Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf


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SEGUNDA SECCIÓN

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conducir una y la misma acción a través de los tres citados
conceptos y acercarla así a la intuición, en la medida en que
ello se pueda hacer.
Podemos ahora terminar allí de donde al principio parti­
mos, a saber, en el concepto de una voluntad incondicionada­
mente buena. Es absolutamente buena la voluntad que no
puede ser mala, cuya máxima, por tanto, si se hace de ella una
ley universal, no puede nunca contradecirse a sí misma. Este
principio es así pues también su ley suprema: obra siempre
según aquella máxima cuya universalidad como ley puedas
querer a la vez; esta es la única condición bajo la cual una
voluntad no puede estar nunca en conflicto consigo misma, y
un imperativo semejante es categórico. Dado que la validez
de la voluntad como una ley universal para acciones posibles
tiene analogía con la conexión universal de la existencia de
las cosas según leyes universales, que es lo formal de la
naturaleza en general, tenemos que el imperativo categórico
se puede expresar también así: obra según máximas que
puedan tenerse por objeto a sí mismas a la vez como leyes
universales de la naturaleza. Así está por tanto constituida la
fórmula de una voluntad absolutamente buena.
La naturaleza racional se separa de las restantes porque
se pone un fin a ella misma. Éste sería la materia de toda
buena voluntad. Pero como en la idea de una voluntad
absolutamente buena, sin condición restrictiva (de la conse­
cución de este o aquel fin), se tiene que abstraer por com­
pleto de todo fin que realizar (como de aquel que haría a toda
voluntad sólo relativamente buena), tenemos que el fin
tendrá que ser pensado aquí no como un fin que realizar,
sino como un fin independiente, y por tanto de modo sólo
negativo, esto es, como algo contra lo cual no se tiene que
obrar nunca, y que, así pues, no tiene que ser estimado
nunca meramente como medio, sino siempre a la vez como
fin en todo querer. Ahora bien, este fin no puede ser otra
cosa que el sujeto mismo de todos los fines posibles, porque
es a la vez el sujeto de una posible voluntad absolutamente
buena, pues ésta no puede ser pospuesta, sin contradicción,
a ningún otro objeto. El principio: obra en referencia a todo
ser racional (a ti mismo y otros) de tal modo que valga en tu
máxima a la vez como fin en sí, es según eso, en el fondo, el
mismo que el principio: obra según una máxima que con­
tenga en sí a la vez su propia validez universal para todo ser
racional. Pues decir que debo restringir mi máxima en el uso