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5 cuentos largos / Alberto Naso
Vera lo divisó parado en el frente de su terreno, cargado con una mochila y dos bolsos, lo
reconoció y salió presta a saludarlo.
- Hola, cómo está, venga pase - y lo invitó a ingresar a su casa.
- Descargue los bolsos y la mochila. ¿Le sirvo un te?
- Le agradezco, viene bien algo caliente.
Vera pensaba en la quinta invasora y dudaba sobre si ya era el momento del inicio de las
disculpas, y la duda no se resolvía deshojando la margarita, dado que todos los pétalos le
decían que sí.
Antonio se adelantó y le renació la calma.
-Vi la quinta que tiene en el fondo del terreno. Se la ve espléndida. Sabe, me gustan las
verduras.
Locuaz le contó que el rio fue cuna y libertad, desde muy chico lo exploró nadando, salía y
entraba en los remolinos, se dejaba llevar por la corriente, y un día –sabe, ahora no me viene
la fecha, empecé a soñar con arena y agua salada en sitios de poca gente.
La tarde pronto se iría y Vera decidió acompañarlo a encontrar donde dormir. Caminaron
buscando la menor profundidad de la arena y al pasar por una casa en construcción Vera saludó
a Eusebio que estaba parado en un andamio poniendo ladrillos.
Le preguntó por el embarazo de Juliana y siguieron camino. -Se casaron hace seis meses – le
dijo
Antonio escucho un leve cambio en el tono de la voz, una inflexión de alegría, que no supo si
era por los recién casados, o por una ilusión postergada.
Arribados a lo de Don Cúcaro, éste le mostró una casa pequeña que había construido pensando
en alquilarla a algún visitante, era albañil y se daba maña. Se pusieron de acuerdo con el alquiler
temporario.
Como la tarde entraba en la noche decidió acompañar el regreso de Vera, y volvió sin perderse
porque era baqueano en aprender los caminos nuevos. Aunque la luna no iluminara.
Cúcaro le contó una mañana, que había llegado en la caravana que arribó primero al lugar que
compraron, dejando atrás historias de familias que entre ellos nunca se contaron demasiado.
Percibió que era un mensaje de ida y vuelta, un no preguntes, pero tampoco te preguntaremos.
-Lucrecia, mi esposa, me entusiasmó a viajar-
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