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La cabalgata, objeto de reflexión
Al repasar mi libreta de notas relacionadas con algunos hechos o
acontecimientos más o menos importantes de la parroquia he dejado
constancia en este cuaderno del cambio a mejor, que se hizo hace unos
años, en esta fiesta de la cabalgata de los reyes. Sencillamente he copiado
lo que acabas de leer dejando constancia como se hacía. Hasta entonces, la
cabalgata se reducía, simplemente, a la llegada a la plaza y a continuación
la distribución de los regalos en el Ayuntamiento. Resultaba un acto muy
sencillo y emotivo, pero no respondía con exactitud a lo que nos dice el
Evangelio. Dejaba constancia de su vacío religioso. Y alguien se preguntó
¿Por qué no mejorarlo? Surgió la pregunta de algunas personas de la
organización de la cabalgata. Vieron sus posibilidades y lo que se mejoraba
con este cambio. deciden que no debe faltar el aspecto religioso. Que de
hacerlo se debía hacer bien: y, para ello, determinaron que el lugar más
indicado no era el Ayuntamiento sino la Iglesia. Y se hizo como les acabo
de relatar.
Llegada su hora, la Iglesia se encuentra llena, al completo. Los Reyes
entran con sus respectivos pajes. Vestidos a la usanza, como era
costumbre en aquellas tradiciones, manifiestan un porte exterior muy
bonito y a la vez muy elegante. Todos bien representados cumpliendo su
papel muy dignamente. Ocupan como es comprensible la cabecera de la
nave central. (los niños con todos los ojos bien abiertos contemplando este
bonito espectáculo,) Son unos momentos muy gratificantes y bellos. Los
responsables del acto le hacen muy bien. Y le reproducen de tal manera que
resulta admirable su contemplación. Es comprensible que con aquella
visión los niños se sientan verdaderamente fascinados
Me decía un
feligrés:¡Vaya diferencia comparado con lo que antes se hacía!
Comenzamos el acto religioso con un villancico. A continuación el
saludo del sacerdote y la lectura del trozo correspondiente del evangelio
que nos habla de este acontecimiento. Es el recuerdo histórico del hecho.
Se comenta durante unos minutos y a continuación se procede a la
adoración del Niño Jesús. Naturalmente tienen preferencia todos los niños
que se encuentran en la Iglesia y algunas personas mayores no aguantan su
impulso y deciden adórale. Y está bien...
Por cierto todo resultaba muy espectacular. Un acierto completo. Así han
transcurridos varios años y su valoración de una manera general ha sido
positiva .
De igual manera que hace unos años se cambió su forma. Todo ello con
el mejor deseo de una constante reflexión que reprodujera lo importante del
acontecimiento en beneficio del hecho histórico y real ¡Y vaya si se
consiguió! El lugar indicado, ni que decir tiene, es la Iglesia y es el centro
de todo lo que implica este gran acontecimiento. Y sobre todo la referencia
de la que es imprescindible para la comprensión de su verdadero sentido.
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