Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf


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C.1 a.2

¿Qué es la doctrina sagrada?

En cambio está lo que dice Agustín
en el XIV De Trinitate3: A esta ciencia
pertenece solamente aquello con lo que se fecunda, alimenta, defiende y robustece la fe que
salva. Esto corresponde sólo a la doctrina sagrada, no a ninguna otra ciencia.
Por lo tanto, la doctrina sagrada es
ciencia.
Solución. Hay que decir: La doctrina
sagrada es ciencia. Hay dos tipos de ciencias. 1) Unas, como la aritmética, la geometría y similares, que deducen sus conclusiones a partir de principios evidentes
por la luz del entendimiento natural.
2) Otras, por su parte, deducen sus conclusiones a partir de principios evidentes,
por la luz De una ciencia superior. Así,
la perspectiva, que parte de los principios que le proporciona la geometría; o
la música, que parte de los que le proporciona la aritmética. En este último
sentido se dice que la doctrina sagrada
es ciencia, puesto que saca sus conclusiones a partir de los principios evidentes por la luz de una ciencia superior,

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esto es, la ciencia de Dios y de los Santos. Así, pues, de la misma forma que la
música acepta los principios que le proporciona el matemático, la doctrina sagrada acepta los principios que por revelación le proporciona Diosg.
Respuesta a las objeciones: 1. A la
primera hay que decir: Los principios de
una ciencia cualquiera o son evidentes o
quedan reducidos a los que le proporciona una ciencia superior. Estos últimos son los principios propios de la
doctrina sagrada tal como se ha dicho
(sol.).
2.
A la segunda hay que decir: Los hechos concretos que aparecen en la doctrina sagrada no son tratados como objetivo principal, sino como ejemplo a
imitar; asÍ ocurre en la moral. O también para declarar la autoridad de aquellos nombres por los que se nos ha
transmitido la revelación divina que es
el fundamento de la Escritura o Doctrinah Sagrada.

3. S. AGUSTÍN, c.7: ML 42, 1037.
g. El cuerpo del artículo se desarrolla en torno -al tema de la evidencia de los principios;
y la dificultad que presentan los principios de esta ciencia, que son los artículos de la fe, se resuelve apelando a la teoría aristotélica de la subalternación.
h. Recoge Sto. Tomás el enunciado aristotélico, y dicho común entre los escolásticos, de
singularibus non est scientia, que se dice de la ciencia propiamente tal o especulativa, no de la
práctica, como deja indicado la respuesta al referirse a ejemplos de conducta moral. El contenido, sin embargo, de tal dicho habla de singularidad cuando, en realidad, la exigencia ineludible
para que haya ciencia es más bien la necesidad. Lo importante en la demostración científica, característica de la teoría aristotélica, es que a partir de ciertas verdades que se suponen conocidas, o sea, de los principios, se vaya en un proceso deductivo necesario al conocimiento de
otras verdades, que serán las conclusiones. La necesidad es, pues, un aspecto esencial del proceso. Es decir, la inteligibilidad lo que postula es alejamiento de lo contingente y proximidad a
lo necesario. Como suele ser cierto que no se dan propiedades o atributos que convengan necesariamente al individuo en cuanto tal, suele ser válido el axioma. Pero siempre que, del modo
que sea, fuere compatible la singularidad con la necesidad, podría darse ciencia, incluso de realidades singulares.
La teología, ciencia de la fe y que procede de la fe, sigue e imita el conocimiento de Dios.
Pero Dios se conoce a sí mismo, y él es su único objeto esencial de conocimiento. Todo lo
demás es sólo objeto secundario, y lo es en la medida que se relaciona con Dios. Los artículos
de la fe que se refieren a las criaturas, y, en ellos, las circunstancias históricas, no son objeto
de fe más que en cuanto con ellos se añade algo a Dios (secundum quod eis aliquid veritatis primae
adiungitur: De verit. q.14 a.8 ad 1). Pero entonces esos personajes o hechos, en sí mismos contingentes, tienen algo de eterno, de necesario, y algo de verdad inamovible, en la medida que
le afecta la decisión y el conocimiento de Dios. Ante los hechos de la Historia Sagrada, Santo
Tomás, aun partiendo de términos inspirados en la epistemología aristotélica, no se sitúa como
Aristóteles. Para él lo temporal y singular, como tal, del objeto de fe, es accidental a la fe misma. Los hechos interesan por su relación a la verdad Primera (temporalia quae in fide proponuntur
non pertinent ad obiectum fidei nisi in ordine ad aliquid aeternum, quod est veritas prima: 2-2 q.4 a.6 ad
1; cf. q.1 a.1 y a.6 ad 1; In Sent. 3 d.23 q.2 a.4 q.a2 ad 1; d.24 q.1 a.1 q.a1 ad 1; q.a2 ad 4; De
verit. q.14 a.8 ad 2).