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Dada la proximidad de estos dos monasterios a la parroquia de Soncillo,
de unos quince kilómetros aproximadamente, me parece oportuno hacer de
ellos una pequeña mención.
Referente al de su titulo, ahora siquiera, podemos disfrutar de este boceto
artístico, imagen de lo que fue en la realidad, aunque ese sentimiento de
disgusto, se acreciente mucho más. Y es que refleja una joya. Que de
haberla conservado sería la envidia y el orgullo de esta comarca.
Recojo algunos antecedentes de la documentación de Hoz de Arreba del
P. Antonio Zamanillo, escolapio, natural de dicho pueblo. Alfonso VII
donó en 1139 al monje Cristóbal y a sus hermanos el monasterio de Hoz de
Arreba. Pasados unos años se trasladan a Rioseco. Primero estuvieron en el
viejo monasterio de Nuestra Señora de Parrales que estaba subiendo a la
izquierda, aun se aprecian algunos restos. En 1216 se instala en el mismo
sitio en el que se encuentran las ruinas del actual con el nombre de Santa
María de Rioseco. Ya en el año 1251 aparece documentado por distintas
razones.
Tuvo gran influencia en la repoblación de toda la comarca. Lo que hoy
proporciona la industria a sus alrededores, entonces eran los monasterios
los que irradiaban además de fe, formación humana y medios necesarios
para vivir con mas dignidad. Así se prolongó varios siglos su estancia
hasta la desamortización de Mendizábal, el año 1835. El primer abad fue
aquel monje Cristóbal. Al pronto se creía que había sido el mismo San
Bernardo, fundador de estos monjes blancos, conocidos como los
cistercienses. El último abad fue Julián Barbillo desde 1833 hasta su final.
La última ceremonia religiosa, que se celebró en la sacristía fue la boda
de D. Eduardo Peña y Doña Adelaida da Silva en 1964.
La desgracia pudo ser mayor ya, que todos sus retablos de gran valor
artístico, se respetaron y hoy pueden verse en otros lugares: En el seminario
menor de Burgos, en el pueblo de las Nieves de Espinosa (Las Machorras)
y en la parroquia de Arija. La pila Bautismal románica y la tapa monolítica
del sepulcro del licenciado Doval Varona Saravia (1596) se conservan en el
monasterio de las Bernardas de Villarcayo. En la actualidad este
monasterio está cerrado por falta de religiosas. El valor de estos retablos es
grande. Siguen siendo la satisfacción de cuantos los contemplan. Y además,
como es comprensible, con el añadido de una buena acogida ante la
barbarie de un dictador poderoso del mal.
A pesar de todo, sus ruinas nos siguen ofreciendo las mejores
características para valorar de que, efectivamente, se trataba de una joya
valiosa.
En la actualidad se nota la sensibilidad de muchas personas amantes del
arte y de la historia de la zona por mantener y recuperar todo lo que sea
posible. Hay algunas partes del conjunto, como es el claustro, que aunque
sea tarde, todavía es recuperable. El coste es muy grande. En otros lugares
ya resulta imposible. Últimamente el interior de la Iglesia se ha destrozado
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