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FINANCIACION DE LA IGLESIA
Algunos datos de su pasado reciente
Este capítulo no tiene otra pretensión, que dejar constancia, a escala, la
más simple y sencilla de todas, como es una parroquia rural y escrito por un
sacerdote de la misma a la que en este momento se encuentra en su
servicio. Lo primero, por la documentación de su archivo, constatar el
número de los habitantes, a mediados del siglo XX, todas las casas de los
pueblos estaban habitadas y llenas. Quizá demasiados habitantes entonces
para afrontar con normalidad el pequeño presupuesto de sus escasos
ingresos. Hoy el péndulo ha girado de signo contrario. Constatamos la
vaciedad de nuestros pueblos y como es comprensible su precariedad y la
escasez de medios económicos para afrontar tantas necesidades que la vida
requiere. No es una región demasiado afortunada para la sementera del
trigo. Es parte de la montaña y predomina el ganado.
Entre estas necesidades normales de la vida, de la familia, los hijos, su
educación... también figuraba el mantenimiento de sus templos. He tenido
la ocasión de constatarlo con muchas personas sencillas, con su capacidad
de observación, comprensión y de juicio verdaderamente admirables. Y lo
que es más importante el “acuse de su comportamiento religioso”
Guiadas por su sentido común y, después de escucharlas atentamente me
he limitado a escribir cuanto me han dicho; hasta el extremo de que parte
de este apéndice ha sido fruto de su testimonio personal. Por eso la fuerza
y el valor de estas líneas no tiene otro que el de andar por casa sin que
esto pueda y deba desmerecerle. Recuerdo al respecto una anécdota muy
curiosa. En una ocasión estaba hablando con una persona mayor de
aquellos acontecimientos sufridos en la guerra y de unos años antes
correspondientes al tiempo de la segunda república. Lo oía y presenciaba
un niño. Un tanto extrañado al oír al abuelo preguntó: ¿Abuelito y tú le
estás diciendo estas cosas al cura...? Claro que sí... Entonces el Sr. cura,
posiblemente como tú, no había hecho su primera comunión. Yo era
mayorcito y recuerdo aquellos tiempos difíciles de la Iglesia. Al final del
texto presente le añado alguna otra referencia.
Además este apéndice, tiene otra característica en la que se amplía a
otras parroquias en las que aparece un grupo de feligreses cooperando con
su ayuda desinteresada y necesaria.
En primer lugar y como nota característica hago referencia a las palabras
del Apóstol San Pablo, dejando buena constancia de que el obrero merece
la recompensa debida por su trabajo realizado. Sigue hablando de que a él
nada le dieron de balde y, que a ninguna comunidad cristiana les fue
gravoso. Que, incluso, trabajó con sus propias manos (2 Tes. 3, 8).
En el transcurso del tiempo han podido existir distintas formas de
materializarlo. Me fijaré fundamentalmente en tres:
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