la parroquia de soncillo.pdf

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aprecio. Y ya transcurridos unos años me resulta muy gratificante recordar
de nuevo aquellas palabras de bienvenida con las que me dirigía a Vds. a la
vez que me ofrecía estar dispuesto a su servicio.
Tuve la suerte de encontrar ese folio ya descolorido y poco menos que
ilegible donde tenia apuntadas mis mejores intenciones y deseos y que
ahora con motivo de esta introducción y con mucho agrado vuelvo a
transcribir. Decía así:
“...El primer sentimiento que debo expresaros al abrir mi mente, mi
corazón y mi lengua es el de gratitud. Ante todo a Dios por enviarme a esta
parroquia y después a vosotros, amigos todos: sacerdotes y fieles que me
rodeáis con vuestra presencia y vuestra fe cristiana porque no es a mi
persona particular a quien se dirige principalmente vuestro afecto sino al
sacerdote que os envía la Iglesia.
En segundo termino un saludo afectuoso para todos los feligreses de la
parroquia. Saludo que deseo le hagáis extensivo a todas aquellas personas
que por circunstancias especiales no están entre nosotros. De manera
reiterativa y cariñosa a los enfermos y ancianos.
El Señor ha querido y ha dispuesto por medio de mi superior que yo fuera
vuestro sacerdote. A El doy gracias. Dada la proximidad de mi parroquia
anterior muchos de vosotros ya me conocéis. Mas de una vez hemos
comentado algún acontecimiento social con repercusión en la zona o
simplemente con el trato afectuoso de nuestra cercanía en la zona. De
alguna forma hemos sido paisanos. Esto me causa una grata alegría y una
viva satisfacción.
La figura del sacerdote en la comunidades cristianas siempre ha
despertado demasiada expectación y es comprensible que así sea, pues tras
de esa envoltura humana lleva escondida la acción de Dios y no es raro
tampoco que se pregunten o se hayan preguntado: ¿cómo es? ¿Qué nos
dirá? ¿Qué hará...?
Comenzare diciendo que no hago promesas ahora. Solo el ofrecimiento
de mi persona, tal y como soy. Marcado con la gracia y la llamada del
Señor. Esas preguntas que Ustedes puedan formularse las contesto con las
palabras del Apóstol san Pablo:
- El sacerdote es tomado de entre los hombres y puesto a su servicio con
sus cualidades e imperfecciones humanas a favor de los hermanos. Para
llevar vuestras cosas a Dios y ser puente entre El y los hombres. El tomó lo
nuestro para darnos a cambio algo suyo, su divinidad. Después de su
Ascensión a los cielos se sirvió del sacerdocio ministerial para suplir su
naturaleza humana siendo el mismo Cristo el que a través del sacerdote
dispensase los ministerios sagrados. En definitiva seguiría dándonos algo
de su divinidad. Prolongando el misterio de su reino en el mundo. San
Pablo nos recuerda que el sacerdote es ministro de Cristo y dispensador de
los misterios de Dios.
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