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CHILEAN BURGER KINGDOM
En el país de los ciegos, los tuertos son Reyes y mi vida como metalhead:
una Tribu Global

Mirada a la Sociedad Chilena Medieval y Católica y de cómo su favoritismo,
sentimientos de culpa, miedos e hipocresía estancan voluntades, expresiones
y a ellos mismos en la región.

Por Víctor Mac-Namara
Paolo Ugarte
1

Título: CHILEAN BURGER KINGDOM En el país de los ciegos, los tuertos
son Reyes y mi vida como metalhead: una Tribu Global
© 2019 Copyright Fundación Entintatímpano

Diseño y diagramación: Víctor Mac-Namara
Fotografía Portada Víctor Mac-Namara
Fotografía Solapa Karin Kutscher

Impreso en Chile por Umbrium Records.
Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, en
todo ni en parte, tampoco se permite sea registrada o transmitida por un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio
sin el permiso previo por escrito de la editorial.

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“Intense Metal Is All That You Need” Paul N. Baloff

3

4

INDICE
Prólogo

7

Capítulo I - Infancia y Educación

11

Capítulo II - Adolescencia y Comunión con el Underground

21

Capítulo III - Juventud, Primera Obra y Surgimiento de Thornafire

32

Capítulo IV - La versión chilena de una religión católica

34

Capítulo V - La estéril expresión artística de la clase acomodada
chilena

38

Capítulo VI - Sobre músicos de origen humilde en la escena mundial

40

Capítulo VII - Sobre la primera piedra del mundo occidental y
una reseña orwelliana de Chile que ilustra su lugar en el siglo XXI;
la sabiduría como experiencia subjetiva; conquista permanente y
falsa independencia

46

Capítulo VIII - El surgimiento de Thornafire

54

Capítulo IX - La sangre trasciende, los reproches abundan:
Thornafire, Estados Unidos y una decisión final

60

Capítulo X - Nuevas observaciones sociales, nuevas frustraciones
y un final breve, pero muy violento

64

Capítulo XI - 2010: Primera Pequeña Odisea Europea

69

Capítulo XII - De vuelta a la realidad: el primer golpe

74

Capítulo XIII - Show con Slayer

75

Capítulo XIV - 2012: Segunda Incursión Europea: Elucubraciones
y Eclipse Phenomena

80

Capítulo XV - Circo Gore

87

Capítulo XVI - 2014: Tercer Avance Europeo: Magnaa Mysteria
MMXIV Tour

89

Capítulo XVII - Sodom & Thornafire

95

Capítulo XVIII - Tercer Tour Sudamericano: Resentimiento
es el nombre del tango

100

Capítulo XIX - 2016: Cuarto Avance: The Mystical Past comes alive

103

Capítulo XX - De sacrificio, segregación colectiva, ignorancia
ignorante, suerte increíble e indiferencia sin importancia

