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En cláusulas siguientes insiste en los pobres y matiza de qué forma debe
realizarse: "Que las tres quintas partes del quinto de sus bienes se entreguen
al Excmo. Sr. Arzobispo de Burgos para que los distribuya en los asilos y
casas de beneficencia de su diócesis y las otras dos quintas partes del
quinto, las distribuirán sus testamentarios a obras piadosas y pobres de los
pueblos limítrofes, especialmente a los de Soncillo y Quintanaentello." En
la novena cláusula dirigida a su hermana soltera es como sigue: "Que todos
los bienes que de él herede, Juana Peña González, después de la defunción
de ésta, se distribuyan en la forma de su quinto pues se los manda o
instituye como heredera usufructuaria, solamente".
En el testamento figura otra manda a la Iglesia. Se hace referencia en
otro capítulo.
Este recuerdo de D. Santiago al final de su vida me da la impresión de
que se tiñe con un claro oscuro de su persona. Y todo ello me da pie para
llegar a esta conclusión: la falta de su recuerdo sobre la sepultura donde fue
enterrado en este cementerio de la parroquia. En más de una ocasión lo he
mirado con detención. No he descubierto nada. Lo que me hace pensar que
transcurrido algún tiempo fuese levantada su sepultura para otro
enterramiento. Me limito a manifestar la realidad. Y hecho en falta ese
recuerdo que debiera haber permanecido ¿Pudiera existir alguna relación
con la casa que un día fuera el hospital de la villa? Al comentar el capítulo
de la casa de la parroquia hago un sencillo comentario relacionado con una
de las cláusulas de su partida de sepultura.
Ahora damos gracias a Dios, al margen de todo, porque tenemos una
hermosa Iglesia.
La piedra que une las dos iglesias y sus sepulturas
Los materiales servibles de la Iglesia antigua se emplearon en esta. Por
supuesto se recuperó mucha piedra. La piedra en cuestión es caliza y riza
de 1,40 m de larga y cuarenta centímetros de ancha. Creemos que estuvo
situada en la puerta de entrada, hoy con la misma finalidad de dintel
inferior.
Se le puede llamar piedra parlante, en el mejor sentido de la palabra. Ya
que habla desde su mudez, con su silencio de antigüedad y de cientos de
miles de pisadas de fieles creyentes, hasta el extremo de que en ella se
puede observar una profunda ondulación por el centro de cuatro
centímetros de profundidad con relación a sus extremos. ¡Cuántas pisadas
fueron necesarias para producirse este desgaste! Efectivamente fueron
muchas, desde hace varios siglos a las que sumamos las de estas seis
generaciones actuales que también siguen pisándola. Y es que el ser
humano rezó entonces, ahora y lo seguirá haciendo. ¿Seguirá
desgastándose?... No me cabe la menor duda. Sin embargo su proceso de
desgaste será más lento.
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