U3. Liderazgo cambio y casos.pdf

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a una estructuración que facilite el trabajo, sino también a la creación de una
relación productiva con la familia y la comunidad, el establecimiento de contactos
con el entorno más amplio de la escuela y, adicionalmente, construir en su
interior una cultura colaborativa. Pero también debe protegerse la labor docente.
En relación directa con la construcción de una cultura de colaboración, Michael
Fullan destaca la importancia de potenciar la interacción entre los docentes
estableciendo una unión entre las prácticas de liderazgo para generar una visión
y aquellas para construir una cultura colaborativa.
La tercera dimensión de prácticas, Desarrollar personas, se refiere a la
habilidad que debe tener el líder para potenciar aquellas capacidades de los
miembros de la organización necesarias para movilizarse de manera productiva
en función de dichas direcciones. De acuerdo con Leithwood las prácticas
concretas que componen esta categoría del desarrollo de personas son: la
atención y el apoyo individual a los profesores, su estimulación intelectual y la
representación de un modelo de alta visibilidad.
En su libro “Leading with teacher emotions in mind”, (Leithwood y Beatty 2007)
explican la relación entre las dimensiones del liderazgo efectivo y las emociones
de los profesores: El desarrollo de las personas en la organización se vincularía
fuertemente con su auto confianza. Para desarrollar a los profesores y motivarlos
con su trabajo, el directivo líder debe mostrar una actitud de confianza hacia ellos
y hacia sus capacidades, despertando así tanto su iniciativa como una apertura
a nuevas ideas y prácticas.
El desarrollo de personas también puede comprenderse como la incorporación
y perfeccionamiento de conocimientos y habilidades que pueden ayudar a los
profesores a realizar de mejor manera su labor. El trabajo en una organización
caracterizada por un desempeño efectivo, nunca es estático. En medio de cada
acción siempre hay un aprendizaje constante, ya sea que se trate de detectar y
corregir los errores que se cometen habitualmente, o bien de descubrir nuevas
maneras de mejorar.
La última de las dimensiones, gestionar la instrucción, refiere al alineamiento
de los recursos humanos y materiales al interior de las escuelas en función del
trabajo de enseñanza (Robinson, 2007). Esta categoría de prácticas apunta a la
organización de la enseñanza (Heck, Larsen y Marcoulides, 1990). Estas pueden
ser de carácter formal, como es la supervisión, pero también y quizás más
importante, pueden ser informales, como el trabajo conjunto con los profesores
para buscar nuevas maneras de mejorar la enseñanza. Las prácticas que se
agrupan en esta categoría involucran la dotación de personal; el proveer de
apoyo técnico a los docentes mediante la supervisión, evaluación y coordinación;
el monitoreo de los aprendizajes y de las prácticas docentes; y el evitar que estos
últimos se distraigan de su trabajo con actividades que se alejan de su función
principal.
