Policromática MatÃas Castro Arias.pdf

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Tomaba los libros de la estantería para acercarlos al
pequeño, quien los rechazaba de forma inmediata,
como si no hubiera parecido que se le iba la vida en
llegar donde estaban. Orgulloso empezaba a valorar
todos esos textos que la pobre Anita no consideró al
principio, y una vez que llegaba a ellos, bebé Tobías los
incluía en su lista de rechazo y buscaba otros más para
adorar. ¿Pero qué quieres entonces, Tobito? Repetía
ella, intentando frenar el llanto del pequeño, que
giraba sobre sí tratand0, aún, de encontrar un punto de
equilibrio desde el cual comenzar a avanzar. Una puja
agotadora que terminaba cuando ella dejaba cualquier
libro en la órbita del bebé y este, arrastrando su ínfima
humanidad, lo alcanzaba para inspeccionarlo en detalle.
Episodios de este tipo fueron habituales y no sólo con
Anita, cuya voluntad nunca se quebró, sino también
con Diana y Héctor, mostrando diferentes grados de
paciencia cada uno.
Una vez que Tobías empezó a gatear se volvieron más
infrecuentes estos episodios, pues el saberse capaz,
el poder utilizar sus propios medios para acceder a
lo que le daba placer, sin depender de Anita, Diana o
Héctor, significó una victoria gigante, la más grande
hasta entonces. Se desplazaba con premura por todos
los espacios de su habitación, que ofrecía excitantes
aventuras y suponía un nuevo descubrimiento a
diario. En consecuencia, el tiempo se iba volando y se
acumulaban acontecimientos en el inconsciente del
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