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ese lugar. No sabemos cuánto tiempo duró su estancia. Sin embargo
conocemos cuando regresa de América y se empadrona de vecino de esta
villa.
El motivo es la compra de una casa en la calle alta del pueblo. Para
efectuar la escritura se requiere la identificación de los interesados:
vendedor y comprador. Por eso sabemos de su estancia pasada y que se
avecinda en Soncillo el año 1878. Que su estado es soltero y de profesión
comerciante.
Desde que viene, está muy relacionado con la Parroquia. Demuestra ser
un creyente y un practicante fiel. También que su estado económico es
desahogado. Compra la casa y la finca, de cinco fanegas, situada en la
trasera de la casa y paga por los dos conceptos la cantidad de 7.125 ptas.
El momento de su llegada coincide cuando en el pueblo se está viviendo
la necesidad de la construcción de una nueva Iglesia. Como es
comprensible surgirían muchos comentarios de todo tipo entre los
feligreses. Él no vive ajeno a esta realidad, máxime, dada su vivencia
religiosa. Enseguida se va a comprometer con su ayuda a requerimiento del
párroco, que acepta la invitación que le hace, de constituir la junta vecinalparroquial para la construcción de la Iglesia.
Su compromiso inmediato será la encomienda de trasladarse a Santander
con otro vecino del pueblo para solucionar con los propietarios de un
pequeño huerto, la cesión, donativo o venta de un trozo de terreno que se
requiere para la construcción de la Iglesia en el lugar proyectado. Su
gestión resulta afirmativa resolviendo favorablemente el asunto.
Su estancia en el pueblo no fue demasiado larga. Ocho años solamente.
El año 1886 muere cristianamente, recibiendo los auxilios espirituales, para
entregar con dignidad su alma a Dios. Tiene 55 años de edad. Allí
estrenará la nueva casa del cielo. De seguro que será un palacio, pues no en
vano, a la vez que aquí en la tierra se apresuraba a preparar la casa del
Señor, estaba mandando los mejores materiales para construirse su
aposento en el cielo.
Efectivamente fue una etapa relativamente corta, pero llena de vida.
Aunque en aquellos años, a lo mejor, no fue tanto ya que la expectativa de
vida de las personas pudiera estar en los 40 años, más o menos de edad.
También después de su muerte siguió manifestando la riqueza de su vida
con los mejores certificados de sus obras. Sus caudales que en vida había
conseguido con su trabajo debían estar y emplearse en ayuda y al servicio
del pobre y del necesitado. Había descubierto que en ellos estaba el Señor y
eran la encarnación de las obras de misericordia del evangelio.

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