Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf

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SEGUNDA SECCIÓN
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la perfección, sobre el concepto racional de la misma como
efecto posible o sobre el concepto de una perfección inde
pendiente (la voluntad de Dios) como causa determinante de
nuestra voluntad.
Los principios empíricos no son en modo alguno aptos para
fundar sobre ellos leyes morales. Pues la universalidad con
que han de valer para todos los seres racionales sin distinción,
la necesidad práctica incondicionada que de este modo les58
es impuesta, desaparece cuando el fundamento de la misma59
es tomado de la especial configuración de la naturaleza huma
na, o de las circunstancias contingentes en que está puesta.
Sin embargo, el principio de la felicidad propia es el más
reprobable, no meramente porque es falso y la experiencia
contradice la pretensión de que el bienestar se rige siempre
por el bien obrar, tampoco meramente porque no contribuye
absolutamente en nada a la fundación de la moralidad, ya que
es enteramente distinto hacer un hombre feliz de hacer un
hombre bueno, y hacer a este prudente y avisado en la busca
de su provecho que hacerle virtuoso, sino porque pone en la
base de la moralidad resortes que más bien la minan y
aniquilan su entera sublimidad, ya que colocan en una misma
clase las causas motoras que llevan a la virtud con las que
llevan al vicio, y enseñan solamente a hacer mejor el cálculo,
pero borran enteramente la diferencia específica entre am
bos; en cambio, el sentimiento moral, ese supuesto sentido
especial* (por superficial que sea la apelación al mismo, ya
que quienes no pueden pensar creen poder salir adelante por
medio del sentir aun en aquello en lo que meramente impor
tan leyes universales, por poco también que los sentimientos,
que por naturaleza son infinitamente distintos unos de otros
en el grado, den una escala uniforme del bien y del mal, y
tampoco puede uno, de ningún modo, juzgar válidamente
para otros a través de su sentimiento), permanece, sin embar
go, más cerca de la moralidad y de su dignidad, porque hace
a la virtud el honor de adscribirle inmediatamente la compla
cencia y la alta estima por ella y no le dice a la cara, valga la
expresión, que no es su belleza, sino sólo el provecho, el que
nos vincula a ella.
* Incluyo el principio del sentimiento moral en el de la felicidad, porque todo
interés empírico promete una contribución al bienestar a través del agrado que algo
proporciona de algún modo, ya suceda eso inmediatamente y sin propósito de ventajas,
ya en atención a éstas. Igualmente se tiene que incluir el principio de la compasión en
la felicidad de otros, con Hutcheson, en el mismo sentido moral por él supuesto.
