Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf


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SEGUNDA SECCIÓN

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un posible imperativo categórico, esto es, de una ley prác­
tica.
Pues bien, yo digo: el hombre, y en general todo ser
racional, existe como fin en sí mismo, no meramente como
medio para el uso a discreción de esta o aquella voluntad, sino
que tiene que ser considerado en todas sus acciones, tanto en
las dirigidas a sí mismo como también en las dirigidas a otros
seres racionales, siempre a la vez como fin. Todos los objetos
de las inclinaciones tienen solamente un valor condicionado,
pues si no hubiese inclinaciones y necesidades fundadas en
ellas, su objeto no tendría valor. Pero las inclinaciones mismas
como fuentes de las necesidades están tan lejos de tener un
valor absoluto para desearlas a ellas mismas que más bien
estar enteramente libre de ellas tiene que ser el deseo universal
de todo ser racional. Así pues, el valor de todos los objetos que
obtener por nuestra acción es siempre condicionado. Los seres
cuya existencia descansa no en nuestra voluntad, ciertamente,
sino en la naturaleza, tienen sin embargo, si son seres irracio­
nales, solamente un valor relativo, como medios, y por ello se
llaman cosas; en cambio, los seres racionales se denominan
personas, porque su naturaleza ya los distingue como fines en
sí mismos, esto es, como algo que no puede lícitamente ser
usado meramente como medio, y por tanto en la misma
medida restringe todo arbitrio (y es un objeto del respeto).
Estos no son, así pues, fines meramente subjetivos, cuya
existencia como efecto de nuestra acción tiene un valor para
nosotros, sino fines objetivos, esto es, cosas cuya existencia en
sí misma es fin, y, por cierto, un fin tal que en su lugar no se
puede poner otro fin al servicio del cual estuviesen meramente
como medios, porque sin esto no encontraríamos en lugar
alguno absolutamente nada de valor absoluto, pero si todo
valor fuese condicionado, y por tanto contingente, no podría­
mos encontrar en lugar alguno un principio práctico supremo
para la razón.
Si es que ha de haber entonces un principio práctico
supremo y, en lo que respecta a la voluntad humana, un
imperativo categórico, tiene que ser tal que por la repre­
sentación de lo que es necesariamente fin para todo el mundo,
porque es fin en sí mismo, constituya un principio objetivo de
la voluntad, y por tanto pueda servir como ley práctica uni­
versal. El fundamento de este principio es: la naturaleza
racional existe como fin en sí misma. Así se representa el
hombre necesariamente su propia existencia, y en esa medida