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Está presente en todas el color dorado. No puede por menos ya que se trata de una vidriera
religiosa y este color se emplea para simbolizar la presencia de Dios. Es un color esplendoroso y
feliz muy de acuerdo con lo que Dios es y suscita en cada uno.
El factor luz
Contribuye para darle más o menos intensidad al color, de ahí que se reflejen de una forma
diferente a distintas horas del día. A mediodía y con la luz y la fuerza del sol, luce al máximo, quizás
se empobrece su color, por ser demasiado suave. Personalmente y aunque parezca rara mi
apreciación, me resultan muy vistosas y hermosas a la caída de la tarde. A mi modo de ver
adquieren una contextura especial, un cuerpo casi macizo, dando la impresión de que los cristales
dejan de serlo para convertirse en trozos de metal.

EL SIMBOLISMO Y SUS TEMAS
Desde siempre el ser humano para su comunicación ha usado el lenguaje de los símbolos. Hoy se
acentúa en las manifestaciones artísticas. Es algo propio de los tiempos y la Iglesia que se encarna
en el momento en que vive, además de participar de estos estilos, se sirve de ellos y les utiliza para
su comunicación religiosa en perfecta sintonía y fidelidad a quien se dirige y a Dios. De ahí que se
optara por esta expresión del arte moderno con la prueba del gusto de hoy.
Quizá requiera mayor esfuerzo para su comprensión. En primer lugar se debe descubrir qué dibujo
o qué viñeta está representada y una vez descubierto despierta el pensamiento de otra realidad que es
la que nos quiere enseñar. Si esto se consigue el disfrute es mayor, lo mismo que la comprensión de
esa verdad envuelta en el símbolo. He podido observar en algunos visitantes que nos les resulta fácil
descubrirlos. No hace mucho me decía una religiosa explicando la vidriera de la muerte, que no veía
en ella ninguna representación. Una vez que le dije que era un grano de trigo, que al morir germina,
me contestó inmediatamente, “!estaré ciega para no verle!”. A continuación, matizan todos los
visitantes, que se trata de un dibujo perfecto, casi exacto a la realidad.
Su misma distribución en los diferentes ventanales de la Iglesia también es simbólica. La virtud de
la fe aparece en el ábside, lo más cerca del misterio eucarístico, memorial de la cruz. Desde la
cabecera de la Iglesia arroja luz y comprensión para la inteligencia del mismo templo que tiene
forma de cruz y no menos para dar sentido a nuestra vida que también la tiene y que se realiza en
medio de la cruz de cada día. Sólo desde esa luz se descubre al crucificado dándole su sentido
redentor.
En los brazos de la cruz las virtudes teologales de la esperanza y la caridad. Virtudes centrales en
la vida de un cristiano. Se convierten en la realización de la obras que nacen de la fe. Los brazos de
la cruz, los brazos de la persona empleados en el servicio a Dios y al prójimo.
En la base de la cruz, como plantada en la tierra, al fondo de la Iglesia, la vidriera dedicada a la
muerte con el grano de trigo que muere en tierra y en la parte superior del coro guardando su
verticalidad, la vidriera de la inmortalidad o de la vida, acogiendo en su seno esa fuerza ascendente
que liberó el grano de trigo.
De frente, entrando al templo, se encuentra la de la Virgen María, que como puerta consciente y
responsable, deja entrar por ella y para los hombres a nuestro Salvador.
En la parte izquierda del coro, la vidriera dedicada a Jesús Hombre Salvador renovando la
creación y en ella como paradigma de todo un Hombre nuevo de gracia y amor.
Estos son los temas representados y esta es su explicación particular.

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