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Villa Gesell, 2021
- Buenas tardes, ¿acaso usted es el señor Salinas?
- Si, y si algo anda buscando y lo puedo ayudar, con gusto.
- Si gracias, busco a la señora Juana, a doña Juana; el mozo del bar “El molino” me dijo que
quería alquilar una habitación.
Cuando le empezó a decir de su interés Eduardo se paró, le acercó una silla y tiró de una cuerda
que pendía de una barra que atravesaba la pared, afuera sonó una campana, se sentaron y
hablaron hasta que se abrió la puerta del local y entró una señora que supo era quien buscaba.
Entendió el porqué de la campana. Volvió a narrar desde el comienzo.
- Busco alquilar una habitación por un tiempo, digamos dos meses, por supuesto que pagaré
por adelantado, claro que todavía no sé cuánto cobra.
Siguió mientras sentía que estaban interesados en la razón de su presencia en el pueblo, y
doña Juana auscultaba en su vida con la moderación del que quiere saber algo, lo necesario,
del futuro inquilino.
Le gustaba referirse a sí mismo como un peregrino de pueblos, que
predicaba alegría,
enseñaba a jugar al balero, y si alguien se interesaba también los vendía. Y de eso vivía, de lo
que podía ganar armando y vendiendo baleros.
A doña Juana el hombre le cayó bien. Lo del balero le resultaba extraño, pero no inquietante, y
tenía clara la diferencia entre extraño e inquietante.
Saturnino bajó dos valijas, y al alcanzarle un juego de sábanas, (el alquiler incluía la ropa de
cama y un cambio semanal), observó la prolijidad con que había puesto la ropa en el viejo
ropero. Suspiró de alivio pensando que no se había equivocado en la elección del primer
inquilino que ocupaba la habitación.
Cuando las estrellas se mostraban en ese cielo sin nubes del viernes, Eduardo cerró la librería
y al salir se encontró con Saturnino que hacía lo mismo con su micro. Lo invitó a ir mañana al
partido de fútbol en el Laguneada Fútbol Club.-Supongo que le interesará conocer gente, por lo del balero.
-Seguro. ¿Vamos con el micro?
-Si quiere. Vivo a la vuelta, en la casa blanca que tiene un jacarandá en la puerta. Lo espero a
las nueve.
-Gracias.
-Respeto su educación, pero por favor no me dé más las gracias.
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