Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf


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C.1 a.4

¿Qué es la doctrina sagrada?

ciencia. Es así como queda comprendido
dentro de la doctrina sagrada como una
única ciencia.
Respuesta a las objeciones: 1. A la
primera hay que decir: La doctrina sagrada
no se ocupa por igual de Dios y de las
criaturas; sino que se ocupa de Dios
como objetivo principal, y de las criaturas en cuanto referidas a Él como su
principio y su fin. Esto no impide que
sea una única ciencia.
2. A la segunda hay que decir: Nada
impide que las facultades o hábitos se
diversifiquen al considerar sus distintos
objetos y que, al mismo tiempo, esos
objetos sean considerados por una facultad o hábito superior; puesto que una
facultad o hábito superior lo considera
todo bajo un aspecto formal mucho más
universal. Ejemplo: El sentido común
tiene por objeto lo sensible, y lo sensible

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es también el objeto de la vista o del
oído. De ahí que el sentido común, en
cuanto facultad, abarque los objetos propios de los cinco sentidos. De modo parecido, lo que cae dentro del campo de
las diversas ciencias filosóficas, esto mismo puede considerarlo bajo un solo aspecto, el de poder ser revelado por
Dios, la doctrina sagrada como una única ciencia. Es así que la doctrina sagrada
es como una imagen de la ciencia divina
que es una, simple y lo abarca todo l.
ARTÍCULO

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La doctrina sagrada, ¿es o no es
ciencia práctica?m
2-2 q.8 a.3; q.9 a.3; In Sent. 1, Pról., a.3 q. a 1.
Objeciones por las que parece que la
doctrina sagrada es ciencia práctica:

noscibilidad de lo de hecho revelado sea únicamente mediante la luz divina (divino lumine).
Efectivamente: ya en el a.1 había afirmado que nada impide que las disciplinas filosóficas traten
de algunas cosas conocidas también por revelación, en cuanto cognoscibles por la luz natural
de la razón (secundum quod sunt cognoscibilia lumine naturalis rationis). Y en aquel a. 1, como sabemos, la escibilidad suprarracional (por revelación) demostraba la necesidad de ese medio de conocimiento. Insistamos: «revelabilia» es no sólo lo que puede ser revelado, como «visibilia» es
lo que puede ser visto, sino también lo que tiene que ser revelado para que pueda ser conocido. Se diría que esta precisión de Sto. Tomás vendría a resolver por anticipado la objeción del
nominalista Pedro Aureolo (Sent. prol. q.3 a.3), reportada por Cayetano al comentar este lugar.
Decía Aureolo: «Si Dios revelase simultáneamente la filosofía y la geometría, aun siendo idéntica la luz que las hiciera cognoscibles, no por eso serían una sola ciencia». Efectivamente, la
geometría y la filosofía pudiendo ser reveladas no son «revelabilia» porque no tienen que serlo;
es decir, su cognoscibilidad no supera la luz de la razón. El revelatum, comentará Cayetano,
puede entenderse como causado eficientemente: y esto no da unidad a la ciencia (todo podría
ser, así, revelado); o puede entenderse como razón o modo de conocer el objeto. Y así sí da
unidad. Sto. Tomás habla formalmente cuando a esto lo llama, no revelata, sino divinitus revelabilia.
l. No es raro en Sto. Tomás, dentro de la sobriedad del estilo de la Suma, que se produzcan afirmaciones asombrosas con la más absoluta sencillez. Concluyendo este ad 2, ve Sto. Tomás la sacra doctrina como el trasunto en el hombre de lo que es la ciencia divina (: quaedam
impressio divinae scientiae). Fórmula admirable. Si, según el dicho escolástico «lo que está disperso en las cosas inferiores está unido en las superiores», llegados a lo que es la realidad suprema
no sólo aparecerá todo unido, sino reducido a unidad; y no una unidad de composición, sino
unidad simple. La sagrada doctrina, por tanto, lleva la marca de la ciencia divina.
m. La pregunta de este artículo es: si la sacra doctrina es ciencia especulativa o práctica, pues
la redacción auténtica de Sto. Tomás es la que se encuentra en el planteamiento de la cuestión,
al inicio de cada una de ellas, como es sabido. ¿Cuál es el sentido de esta duda? Para verlo convendrá precisar qué significan para Sto. Tomás esas palabras. Se llama práctico lo que se ordena a hacer algo, lo que se dirige a la acción; especulativo lo que se ordena al conocimiento,
lo que se dirige a saber. La inteligencia humana en cuanto tal conoce por conocer: es su propio
fin, su obra específica. Pero puede también conocer para dirigir algo que no sea su propia operación: es decir, puede producir (finis non est cognitio sed opus: In Sent. 3 d.35 q.1 a.3 sol.2). Pero
aun en este segundo caso se trata de conocimiento intelectual; no serían necesarias dos facultades, sino una con dos funciones. La ciencia práctica trata especulativamente de cosas prácticas.
La inteligencia, que de suyo es especulativa, «se hace» práctica por extensión.
Los principios con que se opera en uno y otro caso son diversos. Así, los principios especulativos son resolutivos (analíticos), porque la verdad de lo que se concluye se resuelve en tales principios; los principios prácticos son compositivos (sintéticos), porque contemplan la verdad conocida en cuanto «actuable», es decir, tienden a hacer la síntesis de lo conocido con la
existencia. Así se entiende por qué lo práctico mira las cosas en cuanto a su existencia singular
(contingente), mientras que lo especulativo mira todo en cuanto universal (necesario) (ver n.h).