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nombrarle Cura Párroco de la parroquia de Para, un pueblecito cerca de Espinosa de los Monteros.
No fue larga su estancia como Párroco de ese lugar, pero sí el tiempo suficiente para que quedase
grabado en el ambiente y en el ánimo de los feligreses su recuerdo de sus ejemplares virtudes, entre
las que más destacaban su celo y desprendimiento, como declararon los ancianos que le conocieron,
a la hora de solicitar informes para su beatificación.
De su paso por la Parroquia de Para de Espinosa, quedó también constancia las 61 partidas de
Bautismo, 22 de Matrimonio, amén de otras partidas de defunción firmadas por su puño y letra.
Toda una reliquia tristemente perdida a raíz y causa de la última guerra civil española.

SU VUELTA A DAMASCO Y PERSECUCIÓN CONTRA LOS
CRISTIANOS
Una vez restablecidas sus fuerzas pastorales y recuperada su salud, regresa a Tierra Santa en
1856, y al año siguiente, elegido Superior de la Comunidad de Damasco, se pone al frente de aquella
parroquia tan querida y añorada.
En el Líbano no van tan bien las cosas, corren malos tiempos para los cristianos. El odio hacia los
cristianos se extiende de día en día, la envidia por la prosperidad de la población cristiana de
Damasco se hace cada día mayor, y los políticos de aquella época habían caldeado el ambiente.. Los
Drusos, apoyados por el gobernador General de Beirut, K...-Baja, personaje siniestro, fanático y
enemigo jurado al nombre cristiano, asaltaron a sangre y fuego las aldeas maronitas aisladas de la
ciudad. Desde el 30 de Mayo hasta el 20 de Junio fueron reducidas a escombros varias aldeas y
poblaciones y el exterminio también llegó a Damasco, donde habitaban unos 30.000 cristianos,
frente a 150.000 musulmanes que tendría la Ciudad.
“Nos hallamos en un gran peligro” escribía el P. Manuel el día dos de Julio de 1860 al
Procurador de Tierra Santa en Jerusalén; nuestra fe se encuentra amenazada por los Drusos y por
K..Baja.”
“Damasco 2 de julio de 1860.
Reverendo Padre Procurador. Nos hallamos en gran conflicto al presente amenazados de parte de
los Drusos, y del Bajá de Damasco que les da los medios para quitar la vida a todos los cristianos,
sin distinción de personas, sean Europeos o Árabes. Esta ciudad está llena de des-graciados
cristianos que han podido salvarse en los Montes, de todos los sitios del Monte Líbano. Los países
(en) que han degollado a los hombres, niños y mujeres. Aquí estaba destinado para el degüello
general el primer día de la fiesta presente. Los Drusos ya habían entrado en gran número la
antevíspera, en que sabido por los Señores Cónsules y Cristianos ricos se presentaron con las manos
llenas de oro y plata para el Bajá y Grandes Turcos del Diván; y dando bando público que nadie se
metiese con los Cristianos ni Judíos, y pusieron guardias las que hoy subsisten. Hágase la voluntad
del Señor.
Suyo Fr. Manuel Ruiz (rubricado)”.

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