Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf


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SEGUNDA SECCIÓN

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de los medios para todo fin a la condición de su validez
universal como ley para todo sujeto es tanto como decir que
el sujeto de los fines, esto es, el ser racional mismo, tiene
que ser puesto como fundamento de todas las máximas de
las acciones nunca meramente como medio, sino como
suprema condición restrictiva en el uso de todos los medios,
esto es, siempre a la vez como fin.
Pues bien, de aquí se sigue indiscutiblemente que todo ser
racional como fin en sí mismo tiene a la vez que poder
considerarse a sí mismo, en lo que respecta a todas las leyes
a que pueda estar sometido, como universalmente legislador,
porque precisamente esta aptitud de sus máximas para la
legislación universal lo distingue como fin en sí mismo, e
igualmente se sigue que esta su dignidad (prerrogativa) por
delante de todos los seres meramente naturales lleva consigo
tener que tomar sus máximas siempre desde el punto de vista
de sí mismo, pero a la vez también de cualquier otro ser
racional como legislador (los cuales por eso se llaman perso­
nas). De este modo es posible un mundo de seres racionales
0mundus intelligibilis) como un reino de los fines, y, cierta­
mente, por la legislación propia de todas las personas como
miembros. En consonancia con ello, todo ser racional tiene
que obrar como si fuera por sus máximas siempre un miem­
bro legislador en el reino universal de los fines. El principio
formal de estas máximas es: obra como si tu máxima fuese a
servir a la vez de ley universal (de todos los seres racionales).
Un reino de los fines, así pues, sólo es posible según la analogía
con un reino de la naturaleza, pero aquél sólo según máximas,
esto es, reglas impuestas a sí mismo, y éste sólo según leyes
de causas eficientes constreñidas exteriormente. No obstante,
también al conjunto de la naturaleza, si bien es considerado
como máquina, se le da sin embargo, en tanto que hace
referencia a los seres racionales como sus fines, por esa razón
el nombre de reino de la naturaleza. Ese reino de los fines
llegaría a término realmente a través de máximas cuya regla
es prescrita por el imperativo categórico a todos los seres
racionales, si éstas fuesen umversalmente seguidas. Sólo que,
aunque el ser racional no puede contar con que, aun cuando
él mismo siguiese puntualmente esta máxima, por eso cual­
quier otro sería fiel a precisamente la misma, e igualmente
tampoco con que el reino de la naturaleza y la ordenación con
arreglo a fines del mismo concuerden con él, como miembro
adecuado para un reino de los fines posible por él mismo, esto