REVISTA CANDÁS EN LA MEMORIA NUMERO 30.pdf


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LAS LANCHONAS, EL COPO, LA TRAICIÓN…1896.

copo (el pernicioso arrastre que esquilma el mar) y defender a ultranza,
los derechos de quienes dependían del
mar para subsistir, sin mayor empresa
que el pan nuestro de cada día, para
sí y toda su familia, que debería ser la
empresa más mimada por un estado
digno, pero eso sería como pedirle
peras al olmo, o jamones a la mar.
Finalmente pudieron más los otros, los
ambiciosos, que talmente pareciera,
que hasta Dios se alía con los malos,
cuando son más que los buenos.
Con él, con don Rafael, tan solo se

Foto postal de finales del siglo XIX, procedente
de la tipografía del doctor Octavio Bellmunt y el
señor Díaz. Imagen de una lanchona dispuesta a
abandonar la dársena del viejo puerto de Gijón
para ir a faenar aguas adentro, a la pesca del
calamar en los caladeros de las Amosucas o el
Cervigón, porque la sardina, había desparecido
del mar a causa de la pesca “desagerada” por el
método del copo y la cuna que los añó, que echó
a las fauces del hambre a media Cimavilla, que
era como decir medio Gijón.
De las crónicas de la época en que reinaba en
Gijón la sabiduría del “marques de la rosa” el
gijonés don Rafael Tuñón, descubrimos que
quizás fue el más hábil de los hijos del mar y de
profesión pescadores que habitaran estas riberas
y talayas.
Conocedor como pocos de los lugares exactos
donde acopiarse de frutos del mar y que al oído
de algún charrán que viniera a importunarle
cuando caña en ristre estaba por algún pedreru
buscando la lubina con que cenar, dejaba frases
que venían a constatar que de los peces del mar,
sabía hasta su parentesco:
“Esta lubina que ves y que acabo de sacar de la
mar, ye sobrina carnal de una que pesqué en
la Salmoriera, hará una o dos semanes atrás.”
(contado por Vital Aza)
Aquel gran vecino, que desde 1865 cuando
se crearon las Juntas locales de pesca, fue
directivo vitalicio de la de Gijón, luchando
infatigablemente por eliminar el método del

alineaban aquellos lobos de mar, veteranos
pescadores curtidos por miles de horas de paciente boga en busca del sustento familiar y
que carecían de nombres al uso de los demás
gijonhablantes, puesto que allí en el barrio alto,
nadie conocía a José, Pedro, o Tomás, como
mucho podías llegar a ser el fiu de alguien, o la
insufrible costilla de una adorable muyer, que
gobernaba al paisano garrandolu por el codaste
y poniendolu más derechu que el último camín a
Ceares.
Las tripulaciones de las lanchonas, se componían
de una retafila de motes heredados, con no poco
orgullo, por sus portadores, porque aquellas
dignidades venían pasando de generación en
generación de pescadores de Cimavilla, que de la
mar conocían hasta la hora en que le echan la sal.
Asi en una lanchona de finales del siglo XIX, se
iban a faenar una docena de paisanos como autenticos apóstoles de la mar;
“el Coxu de la Fornera,” “Tos de oveya,””El Obispo,” “Desoreyau,” “Colasa,” “Peseta falsa,” “Chocolate crudo,” “El Cura macho,” “La Viuda dientones,” “Esperteyu,” “Papones,” y “Culo alegre.”
Mar y trabajo.

Texto y fotografia de su pagina de Facebook
de Hernan Piniella Iglesias

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