CHILEAN BURGER KINGDOM.pdf


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A raíz de este ridículo incidente, Bruce Dickinson termina calificando
a Chile como “un país medieval”. Igualmente intenta arribar a nuestro
territorio, sólo para saludar a sus fans, pero desiste de aquéllo a sugerencia del propio Primer Ministro de Inglaterra, John Major.
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La mayor parte de su enseñanza secundaria Víctor la cursa en un colegio religioso, desde donde luego se dirige a cementerios para escuchar bandas underground como NIHILIST, FATAL, INVOCATOR,
EXMORTIS o NUCLEAR DEATH. Beber en cementerios, y a veces
profanar tumbas, forma parte de sus experiencias juveniles, unas veces
en compañía de amigos Thrashers y otras veces en completa y reconfortante soledad.
Son los años del retorno a la democracia, a comienzos de la década de
los ’90, una democracia tutelada por las FF.AA., en donde el perro Pinochet simula dejar el poder, abandonando la Casa de Gobierno para instalarse como senador designado en el Congreso. Muchos desean creer
que vienen tiempos de paz y convivencia civilizada, sin la habitual
represión policial en las calles. La apertura en las políticas de comercio
exterior propicia la importación de autos rusos, marca LADA, ofrecidos
a bajos precios y con facilidades de pago para que varios ilusos ingresen
por voluntad propia a esa fábrica de esclavos llamada “Crédito”, creyendo que emprenden un trabajo propio como taxistas o explotando a sus
pares como choferes. Unos pocos vecinos de clase baja, habitantes de la
periferia, logran tener lujos como un teléfono de red fija y televisión a
color. Y en todo ese suburbio, sólo una familia se da el lujo de ser dueña
de un vehículo, aunque siempre de segunda mano.
Aparecen las primeras universidades privadas y la gente acomodada o
aquélla que fracasa en la P.A.A. (Prueba de Aptitud Académica, un test
previo que sirve de embudo a la intención de ocupar las planificadamente escasas vacantes disponibles en las universidades tradicionales),
pero tiene recursos para solventar tal educación, se matricula en ellas. Las universidades estatales, de mayor prestigio, exigen a sus postulantes examen de admisión y buenas calificaciones en los estudios
secundarios, para mantener así su nivel de excelencia.
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