Xenofeminismo Una política por la alienación Laboria Cubonicks AmigaRara .pdf


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TRAMPA

TRAP

sionales destellos de negación. En su peor
faceta, una actitud así no genera nada más
que letargo político y, en la mejor, instala
una atmósfera de desesperación persuasiva
que, demasiado a menudo, degenera en la generación de facciones y un moralismo superficial. El mal de la melancolía solo agrava
la inercia política y —bajo el pretexto de
ser realista— renuncia a toda esperanza de
calibrar el mundo de otra manera. Es ante
tales males que el xenofeminismo inmuniza.

species to be wept over and that blips of
negation are the best we can hope for. At
its worst, such an attitude generates nothing but political lassitude, and at its
best, installs an atmosphere of pervasive despair which too often degenerates
into factionalism and petty moralizing.
The malady of melancholia only compounds
political inertia, and -- under the guise
of being realistic -- relinquishes all
hope of calibrating the world otherwise.
It is against such maladies that XF innoculates.

0x0A
Consideramos la política que valora en exclusiva lo local como modo de subversión de
las corrientes de abstracción global como
insuficiente. Secesionarse o renegar de la
maquinaria capitalista no hará que desaparezca. De igual manera, las sugerencias de
tirar del freno de emergencia con la velocidad ya asumida, la llamada a decelerar y
reducir, es posible solo para unos pocos
—es una característica de lo exclusivo que
violenta—, y que conlleva en última instancia una catástrofe para la mayoría. Rehusar a pensar más allá de la microcomunidad,
a cultivar conexiones entre insurgencias
fraccionadas, a considerar cómo las tácticas emancipatorias pueden ser expandidas
para su implementación universal, es quedarse satisfechx con acciones de defensa,
temporales. XF es una criatura que afirma
la ofensiva, insistiendo ferozmente en la
posibilidad del cambio social a gran escala
para todx nuestrx raza alien.

0x0A
We take politics that exclusively valorize the local in the guise of subverting
currents of global abstraction, to be
insufficient. To secede from or disavow capitalist machinery will not make
it disappear. Likewise, suggestions to
pull the lever on the emergency brake
of embedded velocities, the call to slow
down and scale back, is a possibility
available only to the few -- a violent
particularity of exclusivity -- ultimately entailing catas-trophe for the
many. Refusing to think beyond the microcommunity, to foster connections between
fractured insurgencies, to consider how
emancipatory tactics can be scaled up for
universal implementation, is to remain
satisfied with temporary and defensive
gestures. XF is an affirmative creature on the offensive, fiercely insisting
on the possibility of large-scale social
change for all of our alien kin.

0x0B
Un sentido de la volatilidad del mundo y su
artificialidad parece haberse desvanecido
de la política feminista y queer, en favor
de una plural y estática constelación de
identidades de género, en cuya lúgubre luz
equivalencias con lo bueno y lo natural se
han restaurado con persistencia. Mientras
que hemos expandido admirablemente (quizás)
umbrales de tolerancia, a menudo nos dicen
que busquemos consuelo en la no-libertad,
defendiendo que se nace así, como si se
ofreciera una excusa para la gracia natural.
Mientras tanto, el centro heteronormativo
continúa avanzando. El xenofeminismo reta
este referente centrífugo, sabiendo perfectamente que el sexo y el género son ejemplo
del apoyo entre norma y hecho, libertad y
compulsión. Mover el punto de apoyo en dirección de la naturaleza es una concesión a
la estrategia defensiva en el mejor de los
casos, y un repliegue de aquello que hace
la política trans y queer más que un lobby:
que es una afirmación enérgica a favor de
la libertad, en contra de un orden que parecía inmutable. Como cada mito sobre aquello
que nos es dado, se fabulan unos cimientos
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0x0B
A sense of the world's volatility and
artificiality seems to have faded from
contemporary queer and feminist politics, in favour of a plural but static
constellation of gender identities, in
whose bleak light equations of the good
and the natural are stubbornly restored.
While having (perhaps) admirably expanded thresholds of 'tolerance', too often
we are told to seek solace in unfreedom,
staking claims on being 'born' this way,
as if offering an excuse with nature's
blessing. All the while, the heteronormative centre chugs on. XF challenges
this centrifugal referent, knowing full
well that sex and gender are exemplary
of the fulcrum between norm and fact,
between freedom and compulsion. To tilt
the fulcrum in the direction of nature
is a defensive concession at best, and a
retreat from what makes trans and queer
politics more than just a lobby: that
it is an arduous assertion of freedom
against an order that seemed immutable.
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