REVISTA CANDÃS EN LA MEMORIA NUMERO 30.pdf

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VERANO IMPREVISTO
Se nos va yendo por la puerta de atrás un verano
cicatero. Tan cicatero que uno tiene la sensación
de que se va sin haber asomado la patita siquiera.
Menuda tirria. La carencia de amaneceres
sugestivos, la racanería en horas de sol, la
abundancia de prúa y vientos contrahechos, y
el predominio de cielos toldados son, al fin y
al cabo, los causantes de la inquina que le he
pillado.
Imagino que no serán pocos los que ante la
ola de calor que asoló la mayor parte del país
prefieran mil veces la calima, la ausencia de
sol e incluso la lluvia. Que cuarenta y tantos
grados para el que los quiera. Pero digo yo que
el veranito de marras podía haber sido algo más
equitativo en el reparto, ni tan excesivo para
unos ni tan rácano para otros. Qué menos que
tener la deferencia de unas semanas de cielos
despejados y de canícula moderada para
el disfrute de las playas en el paraíso astur.
Creo que las teníamos merecidas.
Cierto es que no todo fue animadversión hacia
el tiempo padecido, y aunque la incertidumbre
al subir la persiana cada mañana se convirtió
con el paso de los días en hastío, por la
semejanza en el semblante de éstos a los días
lánguidos del otoño, también hubo alternativas
placenteras, ocasionadas por la recuperación
de sensaciones anteriores a la pandemia. No
cabe duda que la vacunación y las mascarillas
nos han proporcionado un plus en percepción
de seguridad y casi sin querer nos hemos ido
relajando, incluso más de lo debido, hasta
acostumbrarnos a convivir con los contagios y
las noticias que sobre ellos nos proporcionan los
medios.
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