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El cristiano no puede ser burbuja, solamente, debe de ser levadura,
también. Y como tal van por delante sus obras. Primero porque son un
signo de autenticidad y franqueza, cuando estas acciones responden a la
verdad. Otra cosa sería la ostentación o la mentira. Y segundo porque
aquella sociedad de la que hablamos, es profundamente cristiana, que gira
en torno a Dios y que respira por todos los poros de su cuerpo un contexto
religioso. Bien sea porque sus servicios no se limitan simplemente a la
iglesia sino a todo lo relacionado con la persona, en el doble aspecto
humano y espiritual.
Debe entenderse que la Iglesia en aquel momento hace de maestra, de
enfermera, de educadora..., supliendo otros servicios que nadie atendía más
que ella. Para aquellas personas este comportamiento de actas resultaba
comprensible.
Y abundando en lo mismo, procede manifestar el agravio comparativo
que se da en este aspecto, pero del signo contrario. El caso del ateo,
agnóstico o increyente. ¿Se molesta alguien cuando estas personas se
muestran así? O ¿se citan otros con sus nombres y apellidos? No, incluso
en algunos casos, se toma a gala. ¡Qué mal está esa doble vara de medir!
La fe cristiana con sus manifestaciones externas no es algo meramente
privado. ¿Por qué no manifestar el gozo y la alegría de sentirse hijos de
Dios en casa, en la calle y en unos escritos con unos comportamientos
propios e inherentes de la fe y de la vida cristiana? ¿Y por qué se pueden
molestar otros?
Resumiendo. Se puede concretar la religiosidad de la parroquia y el
número de los habitantes del pueblo. Queda manifiesta y, para muchos. con
su debida alegría y honra a su persona.
En el acta figura un personaje importante de la administración pública.
Es el gobernador, que a su vez administra justicia. (Entiéndase lo que hoy
son los partidos judiciales). Reside en el pueblo y se manifiesta como un
creyente practicante.
Desde otras comprensiones de la vida tiene también su servicio. En
cuanto al censo he observado oscilaciones grandes comparadas con años
posteriores. No parece demasiado normal, salvo que hubieran podido darse
aquellas epidemias tan generalizadas que asolaban los pueblos. Por ejemplo
la enfermedad de la peste hizo estragos en Castilla Vieja. Muchos lugares
perdieron la mitad de sus habitantes. Una de estas epidemias fue la de los
años 1597-1601.
Si alguien está interesado en la elaboración de su árbol genealógico, en
el acta puede encontrar sus raíces más antiguas. Anteriormente será difícil
que lo encuentre en otra parte.

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