116

Capítulo XXI - Hazlo tú mismo

119

Capítulo XIXI - 2018: Quinto Tour Europeo

122

EPÍLOGO

133

EPÍLOGO 2

134

5

6

PRÓLOGO

Víctor Mac-Namara Riquelme nació en Santiago de Chile en 1976. Es
diseñador gráfico, gestor cultural y, además, guitarrista y compositor de
la banda chilena THORNAFIRE, la cual ha logrado proyectarse internacionalmente editando sus discos fuera de Chile, girando 5 veces por
toda Europa y otras tantas por Sudamérica.
Hijo de los chilenos Víctor Ricardo Mac-Namara (comerciante) y
María Riquelme (profesora), su infancia transcurre en los suburbios de
Santiago de Chile. En esos años de esfuerzo y penurias se convierte en
músico y artista autodidacta, guiado por el desprecio de su padre hacia
la música. Un ambiente adverso y de carencias terminó sacando a la luz
un sentimiento musical artístico que sirvió para forjar su personalidad.
Rodeado de poblaciones marginales y campamentos en la localidad de
Pudahuel, Víctor se convierte en agudo observador de la sociedad y
la cultura en general, acuñando un incansable espíritu crítico que le
caracteriza hasta el día de hoy. Estudiando en un colegio de escasos
recursos, logró superarse y formarse como músico. A la edad de 13 años
ya había formado su primera banda con instrumentos refaccionados y
otros construidos por ellos mismos; a diferencia de los músicos de la
llamada clase acomodada chilena, los cuales, separados de la gran mayoría de la población, viven un favoritismo que se traduce en el acceso a
excelentes equipos y estudios musicales con el solo hecho de solicitar
apoyo a su familia. Para Víctor y sus pares tener una guitarra o una batería era algo impensado, y un tesoro muy preciado cuando se le poseía.
Esto le daba mayor valor a lo que hacía Víctor y le entregaba renovadas
energías para tratar de superarse, dándose cuenta así, de lo importante
que es valorar lo que uno hace y construye con sus propias manos.
Su vida transcurre como la de la mayoría de la gente en Sudamérica, rodeada de precariedad y bombardeada por una educación obtusa creada
para convertirlo en un trabajador mal remunerado que no pueda solventar estudios posteriores o disfrutar experiencias que lo saquen de
esa realidad. Nueve horas diarias de trabajo todo el año y 3 semanas de
vacaciones que Víctor utiliza para girar y mostrar su música. Observando el clasismo e inexplicable racismo chileno basado en la ley del
favoritismo para con sus pares de las clases acomodadas. Observando
7

