Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf

Vista previa de texto
Condición y panorama de la teología
88
ARTÍCULO
3
La doctrina sagrada en cuanto
ciencia, ¿es una o múltiple?
In Sent. 1, Pról. a.2.
Objeciones por las que parece que la
doctrina sagrada no es una única ciencia: 1. Dice el Filósofo en I Poster.4
Es una la ciencia cuando su sujeto es de un
solo género. Como quiera que la doctrina
sagrada trata del Creador y de lo creado,
que no son del mismo género, hay que
decir que la doctrina sagrada no es una
única ciencia.
2. Más aún. En la doctrina sagrada
se trata de los ángeles, de seres corpóreos y del comportamiento de los hombres. Todo esto es tratado en diversas
C.1 a.3
ciencias filosóficas. Así, pues, la doctrina
sagrada no es una única ciencia i.
En cambio está la Sagrada Escritura
que habla de ella como de una única
ciencia, pues dice Sab 10,10: Le concedió
la ciencia de los santos.
Solución. Hay que decir: La doctrina
sagrada es una única ciencia. La unidad
de la facultad o del hábito la da el objeto, pero no bajo el aspecto material, sino
formal j. Por ejemplo, el hombre, el asno
y la piedra pueden ser considerados bajo
el aspecto formal del color, que es el objeto de la vista. Si tenemos presente,
como ya hemos dicho (a.2), que la Sagrada Escritura considera algunas cosas
en cuanto reveladas por Dios, todo lo
que puede ser revelado por Dios cae
bajo el aspecto formal del objeto k de tal
4. ARISTÓTELES, c.28 n.1 (BK 87 a 38): S. Th. lect.41 n.7.
i. El problema de la unidad esencial o específica de la teología surge pacíficamente para
Sto. Tomás ante la variedad del panorama abarcado por la sacra doctrina. No hay situación enmarañada o encrespada de opiniones sobre la que dictaminar. Más que luz «retrospectiva» difunde aquí Sto. Tomás una iluminación «prospectiva». De forma rotunda se pronuncia por la
unidad de la teología, que después de él será tan cuestionada en virtud de la gran fragmentación sufrida.
j. Unos cuantos conceptos son imprescindibles para captar el alcance de esta respuesta de
Sto. Tomás. Son los de «objeto», «hábito», «potencia», «formal».
Objeto: lo que está ahí (ob-iacet). Lo que es alcanzado por el acto humano de una determinada potencia, facultad o hábito. Él especifica (determina la especie o caracteriza en sí misma)
esa potencia, la tendencia que de ella procede y el acto que le es propio. Es frecuente la distinción entre objeto material y objeto formal. En el lenguaje de Sto. Tomás, objeto material
es el campo amplio e indeterminado a que se extiende la actividad precitada. Objeto formal es
el aspecto o formalidad particular considerados en el objeto material. Dentro del objeto formal
aún cabe distinguir entre objeto terminativo (en cuanto cosa —ut est res— u objeto formal
quod) que es lo alcanzado del objeto material, y objeto motivo (en cuanto escible o cognoscible
—ut est scibile u objeto formal quo) que es aquello por lo que es alcanzado o asequible el objeto
material. En el ejemplo aducido en este artículo por Sto. Tomás, el asno o la piedra serían para
la vista el objeto material, el color objeto formal terminativo, y la luz objeto formal motivo.
Formal. El aspecto formal de un ser es consiguiente a su «forma». Esta traduce la µορφή
griega, que no tiene nada que ver con el aspecto exterior, como significaría en su acepción corriente, sino que es el principio determinante o constitutivo de todo lo que es. Concepto correlativo al de «materia», que es indeterminación, potencialidad. Las cosas son lo que son por su
«forma», que es principio intrínseco constitutivo y operativo. Lo «formal» deriva de la determinación esencial de un ser.
Hábito es una disposición estable a actuar —de manera pronta, fácil y grata— bien o mal
(según sea bueno o malo el hábito). Se engendra y se desarrolla por los actos y su repetición.
Si es operativo, es una disposición de las facultades a actuar respecto a determinados objetos.
La ciencia es un hábito operativo.
Potencia, el texto, significa potencia activa, es decir, el principio próximo de la acción.
Así son potencias las facultades del alma.
k. Comunican en razón formal de objeto uno todas las cosas que son revelables divinamente
(omnia quaecumque sunt divinitus revelabilia: en sol. y ad 2), o que son cognoscibles por medio de
la luz divina (divino lumine cognoscibilia: a.4). La precisión de Sto. Tomás, en este artículo y en
el siguiente, hablando de revelabilidad y de cognoscibilidad como objeto formal quo, y no de
lo revelado o conocido, es interesante. «Revelado» añade sobre «revelable» el hecho existencial
de la manifestación de Dios. Pero «revelable» no sólo indicaría la posibilidad de ser revelado,
sino también la necesidad, para ser conocido de esa manera. Es decir, que la escibilidad o cog-
