REVISTA CANDÃS EN LA MEMORIA NUMERO 30.pdf

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LA CAZA DE LA BALLENA
La técnica de la caza de la ballena era así: En
las atalayas existía una vigilancia encargada
a un atalayero que tenía siempre preparado
un montón de leña verde que producía gran
humareda (“fumada”)tan pronto como se
divisaba un cetáceo, daba la seña y el humo.
Las tripulaciones, ya previamente designadas
marinaban rápidamente las lanchas. Estas
lanchas eran alargadas y muy sólidas, especie de
traineras reforzadas. El arponero iba a proa y el
patrón, hábil y gobernante, a la caña. Los demás
al remo. En total doce o catorce hombres.
El arpón de hierro acerado, de un metro o poco
más de longitud, terminado en una punta de
flecha giratoria por una bisagra para que al
hundirse y clavarse en el cuerpo del cetáceo, se
doblase y no pudiese salir, enastado en un palo
a mango de metro y medio a dos metros, el cual
en su extremo, quedaba sujeto por medio de una
argolla a un cabo o cuerda fina y fuerte que se
enrollaba en un carretel sólidamente trincado en
el fondo de la ballenera.
A golpe de remo la embarcación se acercaba a la
ballena lo más posible.
Cuando la tenía de través, el arponero, en pie
a proa, lanzaba su arma que se clavaba en un
costado del cetáceo, por la parte de la cabeza.
Este era la momento supremo del lance, pues al
sentirse herida, la ballena podía pegar el mayor y
más furioso coletazo.
Así arponeada la ballena se bogaba siguiendo
la dirección de la cuerda sumergida. Al cabo de
algún tiempo, el cetáceo emergía para respirar,
entonces se repetía la operación hasta que flotaba
extenuado sobre las aguas. Era el momento de
rematarlo con venablos y lanzas.
Ya muerto se le remolcaba a la playa donde se
le varaba y se procedía al troceo en la forma que
reglamentaban las Ordenanzas.
Los trozos cortados a lo largo del cuerpo, como
enormes hojas de tocino se llevaban a fundir en
los hornos de la “casa de las ballenas”, que existía
en todos los puertos dedicados a esta industria ,
obteniendo la grasa que se guardaba en barriles.
Los productos de la ballena casi nunca se
empleaban en la alimentación humana.
Años después, ya en el S. XVI, ante la escasez de
presas en la costa, se iba a buscar caza por el mar
del Norte en barcos de altura llamados “naos
balleneras”. Llegaban a Islandia, a Groenlandia,
Spitzberg y a bordear el paralelo 80 entre
paisajes desolados.
(Asturias y la Mar) Jesús Evaristo Casariego.
Recopilado y publicado por Marisa Diaz en su pagina de
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