la distorsión cultural de Chile,

que adula a la raza blanca en los medios de comunicación, usando modelos de ojos azules y cabello rubio, siendo que la mayoría de la población es morena. Observando una sociedad católica e hipócrita, que en
una región pequeña y rica en sustento para la vida, relativamente fácil
de administrar, desconoce la equidad social. Observando cómo en la
TV se habla de cifras y progreso, cuando en los ambientes laborales se
viven prejuicios y antipatías, bajo jefaturas explotadoras que disfrutan
humillando a sus subalternos. Observando, a su vez, a esos mismos empleados siguiendo códigos individualistas, mofándose de la vida de trabajadores de menores ingresos, como el personal de aseo. Observando a
un país en donde se toma té a la misma hora que en Inglaterra, imitando
sus costumbres y autobautizándose como los ingleses de Sudamérica,
pues tanto es el deseo de no ser sudamericanos que se intenta copiar
un estilo británico/alemán del orden y la organización, profundamente
estimulado por el desprecio a nuestro mestizaje.
El título de este libro, “Chilean Burger Kingdom”, alude a que históricamente el español trajo la religión católica en su versión más clásica
y oscura, alejada de un pensamiento abocado a la razón, si no basada
en un Dogma incuestionable que condenara el establecimiento de posteriores ideas reformistas como la Protestante y Anglicana. Geográficamente, Chile es un angosto burgo que vive dentro de muros naturales, aislada de sus países vecinos por una cordillera recorriendo todo
el Este, al Sur el mar y el Polo Sur, al Oeste una costa interminable y
al norte un angosto límite que limita con Bolivia y Perú. Inicialmente,
entre los pueblos germánicos y en época romana, el término burgo se
aplicaba a pequeñas torres o puestos fortificados. En la Alta Edad Media, se consideraba burgo a un castillo construido por un señor feudal
con fines puramente militares, como avanzadilla o puesto de vigilancia
fronteriza. Solían ubicarse en posiciones privilegiadas por su carácter
defensivo (como una altura), o en posiciones estratégicas (como un
cruce de caminos, el vado de un río o un valle en el paso de una montaña). Por extensión, se aplicó el nombre de burgo a las poblaciones
que pudieran desarrollarse en torno a estas construcciones. La relativa
seguridad que daba a mercaderes y artesanos, no sólo física, sino jurídica, pues quedaban libres de la jurisdicción feudal y otras concesiones,
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por ejemplo, fiscales, hacía muy atractivo el radicarse en ellos. Así,
fueron convirtiéndose paulatinamente en poblaciones florecientes con
funciones económicas características.
Dando un salto en el tiempo, el nuevo chileno postdictadura transita
la senda de la apariencia, comprándose camionetas de 25.000 euros
a crédito, pero esclavizado a su trabajo y con una pequeña opinión del
mundo. No habla inglés, menos mapudungun (idioma nativo de nuestro
principal pueblo originario), francés o alemán. Si se llega a hablar, es
como otra manera de aparentar superioridad y no como herramienta
efectiva de comunicación. Se comprende poco de culturas foráneas,
pues Chile es un país que le teme a tener una identidad propia, una
cultura marina, por ejemplo, negándose a ser parte tanto de Sudamérica como del Tercer Mundo, siendo que tenemos la misma edad que
nuestros vecinos en el Norte, USA y Canadá.
Los chilenos pagan con tarjeta de crédito sus víveres básicos en el
supermercado o su ropa en las tiendas por departamento, creyendo que
con eso han subido su status, transformándose en clase media, porque
así se lo han inculcado los medios y la publicidad. No son capaces de
pensar por sí mismos y concluir que vivir en esa situación no los hace
ser clase media, sino ser pobres. Una palabra a la que le tienen pánico,
una denominación de la cual quieren huir a toda costa, por lo cual agradecen que los medios de comunicación los convenzan de ser clase media: los chilenos necesitan ser convencidos.
Todos estos males no salen a la luz pública de la agenda diaria comunicacional manejada por el capital, pero son vividos con angustia por
la mayor parte de una sociedad chilena acallada, y además, estéril en
música y artes que puedan expresar y delinear un carácter propio en el
extranjero, manifestaciones que puedan traducirse en la voz prima de
los sentires de un pueblo.
A diferencia de sus pares, Víctor usa el poco tiempo libre y recursos
con que cuenta para trabajar en solitario y arduamente en la música y la
gestión para poder salir de tal entorno, y de paso ayudar, a su manera,
a la población menos favorecida, llevando en los últimos años obras de
teatro a colegios pobres, educación y exposiciones de etnias diezmadas
en el pasado, entre otros proyectos. Al igual que iniciativas culturales
relacionadas con riquezas valóricas de pueblos y etnias indoeuropeos.
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Acompáñennos pues, a conocer la historia de este músico de estilo musical subterráneo, la cual sirve de paso para ilustrar la vida de la mayoría de los chilenos que, por no ejercer una especie de raciocinio comunitario, ve ahogar su natural y personal expresión entre una vorágine de
deudas, malos puestos de trabajo, peores sueldos y una sociedad clasista e irónicamente racista: un secreto familiar no muy conocido fuera de
las fronteras de Chile y absolutamente silenciado dentro de ellas.

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Capítulo I
Infancia y Educación

Uno no es tan individual ni absolutamente responsable de la construcción de una identidad propia, como puede pensarse o profesarse, pues
uno está compuesto, además de sus convicciones, por conductas adquiridas, siendo permeado por la cultura que nos rodea, ya sea a través
de antiguos refranes que se oyen como remate final e ilustrativo de
alguna situación cotidiana, como así también a través de la sabiduría
popular transmitida por aquéllos con los cuales uno se relaciona, y
de las situaciones que uno vive y resuelve diariamente. La existencia
fácilmente podría etiquetarse como una ilusión, pues muchas veces
nuestro sedentarismo, el acceso a comodidades y la posibilidad de sustentar aquéllas nos hacen pensar que tenemos una vida real, cuando
todo lo que hacemos es simplemente convivir como una manada ciega
regida por los mandamientos de quienes mantienen el status quo para
solventar sus propias y verdaderamente acomodadas vidas. Educados
por ellos, contenidos escolares y directrices laborales mediante, para
proveer sus necesidades a costa de las nuestras, compensándonos con
acceso al crédito y la deuda, como si aquello fuera un privilegio, siendo
realmente nosotros la carne molida con que preparan sus hamburguesas. Pero existe algo más allá de tanto límite impuesto como legítimo
y que estamos obligados a acatar como un sino fatal e inevitable; algo
que nos hace ser humanos conscientes que realmente ocupamos el cerebro para pensar por nosotros mismos y rebelarnos ante tan decadente
expectativa. En todos estos años viajando por Sudamérica y Europa, he
observado que durante la mayor parte de sus vidas la gente permanece
y subsiste en un solo lugar, me he dado cuenta que a veces mencionar
con propiedad la pertenencia a un lugar, a una corriente de pensamiento o al color de una bandera, en lo práctico, tiene más que ver con
la costumbre de abrir los ojos casi todos los días bajo un mismo techo.
Por lo tanto, según la educación y valores que se te inculcaron desde tu
más tierna infancia, desde el oculto punto de vista de lo correcto que es
servir al capital, la única explicación que recibes, es que ese mecánico
sedentarismo es la realidad que te tocó vivir y sólo puedes satisfacerte a
través de ella, arreglándotelas por ti mismo. E ilusamente la gente acata
y enviste esa “verdad” con la mayor importancia para que valga la pena
11

