Esto no es un lápiz de labios.pdf

Vista previa de texto
Con cándida lascivia se descalza luego, asoma un pie digno
de ser amado por todos los componentes de todas las dinastías;
lo acaricia, frágil polluelo,
me mira de nuevo y sonríe
como un ángel que nunca viera morir su sexo
por afán de lo extraordinario.
Con sólo ese gesto, hace que la eterna canción de las esferas
sea un breve silbido de sonidos apagados.
Y yo lo comprendo entre mis manos radiantes.
20
