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5 cuentos largos / Alberto Naso
Con la ayuda de Lionetta, que supo ser partera de emergencia, un llanto de niño retumbó en la
casa una tarde de invierno, y por eso le pusieron Pukem de nombre.
En la noche desde afuera se veían las luces de los “Sol de Noche” que mantenía Eusebio
encendidos mientras cuidaban el primer dormitar del primer nacido en Costa Suave.
El 21 de Septiembre del año 2 Vera Regulez y Antonio Noremo se casaron. Justo un año
después de la boda de Juliana y Eusebio. Oficiaron los dos de testigos del civil, ante Vera
Angelus, que después de la celebración avisó que regresaba en dos meses con la libreta de
casamiento.
Pasaron cuatro meses y no se supo nada de ella.
La temporada de verano con la llegada de los turistas los mantuvo ocupados. El asunto de la
libreta entro en un cierto olvido. Salvo para Rosa y Antonio que de vez en cuando se
preguntaban que estaría pasando.
El verano del 3 trajo algunos turistas con exigencias que el almacén JyE no podía cumplimentar
porque se vendían pocos productos, de cada uno una sola variedad si las había, y seguro una
sola marca.
El almacén minimalista imponía en la soledad del poblado, recetas suficientes, descartando
variaciones devenidas, al final de cuentas, de la evolución del guiso original que tuvieron todos
los pueblos.
Y el color lo ponían las verduras que en las mañanas traía Vera de su quinta.
Pukem pasaba de la cuna, al pasillo detrás del mostrador, cuando Juliana atendía el negocio
mientras Eusebio entregaba leña y querosene en los domicilios temporarios de los visitantes.
Como la cuna era demasiado ancha lo ponía en un cajón destinado a los fideos, encima de una
manta tejida por ella, bien abrigado, y desde ahí sonreía Pukem cuando la veía pasar.
Una turista sorprendida preguntó cómo se llamaba el niño del cajón de los fideos, y el nombre
empezó a trascender en el círculo cerrado que habían formado los que venían. En el verano
del 3 no los contaron pero se apreció como una marejada alta de visitantes.
Urdían coreografías que denotaban propósitos múltiples. Cada grupo se movía dentro de la
propia. No autobautizaron los nombres que devinieron de los movimientos
naturales, momentos, tiempos y distancias. Calmas y ansiedades.
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en la playa,
