5 cuentos largos.pdf


Vista previa del archivo PDF 5-cuentos-largos.pdf


Página 1...5 6 78956

Vista previa de texto


Villa Gesell, 2021

Así siguieron un rato largo, un tiempo que cuando regresaban a sus casas, junto con el regreso
del sol a la suya, no podían dimensionar, tan difícil como dimensionar la alegría.
Les quedaba eso sí, el recuerdo de Saturnino, del encanto que dejó cuando al final les mostró
una fantasía que llamó “el tintero”, y que consistía en tomar al balero de la bocha y, después
de algunos balanceos hacia adelante, embocar en el agujero el mango.
Eduardo, mientras volvía en el micro, sentado junto a doña Juana, agrandada de alegría por la
fama que había ganado su inquilino, pensó que “el tintero” mostraba que a veces las cosas se
pueden hacer desde el revés. Es inopinado, pero posible.
El mismo lunes, y los días que siguieron, en las escuelas se escucharon tambores que citaban
al balero, tan rítmicas eran las menciones de lo sucedido, y de las destrezas que los alumnos
suponían ser capaces de adquirir.
La movilización también estaba en las casas y en las calles.
Cada uno, si no tenía un balero, tenía la historia de haber jugado, y en última instancia la de
algún antepasado o conocido que lo practicó. Y a los desposeídos de esa suerte les quedó el
consuelo de inventar una ficción a propósito de.
Se podía generalizar diciendo que cada vez eran menos los que no pensaban en el balero.
Las clases tuvieron que reducirse a dos horas y no más de treinta alumnos, la inscripción, que
era gratuita, se realizaba en los mismos lugares donde se impartían: martes y jueves de 16 a
18 horas, y de 18 a 20, en la librería de Salinas, quien tuvo que correr la mesa del centro. Este
último horario, destinado a adultos dado que terminaban de noche.
Los sábados se impartían en tres turnos que comenzaban a las 14 horas, en el Laguneada
Fútbol Club.
Saturnino daba al principio una muestra viva de los tiros básicos, el simple, y el doble, que una
vez embocado el simple consistía en: sujetando el hilo impulsar la bocha hacia arriba al tiempo
que se la giraba hacia atrás volviendo a embocarla. De estos no se permitían más que dos
después de cada simple porque era fácil realizarlos.
Corregía con paciencia los defectos y alentaba a todos.
Aún cuando su ojo perspicaz distinguía en seguida a aquellos que tenían pasta de buenos, su
íntima convicción le indicaba que cada uno podía disfrutar de su propio juego, sin necesidad
de confrontarse con nadie, y que en la autosatisfacción estaba el encanto de este pasatiempo
antiguo, que al final de cuentas podía jugarse en soledad.
6