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Seguía estando disponible y un rato por la tarde pasamos a verle. Me
causó una impresión muy buena y le dije que me hiciera presupuesto. Me
adelantó una aproximación de su valor y vi que desbordaban todas
nuestras posibilidades económicas. Enseguida matizó que al tratarse de
Cívica, hoy, entonces Caja de Ahorros Municipal, cooperaban con una
ayuda considerable. La mitad del coste de su trabajo de restauración corría
a partes iguales. En ese intervalo de reflexión para hacer efectivo el
compromiso le dije que me concedería una pequeña prórroga. Parece ser
que en este intervalo de reflexión hubo otro pretendiente y su contestación
fue que estaba comprometido y que esperaba del interesado su aceptación.
Llegó el momento le di las gracias por esta consideración y acepté el
compromiso.
Referente al juicio que les ha merecido a algunos de los feligreses, por
cierto ha sido muy escaso su número, tuve la ocasión de escucharles y dejo
constancia de sus opiniones. Más o menos se han decantado a partes
iguales. A los que les parecía bien su cambio y los que pensaban lo
contrario. Si bien es ciertos todos condicionaron su opinión a otros juicios
que pudiera haber de más valoración o sencillamente lo que dijera la
mayoría.
Ahí quedan algunas de las razones que esgrimieron los del primer grupo.
“¿Dónde han visto un retablo casi negro presidiendo la nave central de la
Iglesia?” Los retablos de valor son dorados. Según entras en estas iglesias
que les tienen, notas una especie de impulso de atracción, como si
arrastraran los ojos para su contemplación. Con el color oscuro no sucede
esto, todo lo contrario. Pero sobre todo se caracterizan por el trabajo de sus
relieves. Abundan las figuras humanas, sus entornos... En definitiva todo
está expresado en su escultura que les da ese tono de belleza.
Los del segundo grupo le consideran muy digno. Resulta hasta bonito
porque se ajusta a las dimensiones del ábside. Le hicieron de encargo.
Comentan sus remates con esas agujas tan estilizadas y finas que le
adornan. Sus florituras de adornos en las bases de las peanas. Algunas
tablas en las que están superpuestas otra clase de signos rectilíneos. Se
conoce como neogótico. Insistían mucho en el sentimiento. Siempre le
hemos visto, estamos acostumbrados a él...El inconveniente que tiene es
que pasada la generación presente, a la siguiente, les dice muy poco el
sentido de este aprecio.
Finalmente reitero el juicio de valor de los técnicos, especialistas en la
materia y el destino que tenía reservado: el museo de la diócesis. A estos
lugares se llevan cosas de valor.
Termino con el anuncio de una pequeña satisfacción para los dos grupos,
condicionada a que me lo permitan. Pienso recuperar todo lo que pueda del
retablo porque el ábside es muy amplio, tiene una cabida considerable y
pueden permanecer trozos del retablo antiguo, primero porque no
empobrece en nada su valor y, segundo porque la Iglesia no es un museo,
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