Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf

Vista previa de texto
PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN
15
confirma, ella se empeña en conocerlas a priori. Incontables veces hay que volver atrás
en la metafísica, ya que se advierte que el camino no conduce a donde se quiere ir. Por
lo que toca a la unanimidad de lo que sus partidarios afirman, está aún tan lejos de ser un
hecho, que más bien es un campo de batalla realmente destinado, al parecer, a ejercitar
las fuerzas propias en un combate donde ninguno de los contendientes ha logrado jamás
conquistar el más pequeño terreno ni fundar sobre su victoria una posesión duradera. No
hay, pues, duda de que su modo de proceder ha consistido, hasta la fecha, en un mero
andar a tientas y, lo que es peor, a base de simples conceptos.
¿A qué se debe entonces que la metafísica no haya encontrado todavía el camino
seguro de la ciencia? ¿Es acaso imposible? ¿Por qué, pues, la naturaleza ha castigado
nuestra razón con el afán incansable de perseguir este camino como una de sus cuestiones más importantes? Más todavía: ¡qué pocos motivos tenemos para confiar en la razón
si, ante uno de los campos más importantes de nuestro anhelo de saber, no sólo nos
abandona, sino que nos entretiene con pretextos vanos y, al final, nos engaña! Quizá
simplemente hemos errado dicho camino hasta hoy. Si es así ¿qué indicios nos harán
esperar que, en una renovada búsqueda, seremos más afortunados que otros que nos
precedieron?
Me parece que los ejemplos de la matemática y de la ciencia natural, las cuales
se han convertido en lo que son ahora gracias a una revolución repentinamente producida, son1 lo suficientemente notables como para hacer reflexionar sobre el aspecto esencial de un cambio de método que tan buenos resultados ha proporcionado en ambas
ciencias, así como también para imitarlas, al menos a título de ensayo, dentro de lo que
permite su analogía, en cuanto conocimientos de razón, con la metafísica. Se ha supuesto hasta ahora que todo nuestro conocer debe regirse por los objetos. Sin embargo, todos
los intentos realizados bajo tal supuesto con vistas a establecer a priori, mediante conceptos, algo sobre dichos objetos —algo que ampliara nuestro conocimiento— desembocaban en el fracaso. Intentemos, pues, por una vez, si no adelantaremos más en las
tareas de la metafísica suponiendo que los objetos deben conformarse a nuestro conocimiento, cosa que concuerda ya mejor con la deseada posibilidad de un conocimiento a
priori de dichos objetos, un conocimiento que pretende establecer algo sobre éstos antes
de que nos sean dados. Ocurre aquí como con los primeros pensamientos de Copérnico.
Este, viendo que no conseguía explicar los movimientos celestes si aceptaba que todo el
ejército de estrellas giraba alrededor del espectador, probó si no obtendría mejores resultados haciendo girar al espectador y dejando las estrellas XVII en reposo. En la metafísica se puede hacer el mismo ensayo, en lo que atañe a la intuición de los objetos. Si la
intuición tuviera que regirse por la naturaleza de los objetos, no veo cómo podría conocerse algo a priori sobre esa naturaleza. Si, en cambio, es el objeto (en cuanto objeto de
los sentidos) el que se rige por la naturaleza de nuestra facultad de intuición, puedo
representarme fácilmente tal posibilidad. Ahora bien, como no puedo pararme en estas
intuiciones, si se las quiere convertir en conocimientos, sino que debo referirlas a algo
como objeto suyo y determinar éste mediante las mismas, puedo suponer una de estas
1
Leyendo Wären, en lugar de Wäre, de acuerdo con Rosenkranz (N. del T.)
