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normalidad. Que caerá de su propio peso. Estas observaciones están
relacionadas con algún signo externo: bien el de la cruz o de algún otro
documento que demuestra su ayuda. Y si esto no se da, o no consta deben
comprender que el listón de los servicios que soliciten se establece más
alto. Se refiere al pago de los estipendios establecidos.
Esta medida puede verse demasiado dura pero es muy razonable, muy
justa. Ya que goza de una doble proyección: la del sentido común y, la
necesidad de la cooperación de todos. Que unos pocos lo hagan y otros se
aprovechen, demuestra como mínimo una insensatez grande.
Esta sociedad, materialista, en la que vivimos valora de tal manera las
cosas, que valen tanto, cuanto se paga por ellas. D. Jacinto Benavente
decía: “todo lo que tiene un valor tiene un precio”.

EL HECHO RELIGIOSO
Como pudiste ver al principio, la pagina comenzaba con el prólogo de
“una conciencia cristiana” y que ahora como estás viendo, en su final, la
cierra con este titulo general, universal, que naturalmente pretende recoger
ese comportamiento de su vida con cientos de manifestaciones que
constantemente se revelan de un fondo escrito por Dios. Nació con él
“hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”. Son sencillamente sus
palabras. Por cierto recogidas en muchas alusiones a nuestra persona.
Esta es la actividad religiosa de la Iglesia en España. Como es lógico se
centra primeramente en la actividad litúrgica. Es una estadística de 2012.
Para ello se requiere la presencia de los agentes de pastoral. En primer
lugar los 21.500 sacerdotes dedicados casi exclusivamente en estos
servicios. Los más de 70.000 feligreses voluntarios comprometidos en las
distintas labores de catequesis de niños, jóvenes, adultos, cursillos... La red
asistencial-caritativa alcanza a aquellas personas más desfavorecidas en las
que 70.000 voluntarios las atienden desinteresada y caritativamente. Son
una de tantas manifestaciones de la Iglesia de Cristo que vive su identidad
en medio de una sociedad que necesita de la encarnación de unos valores
cristianos: con una proyección que mira al cielo pero a la vez que se
ejecuta y realiza en el mejor servicio de amor a las personas en la tierra.
Su actuación en este aspecto le resulta normal. No es ninguna
exageración ya que la Iglesia, a sus miembros, a sus participantes, les
conciencia con estas características propias de lo esencial de su mensaje y
en el respeto a la libertad de cada uno.

Es una demanda social
Rompiendo los límites y las barreras de la Iglesia local de la que nos
venimos ocupando, con una repercusión mínima por la escasez de sus
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