11 cuentos muy breves.pdf


Vista previa del archivo PDF 11-cuentos-muy-breves.pdf


Página 1...6 7 891017

Vista previa de texto


11 cuentos muy breves / Alberto Naso

Aquella señora
La mujer aguarda, a la sombra de la marquesina de un comercio, la espalda pegada a la
vidriera, tiesa, longilínea, la veo como envuelta toda ella y los objetos que lleva, en la prolijidad
de un rectángulo imaginario, los pies juntos, el rostro angosto y luengo, una bolsa de tela
colgando de su mano izquierda, respetando la ley de la gravedad, el brazo junto al cuerpo, y en
la mano derecha, enhiesta, una vara gruesa.
En esa holgura que deja la duda, cabe me pregunte a quién aguarda, resulta que a nadie, pues
reinicia su andar cuando el semáforo de peatón la habilita.
Viene del solazo del verano el calor que derrite el alquitrán de la calle, y son varias las que dejan
las marcas de los tacos de sus zapatos, pero ella no, y no es que ande en zapatillas, grácil y
aérea como si no pesara casi nada, lo cual no es cierto porque tiene lo suyo, cruza sin dejar
huellas en el piso, en el pasar sí, impidiendo el olvido.
Esas son las sensaciones, el recuerdo que hoy tengo y por eso las narro, de la vez primera,
que quedan en lo espiritual, sin contagiarse con las otras,

que vendrán y ya serán del

entendimiento.
Pasó a mi lado sin mirarme, sin la obligación de dar una ojeada a desconocidos, como yo lo era
ese día, en el instante mismo donde descubro el anhelo de figurar en su vida.
Hubo otros momentos azarosos, desacredito llamarlos encuentros, ausente la intencionalidad
de reunirnos en algún lugar, ni siquiera yo la tenía, pero le di la bienvenida, a lo fortuito que me
acercaba al vibrar, cuando en la verdulería la vi, y además en la ferretería, preguntando cómo
podía arreglar algo que no recuerdo, fue entonces cuando se me representó vecina del barrio,
de vivir sola, por lo del arreglo que encaraba, y aunque para el menester de enamorarse los dos
lugares tienen el aire de lo prosaico, de ambos me fui arropado en poesía.
Tontera no haberla seguido, o negación de trocar por un plan lo natural del llegarnos a ver, en
el plural de llegarnos aventuro su mirada, encanto antiguo, embeleso de las mujeres y los
hombres que trajinaban el lento acercamiento, en estos días socialmente relegado por el furor
de la prisa desbordante, goma de borrar al presente, sin otorgarle siquiera la oportunidad de
ser futuro.

7