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Villa Gesell, 2021
En la Plaza del Calendario un madero lleva quemado: Redoble por Rancas.
Cuando algún turista lego en el nombre pregunta, le dicen que hay un libro en nuestra biblioteca,
con dos lectores que tienen ganas de hablar de contenidos e intenciones.
También le insinúan que si alguna noche ven a un jinete galopar silencioso por la arena cercana
al mar, es Hector Chacón, el Nictálope, que nos cuida.>>
De la sapiencia del “Pájaro”, Eusebio no tenía dudas, pero Antonio lo sorprendió con su
destreza, las maderas se fueron haciendo marcos donde cabían a la perfección ventanas y
puertas. Ducho el “Sabe” Antonio – le comentaba entusiasmado a Juliana mientras pelaba una
mandarina después de la cena-.
El olor a aserrín invadió la casa-almacén, de maderas y tarugos surgieron muebles, estantes,
cajones, hasta un pequeño mostrador.
Le quería ganar al momento del parto, para instalarse antes y esperar cómodos, pero sentía
que no llegaba y a la ayuda del “Pájaro” y Antonio, se sumó Pietro Chiave, un otro fundador que
haciendo honor a su apellido era cerrajero, pero en Costa Suave no eran necesarias las
cerraduras porque faltaban ladrones. Entonces se anotaba en todas las situaciones como
ayudante de albañil o carpintero.
-Aunque no me olvido de escribir las palabras para mis títeres- comentó con un dejo de
melancolía, que se le encendía en el gesto y el rostro.
Techaga’u – confirmó Antonio recordando el Paraná.
Despuntando el oficio, Pietro le puso cerraduras a la puerta de entrada y a una caja que
colgaron debajo del mostrador, y solo a ésta le probó las llaves. – Para el dinero- dijo en el
momento de la entrega.
Eusebio probó la cerradura de la caja y cuando la abrió encontró tres billetes de diez pesos.
Lionetta fileteo la cuna que en secreto habían construido el ¨Pajaro” y Antonio. En caravana y
de sorpresa se aparecieron en la casa-almacén, junto con Vera, Lucrecia, Rosa, Verónica,
Mariana y Ruperto.
Cúcaro con el marinero y su hermano la bajaron del camión, uniéndose a la comitiva, que eran
a decir verdad, todos los de Costa Suave.
Durante cinco días llovió, de a ratos fuerte, de a ratos suave, pero siempre persistente, Juliana
y Eusebio pensaban en el barrial del camino, imposible de transitar, y en el crio que se
anunciaba.
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