Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf


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SEGUNDA SECCIÓN

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más poderoso, pero sin embargo finito, se haga un concepto
determinado de lo que propiamente quiere aquí. Si quiere32
riqueza, cuántas preocupaciones, envidia y asechanzas no
podría echarse encima con ello. Si quiere conocimiento y
penetración, eso podría quizá convertirse en una vista sólo
tanto más aguda para mostrarle tanto más horribles los
males que ahora todavía se ocultan para él y que sin embargo
no se pueden evitar, o para cargar sobre sus apetitos, que ya
bastante le dan que hacer, todavía más necesidades. Si
quiere una larga vida, ¿quién le garantiza que no sería una
larga miseria? Si quiere por lo menos salud, con qué frecuen­
cia los achaques del cuerpo le han mantenido apartado de
excesos en los que ilimitada salud le hubiese hecho caer, etc.
En breve, no es capaz de determinar según un principio con
plena certeza qué le hará verdaderamente feliz, porque para
ello sería precisa omnisciencia. Así pues, para ser feliz no se
puede obrar según principios determinados, sino sólo según
consejos empíricos, por ejemplo de la dieta, del ahorro, de
la cortesía, de la reserva, etc., de los cuales la experiencia
enseña que son los que más fomentan por término medio el
bienestar. De aquí se sigue que los imperativos de la pruden­
cia, para hablar con exactitud, no pueden en modo alguno
mandar, esto es, exponer objetivamente acciones como prác­
tico-necesarias, que han de ser tenidos más bien por consejos
{consilia) que mandatos {praecepta) de la razón, que el
problema: determinar segura y universalmente qué acción
fomentará la felicidad de un ser racional es completamente
irresoluble, y por tanto, en lo que respecta a la misma, no es
posible un imperativo que mandase en sentido estricto rea­
lizar lo que hace feliz, porque la felicidad no es un ideal de
la razón, sino de la imaginación, que descansa meramente
en fundamentos empíricos, de los que en vano se esperaría
que determinasen una acción por la cual se alcanzase la
totalidad de una serie de consecuencias en realidad infinita.
Este imperativo de la prudencia sería sin embargo, si se
supone que los medios para la felicidad se pudiesen indicar
con seguridad, una proposición analítico-práctica, pues sólo
es distinto del imperativo de la habilidad en que en éste el
fin es meramente posible, mientras que en aquél está dado,
pero como ambos mandan meramente los medios para
aquello que se presupone que se quiere como fin, tenemos
que el imperativo que manda el querer de los medios a quien
quiere el fin es en ambos casos analítico. Así pues, en lo que