Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf

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SEGUNDA SECCIÓN
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la determine, la regla no es sino heteronomía; el imperativo
es condicionado, a saber: si o porque se quiere este objeto, se
debe obrar de este o de aquel modo, y por tanto nunca puede
mandar moralmente, esto es, categóricamente. Sea que el
objeto determine a la voluntad por medio de la inclinación,
como en el principio de la felicidad propia, o por medio de la
razón dirigida a los objetos de nuestra voluntad posible en
general, en el principio de la perfección, tenemos por tanto
que la voluntad no se determina nunca inmediatamente a sí
misma por la representación de la acción, sino sólo por los
resortes que el efecto previsto de la acción tiene sobre la
voluntad: debo hacer algo, porque quiero otra cosa, y aquí tiene
que ser puesta como fundamento en mi sujeto otra ley más,
según la cual quiero necesariamente esta otra cosa, y esa ley,
a su vez, necesita de un imperativo que restrinja esta máxima.
Pues dado que el impulso que ejerza la representación de un
objeto posible por nuestras fuerzas sobre la voluntad del
sujeto, según la constitución natural de éste, pertenece a la
naturaleza del sujeto, ya sea de la sensibilidad (inclinación y
gusto), o del entendimiento y la razón, los cuales, según la
especial configuración de su naturaleza, se ejercitan con
complacencia en un objeto, tenemos que propiamente daría
la ley la naturaleza, y esa ley, como tal, no sólo tiene que ser
conocida y demostrada por experiencia, y por tanto es en sí
misma contingente y por ello no apta como regla práctica
apodíctica, como tiene que serlo la regla moral, sino que es
siempre solamente heteronomía de la voluntad: la voluntad no
se da a sí misma la ley, sino que se la da un impulso ajeno por
medio de una naturaleza del sujeto dispuesta para la recepti
vidad del mismo.63
La voluntad absolutamente buena, cuyo principio tiene
que ser un imperativo categórico, contendrá así pues, inde
terminada en lo que respecta a todos los objetos, meramente
la forma del querer en general, y por cierto como autonomía;
esto es, la aptitud de la máxima de toda buena voluntad para
hacerse a sí misma ley universal es ella misma la única ley
que se impone a sí misma la voluntad de todo ser racional,64
sin poner en la base como fundamento ningún resorte e
interés de los mismos.65
Cómo sea posible tal proposición práctica sintética a priori
y por qué sea necesaria es un problema cuya solución ya no
reside dentro de los límites de la metafísica de las costum
bres, y tampoco hemos afirmado aquí su verdad, ni mucho
