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KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA
conceptos. Advirtió también que, para saber a priori algo con certeza, no debía añadir a
la cosa sino lo que necesariamente se seguía de lo que él mismo, con arreglo a su concepto, había puesto en ella.
La ciencia natural tardó bastante más en encontrar la vía grande de la ciencia.
Hace sólo alrededor de un siglo y medio que la propuesta del ingenioso Bacon de Verulam en parte ocasionó el descubrimiento de la ciencia y en parte le dio más vigor, al
estarse ya sobre la pista de la misma. Este descubrimiento puede muy bien ser explicado
igualmente por una rápida revolución previa en el pensamiento. Sólo me referiré aquí a
la ciencia natural en la medida en que se basa en principios empíricos.
Cuando Galileo hizo bajar por el plano inclinado unas bolas de un peso elegido
por él mismo, o cuando Torricelli hizo que el aire sostuviera un peso que él, de antemano, había supuesto equivalente al de un determinado volumen de agua, o cuando, más
tarde, Stahl transformó metales en cal y ésta de nuevo en metal, a base de quitarles algo
y devolvérselok, entonces los investigadores de la naturaleza comprendieron súbitamente
algo. Entendieron que la razón sólo reconoce lo que ella misma produce según su bosquejo, que la razón tiene que anticiparse con los principios de sus juicios de acuerdo con
leyes constantes y que tiene que obligar a la naturaleza a responder sus preguntas, pero
sin dejarse conducir con andaderas, por así decirlo. De lo contrario, las observaciones
fortuitas y realizadas sin un plan previo no van ligadas a ninguna ley necesaria, ley que,
de todos modos, la razón busca y necesita. La razón debe abordar la naturaleza llevando
en una mano los principios según los cuales sólo pueden considerarse como leyes los
fenómenos concordantes, y en la otra, el experimento que ella haya proyectado a la luz
de tales principios. Aunque debe hacerlo para ser instruida por la naturaleza, no lo hará
en calidad de discípulo que escucha todo lo que el maestro quiere, sino como juez designado que obliga a los testigos a responder a las preguntas que él les formula. De
modo que incluso la física sólo debe tan provechosa revolución de su método a una idea,
la de buscar (no fingir) en la naturaleza lo que la misma razón pone en ella, lo que debe
aprender de ella, de lo cual no sabría nada por sí sola. Únicamente de esta forma ha
alcanzado la ciencia natural el camino seguro de la ciencia, después de tantos años de no
haber sido más que un mero andar a tientas.
La metafísica, conocimiento especulativo de la razón, completamente aislado,
que se levanta enteramente por encima de lo que enseña la experiencia, con meros conceptos (no aplicándolos a la intuición, como hacen las matemáticas), donde, por tanto, la
razón ha de ser discípula de sí misma, no ha tenido hasta ahora la suerte de poder tomar
el camino seguro de la ciencia. Y ello a pesar de ser más antigua que todas las demás1 y
de que seguiría existiendo aunque éstas desaparecieran totalmente en el abismo de una
barbarie que lo aniquilara todo. Efectivamente, en la metafísica la razón se atasca continuamente, incluso cuando, hallándose frente a leyes que la experiencia más ordinaria
k
No sigo exactamente el hilo de la historia del método experimental, cuyos comienzos siguen siendo mal conocidos. (Nota de Kant).
1
Entendiendo, de acuerdo con Erdmann, übrigen, en lugar de ubrige (N. del T.)
