Reflexión 5º domingo TO .pdf


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Autor: Cáritas San Luis Gonzaga

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Reflexión: San Marcos 1, 19-39

Domingo Quinto del tiempo ordinario
Esto que dice el Evangelio de hoy de que “le llevaron todos los
enfermos” me da pie para compartir con vosotros hoy, 7 de enero de
2021, confinados, en el quinto domingo del tiempo ordinario, algunas
reflexiones sobre el sufrimiento humano y Dios.
Como sacerdote y como persona, cuando me encuentro con gente que
sufre, y de eso tengo experiencia, tanto si son creyentes como si no lo
son tanto, de inmediato sueltan la misma pregunta: “¿por qué Dios
permite todo esto que estamos pasando con el coronavirus?” “¿Por qué
Dios nos envía esta enfermedad, nos manda este castigo, nos hace sufrir
tanto?” …
Yo espero que al decir que Dios no es el culpable de vuestros
sufrimientos, no me respondáis como lo hizo un amigo mío que me dijo:
“Claro, Ud. es sacerdote, y tiene que defender a su jefe”.
No. No voy a defender a Dios, porque no necesita de abogados que le
defiendan. Sencillamente quisiera que no tiremos piedras a cabezas
inocentes.
No culpemos a Dios de lo que Dios no tiene ni pizca de culpa. A decir
verdad, nuestra espiritualidad ha caído en esa solución fácil de repetir,
cuando no tenemos nada que decir, que “es la voluntad de Dios”. Y, por
lo tanto, sufrimos porque Dios nos quiere hacer sufrir, nos quiere castigar
o simplemente nos quiere probar.
Bueno, llegamos a decir que Dios, a los que más quiere, más les
revienta.
La verdad que, si las cosas fuesen así, yo al menos, tendría mis líos y mi
bronca con Dios, no creería en ese Dios. Y hasta me atrevería a pedirle
que me amase un poquito menos, porque su amor resulta demasiado
caro y difícil.
¿Por qué culpar a Dios del dolor? ¿Por qué hacer a Dios responsable de
nuestros sufrimientos, cuando precisamente vemos cómo los mismos
enfermos acudían a Jesús para que los sanase? Un Dios que sana, no
creo que sea un Dios que nos enferma.
La verdad es que, a Dios le hacemos un triste favor cada vez que le
hacemos responsable de nuestros fracasos y de nuestros sufrimientos,
porque, ¿os imagináis las consecuencias?
Además, ¿os daríais cuenta de qué imagen de Dios estamos
proyectando en los demás? ¿Se puede pedir a la gente que crea en un
Dios que nos hace sufrir, que quiere que suframos, y que Él mismo nos
manda el sufrimiento?

Si de algo estoy convencido, es que Dios no quiere el dolor, no quiere
nuestro sufrimiento. No quiere que suframos la pandemia del coronavirus
que tantas víctimas está llevando, no quiere nuestro cáncer y, si lo
tenemos ya metido en el cuerpo, quiere que luchemos contra él. Dios nos
ama y quien ama no hace sufrir.
Eso sí, Dios sí nos llamará desde el sufrimiento. Y nos llamará para que
no nos hundamos. Para que seamos fuertes y no nos derrumbemos. Y
nos llamará para decirnos que Él está ahí como su apoyo y sostén. Y de
querer probarnos, estoy seguro de que nos probaría sobre el amor, pero
no con el dolor.
Además, hasta donde llegan mis conocimientos, los ateos, los que no
creen en Dios, también sufren de cáncer, tienen accidentes, les duelen
las muelas, pierden a sus hijos, ven rotos sus matrimonios, padecen de
soledad…
El mismo Jesús cuando veía a un enfermo, a un ciego, a un sordo, a un
paralítico, a un leproso, no le preguntaba primero si era creyente.
Sencillamente se acercaba a él y lo curaba. Claro que aprovechaba la
oportunidad para anunciarle el Reino de Dios. Y así sanarlo en el cuerpo
y también en el alma.
Ni siquiera tuvo reparo en curar a la suegra a Pedro, que, si se muere,
comentaba alguno, Pedro se hubiera quedado en casa y no hubiera
seguido a Jesús.
Con el Evangelio en la mano, veo que Jesús más nos revela a un Dios
enemigo del sufrimiento humano, de todo sufrimiento humano, que a un
Dios que pone cruces en nuestros hombros, en nuestro comino. ¿No dice
Isaías que “Él llevó sobre sus hombros nuestros sufrimientos”? No dice
que echó sobre nuestros hombros los sufrimientos, sino que cargó Él con
los nuestros.
Así que nada de pasarnos el día lamentando eso de que Dios no nos
quiere. O preguntarnos: ¿por qué Dios lo permite? O ¿por qué Dios nos
manda esto o lo otro? Dios nos ama demasiado para echar cruces sobre
nuestras espaldas.
Es más, a Dios
– le duelen sus hombros, cuando los nuestros están rotos y
desangrados.
– le duele su corazón, cuando nos ve tristes y dolorido el nuestro.
– le duele el alma, cuando nos ve impotentes, postrados en la cama, o
caminando inválidos en una silla de ruedas.
Los enfermos sentían que su enfermedad no los alejaba de Jesús, sino
que los acercaba a Él esperando el milagro de su curación…


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