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La otra acepción de Iglesia es EL LUGAR de reunión de los fieles
cristianos. El edificio material que se conoce también como el templo
sagrado.
La PARROQUIA en un contexto jurídico se define como una parte del
territorio diocesano que tiene Iglesia especial, pueblo y sacerdote al que se
le encomienda. Desde el siglo IV se conoce la costumbre de enviar los
Obispos un sacerdote fijo a un lugar determinado.
Sin embargo en términos coloquiales de las personas sencillas cuando
alguien desconocido del lugar pregunta por la parroquia se responde
inmediatamente apuntando a la Iglesia y viceversa.
Como podrás ver en el transcurso de la página se emplean
indistintamente. Pero una cosa queda muy clara y es que en ambas
acepciones los titulares, los patronos de la misma son San Cosme y San
Damián. Son en definitiva la misma realidad con dos nombres diferentes.
No en vano el titulo de la página se ha encabezado de esta manera.
El ejercicio de su misión
Nació con esta dedicación y así ha llegado hasta nosotros. Después de
varios siglos de vida parroquial sigue cumpliendo con el ejercicio de su
misión: hacer presente en ella al Dios verdadero y a su Hijo Jesucristo que
vino a ofrecernos su salvación y a enseñarnos el camino de nuestro propio
destino: la vida eterna, que hemos de compartir con nuestros santos
patronos y con tantas personas queridas. Cuantas veces se han podido
predicar en ella aquellas palabras del Maestro: Yo soy el camino, la verdad
y la vida (Jn 14, 6). Cuantas veces, muchas personas han encontrado en ella
la fuerza necesaria para vivir este camino del presente, de cada día, en
medio de peligros, de necesidades, sufrimientos y alegrías. Como no,
también de liberación y fuerza para seguir adelante. Sabiendo que El hace
el camino con nosotros.
Por supuesto que en cada momento de su historia sabe adaptarse a las
personas concretas a las que dirige el anuncio de la BUENA NOTICIA,
EL EVANGELIO. “Id, pues, enseñad a todas las gentes, bautizándolas en
el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar
todo cuanto yo os he mandado. Yo estaré con vosotros siempre hasta la
consumación del mundo” (Mt.28, 19).
Por nuestra parte se requiere una sola condición: la fidelidad a su
palabra. Como es comprensible, en el transcurso del tiempo se muda lo
accidental. Lo que es importante permanece. En todos los campos de la
vida, especialmente en la educación se están renovando constantemente. De
hecho no ha cambiado nunca el mensaje del amor de Cristo y de nuestro
amor a Él.
Lo mismo se puede decir del mensaje de las bienaventuranzas. Y como
no, del significado de la Cruz que dimana del mismo cumplimiento de
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