Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf


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SEGUNDA SECCIÓN

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5 sarse el cumplimiento de la acción que el imperativo manda,

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sino cómo pueda pensarse meramente la constricción de la
voluntad que el imperativo expresa en el problema. Cómo sea
posible un imperativo de la habilidad no necesita seguramen­
te de estudio especial. Quien quiere el fin, quiere también (en
tanto que la razón tiene influjo decisivo sobre sus acciones)
el medio indispensablemente necesario para él que está en su
poder. Esta proposición es, en lo que atañe al querer, analítica,
pues en el querer un objeto como mi efecto se piensa ya mi
causalidad como causa que obra, esto es, el uso de los medios,
y el imperativo ya extrae el concepto de las acciones necesa­
rias para este fin del concepto de un querer este fin (para
determinar los medios mismos para un propósito que nos
hemos marcado hacen falta, sin duda, proposiciones sintéti­
cas, pero que atañen no al fundamento para hacer real el acto
de la voluntad, sino al fundamento para hacer real el objeto).
Que para partir una línea en dos partes iguales según un
principio seguro tengo que hacer desde los extremos de la
misma dos arcos que se crucen, lo enseña la matemática sólo
por proposiciones sintéticas, desde luego, pero que, si sé que
únicamente a través de esa acción puede suceder el efecto citado,
si quiero por completo el efecto, también quiero la acción que
es precisa para él, es una proposición analítica, pues repre­
sentarme algo como un efecto posible de cierta manera por mí
y representarme a mí como obrando de la misma manera en lo
que a él respecta es enteramente lo mismo.
Los imperativos de la prudencia coincidirían enteramen­
te con los de la habilidad y serían de igual forma analíticos
con sólo que fuese igual de fácil dar un concepto determina­
do de la felicidad. Pues tanto aquí como allí se diría: quien
quiere el fin, quiere también (en conformidad con la razón
necesariamente) los únicos medios para el mismo que están
en su poder. Sólo que es una desdicha que el concepto de la
felicidad sea un concepto tan indeterminado que, aunque
todo hombre desea llegar a ella, sin embargo nunca puede
decir de modo determinado y acorde consigo mismo qué
quiere y desea propiamente. La causa de ello es: que todos
los elementos que pertenecen al concepto de la felicidad son
en su totalidad empíricos, esto es, tienen que ser tomados
en préstamo de la experiencia, y que, no obstante, para la
idea de la felicidad es preciso un todo absoluto, un máximo
de bienestar en mi estado actual y en todo estado futuro.
Ahora bien, es imposible que el ser más penetrante y a la vez