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5 cuentos largos / Alberto Naso
Grata le llegó a Vera la idea de construir una casa en el terreno de la quinta; y más grata la
aclaración de Antonio
-Delante de la quinta, que sigue siendo suyaCompartir le sonó a preludio de una nueva relación vecinal. Previsora no quiso anudar terceras
esperanzas en un macramé, que luego tuviera que desanudar, y guardar en el morral de las
ilusiones frustradas. Bastante ocupado a sus cuarenta y tres años.
Juliana llegó con un Eusebio munido de hojas y escuadra, presto a plantar las vistas de la
casa, según requerimientos del dueño, con grageas agregadas por las mujeres. Lo hacía tan
sencillo y rápido que Antonio se tentó a preguntarle si era un profesional, pero recordó la charla
con Cúcaro y se mandó a silencio.
Tomaron unos mates y cuando saltó el tema del nombre que le pondría a la casa, Juliana
sugirió que fuera “Sabe”, y ante el silencio de tres, se tapó la boca, arrepentida, sus cachetes
se sonrojaron como el día del casamiento, no pudo escapar a la demanda de justificación, y
poniendo la mano sobre la panza de cinco meses, se acomodó en el sillón diciendo:
-Cuando Antonio habla, suele decir sabe, al comienzo o en cualquier lugar de la frase, ya hay
varios que nos dimos cuenta en el pueblo, rápido le pusimos ese apodo; disculpe Antonio por
el atrevimiento, en fin-Sabe, me gusta – dijo Antonio, y los cuatro largaron la carcajada.
Cúcaro se apareció temprano con dos que van a ayudar, según comentó.
Antonio reconoció a uno y acercándose lo saludó con un amable - Hola marinero-Se conocían- preguntó don Cúcaro, que no parecía sorprendido por la denominación.
El marinero traía un balde en su mano izquierda, lo dejó en el suelo, y cuando Antonio pensó
que era zurdo y lo quería saludar con la izquierda, le extendió la mano derecha, agregando más
confusión a la que ya tenía.
-Los dos son hermanos, hijos de una hermana de mi mujer, ahora viven con nosotros, son
buenos muchachos- los presentó don Cúcaro.
El marinero miraba para el mar; como si recordara la huida del barco de carga, pensó Antonio.
- Sabe, no los conocía- dijo compinche
El marinero sonrió un gracias y lo saludó, ahora con la mano izquierda, mientras tenía el balde
en la derecha.
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