos queda de su 62voluntad a partir de las propie
dades del apetito de honor y de dominio, enlazadas con las
terribles representaciones del poder y del afán de venganza,
tendría que ser el fundamento de un sistema de las costum
bres que sería directamente opuesto a la moralidad.
Con todo, si yo tuviese que elegir entre el concepto del
sentido moral y el de la perfección en general (al menos,
ninguno de los dos hace quebranto a la moralidad, aunque no
son absolutamente nada aptos para apoyarla como funda
mentos), me determinaría en favor del último, porque como
al menos retira de la sensibilidad la decisión de la cuestión y
la lleva al tribunal de la razón pura, aunque tampoco decide
nada aquí, sin embargo guarda sin falsearla la idea indeter
minada (de una voluntad buena en sí) para una determinación
más precisa.
Creo, por lo demás, poder estar dispensado de una refu
tación detallada de todos estos sistemas. Es tan fácil, está
aun, probablemente, tan bien comprendida por los mismos
cuyo cargo exige declararse en favor de alguna de estas
teorías (dado que los oyentes no soportan fácilmente la
dilación del fallo), que de ello sólo resultaría trabajo superfluo. Y lo que más nos interesa aquí es saber que estos
principios no establecen en modo alguno como primer fundamento de la moralidad sino heteronomía de la voluntad,
y precisamente por eso tienen que errar necesariamente
su fin.
Dondequiera que un objeto de la voluntad tiene que ser
puesto como fundamento para prescribir a ésta la regla que
