Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf


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SEGUNDA SECCIÓN

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en lo moral en modo alguno, y los ejemplos sólo sirven para
dar aliento, esto es, ponen fuera de duda la posibilidad de
hacer lo que la ley manda, hacen intuitivo lo que la regla
práctica expresa más universalmente, pero no pueden nunca
autorizar a dejar a un lado su verdadero original, que reside
en la razón, y a regirse por ejemplos.
Si no hay entonces un genuino principio supremo de la
moralidad que no tenga que descansar, independientemente
de toda experiencia, merarr/ente en la razón pura, creo que no
es necesario ni siquiera preguntar si es bueno exponer en
general (in abstracto) esos conceptos, tal y como constan a
priori junto con los principios a ellos pertenecientes, si es que
el conocimiento ha de distinguirse del ordinario y llamarse
filosófico. Pero en nuestros tiempos esto bien podría ser
necesario. Pues si se recogiese votos sobre si es de preferir un
conocimiento racional puro, separado de todo lo empírico,
por tanto una metafísica de las costumbres, o una filosofía
práctica popular, pronto se adivina de qué lado se inclinará la
balanza.
Esta condescendencia a conceptos del pueblo es sin duda
muy loable cuando antes ha tenido lugar y se ha alcanzado a
completa satisfacción el ascenso a los principios de la razón
pura, y esto significaría fundar antes la doctrina de las cos­
tumbres en la metafísica, y después, cuando esté firmemente
establecida, proporcionarle acceso a través de la populari­
dad. Pero es en extremo absurdo querer satisfacer a ésta ya
en la primera investigación, de la que depende toda la correc­
ción de los principios. No sólo que este proceder no puede
reivindicar nunca el mérito, sumamente raro, de una verda­
dera popularidad filosófica, puesto que no se requiere arte
alguno para ser entendido generalmente si se renuncia en ello
a todo conocimiento que vaya al fondo, y así trae a la luz una
asquerosa mezcolanza de observaciones mal apañadas y prin­
cipios semirracionales, en la que se deleitan las cabezas
hueras porque es sin duda algo muy utilizable para su cháchara diaria, pero en la que los dotados de penetración sienten
confusión e, insatisfechos, sin poderlo evitar, apartan la vista,
aunque los filósofos, que se dan cuenta perfectamente del
engaño, encuentran poca audiencia cuando disuaden por
algún tiempo de la supuesta popularidad para, sólo tras haber
adquirido un conocimiento determinado, y sólo entonces,
poder con derecho ser populares.
Basta mirar los ensayos sobre la moralidad en ese gusto