5 cuentos largos.pdf

Vista previa de texto
Villa Gesell, 2021
En anarquismo parcial, respetaron los nombres y la secuencia de los meses y los días
gregorianos, acaso por ser los únicos que les habían enseñado, o por vaya a saber, herencia
de misteriosos cordones umbilicales.
Para construir un mito no se necesita saber qué es un mito.
La naturaleza puso su óbolo en la costa.
Caparazones de bivalvos, de formatos distintos, caracolas globosas y las evolucionadas en la
forma de una espiral. Figura difícil, diría un coleccionista, el taladro del mar.
Venían en alguna altamar nocturna ocultando el arribo, inaugurando un museo de libre entrada,
dispuestas en el orden del desorden.
Vera Regulez tiene un hablar pausado, colocando con precisión el sonido de las consonantes,
resabio de la maestra que pasó por aulas de la escuela primaria, hasta que dijo adiós para
sumarse a la caravana. Una despedida que caduca con el retorno que le traen a su pasión,
Mariana y Ruperto, los primeros alumnos de Costa Suave.
Su hogar es un pequeño motorhome plateado, de dos dormitorios, techo con paneles solares,
y las comodidades para vivir bien. El frente un gran vidrio curvo, los dos asientos delanteros
son giratorios y sirven para el estar-comedor. Cuatro patas telescópicas lo elevan levemente
del suelo cuando permanece detenido, en uso vivienda.
Un lujo que yo no podría comprar – aclaraba con cierto pudor. – Era de mis tías españolas que
lo trajeron para recorrer el país como turistas. Después de un año y varios miles de kilómetros
decidieron dejármelo de regalo. Ahora es la casa que no tengo que construir.
Cultivaba una quinta en un terreno aledaño al suyo.
Sabía que el dueño del terreno era un tal Antonio Noremo que lo había comprado en el
comienzo del año 1, cuando curioso llegó al pueblo - y me sorprendió, después del mar que
buscaba, la audacia del calendario propio-.
Sonaba a liberación, de regresó a la ciudad natal, en Misiones, junto a la orilla del Paraná
donde nadaba desde niño, se trajo techaga’u de arena en playas anchas y las olas inquietas
del mar, junto con la historia que se cansó de contar a los amigos.
- Hay hechos disparadores que uno no se imagina, después de enfermar de los pulmones, el
consejo del médico, “el clima de la selva no es el más propicio, le recomiendo el mar”, detonó
el regreso que nunca dejó de estar en mis planes.
Reapareció una tarde en el pueblo.
28
