CÓMO SABER SI HEMOS RESUCITADO (1) .pdf



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Autor: Manuel

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¡TODOS JUNTOS VENCEREMOS!
SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA 2020
Juan 20,19-31
Jesús, el crucificado, ha salido a nuestro encuentro, está vivo, en
medio de nosotros. Esta experiencia ha cambiado nuestra vida,
somos personas nuevas, distintas… porque “hemos visto al
Señor”.

Queridos amigos:
Desde el 26 de febrero (miércoles de ceniza) hasta el 5 de abril, hemos
vivido una cuaresma preparatoria para la Pascua. Luego hemos
celebrado, en la intimidad de nuestros hogares, la PASCUA de
RESURRECCIÓN.
Seguimos con la “cuarentena” provocada por el Covid.19, que tantas
muertes está provocando… Y esto nos lleva a no creer en la Vida?
Jesús ha Resucitado. Lo hemos celebrado el domingo pasado. Y este
Jesús Resucitado es quien nos ha reunido, hoy en familia (como a los
apótoles), pero normalmente lo hacemos, cada año, en nuestros lugares
ordinarios de reunión (que llamamos iglesia), para darnos sus mejores
consejos.
Tomás, uno de los apóstoles no cree en la Resurrección hasta ver a
Jesús. Jesús se aparece ante él, y le ofrece tocar sus heridas; así se
convence de que ha Resucitado.
Todos, como Tomás, hablamos mucho de la Resurrección de Jesús,
como el gran acontecimiento pascual, pero hablamos muy poco de
“nosotros resucitados”.
Jesús se aparece a sus apóstoles y amigos para pasarles la antorcha de
la Fe. Ellos predican su Mensaje y nos transmiten a nosotros esa
antorcha, que nosotros debemos seguir pasándola a otras generaciones.
Pero no sólo celebramos la Pascua y no sólo somos fruto de la
Pascua, también tenemos que ser sus agentes, porque también
nosotros tenemos la misión de renovar y recrear a los demás. Un oficio o
ministerio del que frecuentemente nos olvidamos dejándonos llevar de
nuestros sentimientos heridos.
¿Que el hijo te ha fallado y no responde a tus esperanzas?
Castigándolo lo único que haces es hundirlo y destruirlo más, pero con
“la paz esté contigo”, con un “te perdono porque te amo”, estarás
salvando a tu hijo.

¿Que alguien te ha hecho daño?
Son lógicos tus sentimientos de malestar y hasta
de sufrimiento, pero ¿logras con ello cambiar la
realidad? “Es que no puedo perdonar…” Estás
confesando que tu amor es más pequeño que la
ofensa recibida.
En cambio, con el perdón, la comprensión y la
misericordia sanas al que te ofendió, y sanas tu
propio corazón.
¿Qué, en estos días tan duros de la pandemia del coronavirus, hemos de
criticar a los políticos y responsables de la pandemia, por falta de
previsión…?
En vez de criticarlos… Seamos agentes de perdón, comprensión, ánimo,
colaboración… en la retaguardia, con todos, y, en especial, con todos los
agentes que están al frente ayudando a llevar la cruz de los
contaminados para que “resuciten”, recuperen la salud…
La Fe es aceptar a Jesús y su Mensaje, Mensaje que es una nueva
forma de vida en la que lo importante no es: tener dinero, poder o ser
famoso; sino que lo importante es ser honrado, compartir las cosas y la
vida, y convivir con los demás a nivel de igualdad.
El Evangelio de hoy nos presenta a Tomás, como el apóstol que duda de
la Resurrección de Jesús; le cuesta creer que sea verdad. Tal vez ha
sufrido muchos desengaños y ha perdido la esperanza.
Sus exigencias son de tipo materialista y práctico: quiere palpar el
agujero de los clavos y meter su mano en la herida del costado de Jesús.
Tiene miedo a que le engañen de nuevo.
Jesús acepta sus exigencias y se presta a darles cumplimiento.
Tomás se siente trastornado. Nunca hubiera pensado que Jesús
accediera a sus condiciones.
Su desafío no es más que un deseo de creer de verdad, no a medias. Y
Jesús, con dulzura y sencillez, acepta el reto, perdona a Tomás. Su fe
era ya verdadera sin tocar a Jesús.
Tampoco nosotros hemos visto a Jesús con nuestros ojos, ni nuestras
manos han tocado su cuerpo, pero creemos.
Creemos que Jesús es Dios y que Resucitó después de su Muerte en la
Cruz.

