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Villa Gesell, 2021
Los tres, los dos
Las fechas son para los calendarios, predecibles, aburridas.
Los días en cambio pertenecen a la celebración, cosa esa que necesita de los humanos.
A
nadie entonces le importe la fecha del cumpleaños, del mío, y de los otros dos con los cuales
festejo al unísono. Vale aquí aclarar que los descubrí en años separados por no menos de una
decena.
Como es de costumbre la familia de cada cual quiere festejar ritualmente el mismo día que uno
vino al mundo, sin preguntarse demasiado la razón de haberlo hecho, ni la procedencia anterior,
habiendo muchas teorías al respecto, y un puñado de juegos relacionados que le dan de comer
a fabricantes de horóscopos que lucran con ese momento tan mío que no lo presto. Las
celebraciones familiares suelen ser a la noche y para evitar sofocones con la parentela y alguno
que no siéndolo concurre, los tres nos reunimos a la tarde, en el peristilo de la plaza, al que se
accede por caminos con barandas invadidas de un tejido de flores.
Hay un peristilo también en el cementerio de “La Chacarita”, pero hablamos al respecto y
llegamos a la conclusión que se coincide el día del nacimiento, ocurrencia inicial, origen de
nuestra amistad cíclica, saber adquirido, lo demás es como las loterías, nunca se conoce el
número que va a salir.
Uno de ellos anda vestido con tanto negro que la piel blanca de su rostro, sus manos y sus
piernas, se tiznan. El sol fuente de luz alcanza para algunos grises. Pero nada de otros colores.
El último en nacer es un olvidado de la serenidad, un raptor de tempestades, propias y ajenas,
un pisador de pomos de témperas, y no acepta lo justifiquen con la piadosa frase de es joven.
Consuelo inaceptable de los que no se atreven a soñarse jóvenes.
La reunión en el peristilo es tempestuosa, lucho por la calma. El pisador de pomos embiste,
irrumpe carnal, curioso en él que es esencia. A veces gana. El tiznado se mueve inquieto sin
saber a quién seguir. Hoy no iré. No es cobardía. Es simple.
Recuerdo haber leído en un cuento: Si la vida es una fuga la muerte pierde su costado trágico.
Y se borra el miedo. No sé qué harán Lasombra y Elotro. Quizás vayan al peristilo de la plaza.
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