5 cuentos largos.pdf


Vista previa del archivo PDF 5-cuentos-largos.pdf


Página 1...8 9 10111256

Vista previa de texto


5 cuentos largos / Alberto Naso

El último socio

Era un recién mudado que empezaba a conocer el barrio.
Caminó algunas cuadras descubriendo veredas, donde el desgaste y los cambios fueron
arrimando, en un tiempo vaya a saber cuan largo, baldosas distintas, colores que quisieron y
no pudieron ser iguales, dibujos solo parecidos, cicatrices, de esas difíciles de restaurar con
una cirugía.
Se encontró con casas antiguas y hombres viejos. En el silencio escuchó un diálogo
destemplado, bocinas de algunos jubilados casi sordos. El atardecer metía su cuña de luces y
apagones.
Sobre una pared amarilla, con ese desteñido habitual que pronto le llega a las pinturas al agua,
el pincel de alguien, que por los resultados podríamos llamar un aficionado, trazó las palabras,
solo las necesarias, las que dicen Video Club.
Se acomodó la campera que nunca le cerraba bien sobre el cuello, y para escapar del frío entró.
Lo recibió una sonrisa que después supo indeleble, en ese instante le pareció de cortesía, el
introito al trámite de asociarse, con el cual tuvo por cierto problemas, de esos que devienen de
la necesidad de aportar la factura de algún servicio, para afirmar con simpleza, sí, soy Luis y
vivo en esa dirección. Argumentó, con excusas baladíes, hasta que ganado por la sensación de
que todo era una travesura de tanteos, silencioso, se puso a mirar en las estanterías. No
disponía de un método de elección y tantos títulos le producían un cosquilleo paralizante.
Además, no sabía si lo habían admitido. Pensó que, al final de cuentas, afuera no helaba.
Cuando se disponía a salir lo sorprendió el dueño.
- Su número de socio es el 315 – dijo con voz de decreto.
Aceptó, contra su costumbre, en ese estado abotargado del que estaba invadido, la película
que le recomendó; y volvió a la calle.
El frío y el anochecer habían echado de la vereda a los jubilados.
- Cómo se llama, viejo – preguntó su hijo. Era una concesión de interés filial; rondaba en los
preparativos del ritual de encender el equipo y acomodarse en algún sillón, después intentaba
sin éxito una imperceptible salida.
-¿No la mirás Federico? - era la veterana pregunta.
9