Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf


Vista previa del archivo PDF compendio-de-textos-para-pau-uclm-2025-26.pdf


Página 1...211 212 213214215443

Vista previa de texto


SEGUNDA SECCIÓN

15

20

25

30

35

30
35

161

dad infinitos en número. Todas las ciencias tienen alguna
paite práctica, que consta de problemas consistentes en que
algún fin sea posible para nosotros y de imperativos de cómo
pueda ser alcanzado. De ahí que éstos puedan llamarse, en
general, imperativos de la habilidad. Aquí la cuestión no es en
modo alguno si el fin es racional y bueno, sino sólo qué se
tiene que hacer para alcanzarlo. Las prescripciones para el
médico al objeto de curar a un hombre de manera fundada y
para un envenenador al objeto de matarlo con seguridad son
de igual valor en la medida en que cada una de ellas sirve para
efectuar perfectamente su propósito. Dado que en la primera
juventud no se sabe qué fines se nos podrían presentar en la
vida, los padres intentan sobre todo hacer aprender a sus hijos
cosas bien diversas y procuran su habilidad en el uso de los
medios para todo tipo de fines a discreción, de ninguno de los
cuales pueden determinar que no pueda acaso llegar a ser en
el futuro realmente un propósito de su educando, mientras
que es sin embargo posible que pudiera tenerlo alguna vez, y
este cuidado es tan grande que les lleva comúnmente a ser
negligentes en formarles y corregirles el juicio sobre el valor
de las cosas que pudieran acaso ponerse como fines.
Hay, no obstante, un fin que se puede presuponer como
real en todos los seres racionales (en tanto que les convienen
los imperativos, a saber, como seres dependientes), y así pues
un propósito que no es que meramente puedan tener, sino del
que se puede presuponer con seguridad que los seres racio­
nales en su totalidad lo tienen según una necesidad natural, y
éste es el propósito de la felicidad. El imperativo hipotético
que representa la necesidad práctica de la acción como medio
para el fomento de la felicidad es asertórico. No se puede
lícitamente presentarlo meramente como necesario para un
propósito incierto, meramente posible, sino para un propósi­
to que se puede presuponer con seguridad y a priori en todo
hombre, porque pertenece a su esencia. Ahora bien, la habi­
lidad en la elección de los medios para el mayor bienestar
propio se puede denominar prudencia* en el sentido más
* La palabra prudencia se toma en un doble sentido: por un lado, puede llevar el
nombre de prudencia mundana, en el segundo sentido el de prudencia privada. La
primera es la habilidad de un hombre para tener influjo sobre otros al objeto de usarlos
para sus propósitos. La segunda es el conocimiento consistente en unir todos estos
propósitos para el propio provecho duradero. La última es propiamente aquella a la
que es remitido aun el valor de la primera, y de quien es prudente de la primera manera,
pero no de la segunda, se podría decir mejor: es diestro y astuto, pero en conjunto sin
embargo es imprudente.