También nosotros dudamos y muchas veces pedimos pruebas, como
Tomás. Nos gustaría ver y tocar a Jesús, para así creer de verdad. Pero
yo creo que ese deseo ya es fe. Queremos creer.
Pero hoy, Jesús nos vuelve a anunciar y a traer la Buena Noticia: Ha
Resucitado. Se presenta vivo ante sus amigos.
Nosotros creemos en Jesús Resucitado y queremos vivir la alegría de
esa resurrección.
Resurrección que es vuelta a la vida, no vuelta a las andadas, a la
tristeza, al pasado de esclavitud y egoísmo.
Resucitar es, volver a vivir. Volver a recuperar la alegría de la vida. No
volver a nuestra tumba, a nuestro silencio, a nuestro pasado triste.
Resucitar es, volver a hacernos cargo de nuestras
vidas, hacernos dueños y señores de nuestra
existencia. Recuperar el derecho de construir
entre todos un mundo, donde se respete la vida y
la alegría, un mundo donde la vida sea una Fiesta,
a pesar de todos los pesares.
Creer en la Resurrección, no es simplemente
tenerla por cierta. Es resucitar, también nosotros, y vivir compartiendo
esa alegría
Si Cristo Resucitó, también nosotros resucitaremos.
En fin: Descubramos a Dios en quienes, hombres y mujeres, arriesgan su
vida, para que otros vivan. En “esta noche oscura de la pandemia”, Dios
sufre con los que sufren. La muerte no tiene la última palabra, aunque sí
la penúltima
Resucitados con Jesús, estamos llamados como Él, a expresar la
Resurrección, lo que sólo es posible con un corazón nuevo y un espíritu
nuevo; y convirtiéndonos también nosotros, de alguna manera, en
ministros del perdón.
No solo perdona el sacerdote. El sacerdote perdona ministerialmente.
Pero todos estamos llamados a ejercer el ministerio de la reconciliación
con nuestros hermanos, en el ejercicio de la comprensión, la
misericordia, el amor.

En esta Pascua de la soledad, vivida en medio tantos lutos, y problemas
económicos, vacunémonos con la vacuna de la Esperanza y
tengamos presente lo que nos ha dicho el papa:
“Que Jesús, nuestra Pascua, conceda fortaleza y esperanza a los
médicos y a los enfermeros, que en todas partes ofrecen un testimonio
de cuidado y amor al prójimo hasta la extenuación de sus fuerzas y, no
pocas veces, hasta el sacrificio de su propia salud. A ellos, como
también a quienes trabajan asiduamente para garantizar los servicios
esenciales necesarios para la convivencia civil, a las fuerzas del orden
y a los militares, que en muchos países han contribuido a mitigar las
dificultades y sufrimientos de la población, se dirige nuestro recuerdo
afectuoso y nuestra gratitud”.
“Este no es el tiempo de la indiferencia, porque el mundo entero está
sufriendo y tiene que estar unido para afrontar la pandemia”.
“Procuremos que no les falten los bienes de primera necesidad, más
difíciles de conseguir, ahora cuando muchos negocios están cerrados,
como tampoco los medicamentos y, sobre todo, la posibilidad de una
adecuada asistencia sanitaria. Considerando las circunstancias, se
relajen además las sanciones internacionales de los países afectados,
que les impiden ofrecer a los propios ciudadanos una ayuda
adecuada, y se afronten —por parte de todos los Países— las grandes
necesidades del momento, reduciendo, o incluso condonando, la
deuda que pesa en los presupuestos de aquellos más pobres”.
¡TODOS JUNTOS VENCEREMOS!
¡Cristo ha resucitado y nosotros resucitaremos con Él!

¡CRISTO VIVE!


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