llamarla vida, sin serlo en lo absoluto: simplemente vives las mismas
situaciones y te relacionas con la misma gente de manera regular. Lo
cual no tiene nada de peculiar para diferenciarte de los demás.
Simple rutina que asesina inmisericorde a una vida real en la cual puedas elegir cada día qué hacer.
Ahogando nuestros sueños en una eterna angustia que nos devora cada
día sin poder satisfacerla.
Vivir es elegir sin cortapisas, pero con ética, y no seguir el manual de
los fabricantes, sino subvertirlo.
Quienes nos necesitan como corderos dispuestos a sacrificarnos por ellos.
Pero yo decidí que no.
Muchos infantilismos, sentimentalismos e ideas disparatadas que ve
uno por ahí, tienen relación con autoconvencimientos inculcados por un
capital parásito, que uno valora ingenuo pensando en la libre expresión
humana de ellos como algo genuino, pero termina siendo falso desde
su origen. Sin embargo, mucho de lo que uno hace, diariamente, tiene
que ver con lo práctico, la conveniencia y el bienestar propio, a veces
decorado ilusoriamente con respuestas equivocadas que vienen de una
historia denominada “siempre ha sido así” o “así tiene que ser”. Es
entonces cuando la capacidad de cuestionar se transforma en herramienta básica para considerarse un ser humano, ante un discurso común
que nos aparta de otras realidades y dice que no tenemos nada que ver
con los animales, por ejemplo, quienes actúan mayormente de forma
similar: por una conveniencia personal compuesta de bienestar, comida,
techo y abrigo. En el humano agregamos el sexo, ya que es más notorio
por nuestro modo de convivir.
Así como existen diferencias regionales, también existen diferencias
culturales, ya que, como humanos, convivimos cual rebaño, a través de
una sociedad que nos entrega una serie de conveniencias diarias para
hacernos creer en un estado de bienestar. La única diferencia es una situación que termina siendo un espectáculo, a veces de pésimo gusto: la
existencia de mentalidades colectivas en algunas regiones, anti-valores
como la mezquindad y lo sesgado que puede llegar a ser no entender
que, ya radicados en una región común la mayor parte del tiempo, no
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podamos desarrollar una vida colaborando de buena forma con las personas y comunidad con la cual nos relacionamos habitualmente. No
hacerlo muestra nula capacidad de reflexión y sentido común, algo que
no le conviene enseñar ni a la religión, ni a los medios de comunicación, ni a la política porque aquéllo desarrolla el pensamiento incentivando la búsqueda de un espíritu social, cuestión que incentiva el
enriquecimiento de una vida más civilizada en regiones.
******

13

Los hermanos Mac-Namara en el colegio E-314 de Renca. 1982

Tras nacer en Santiago, Víctor es criado en casa de su abuelo, nieto de
un norteamericano de origen irlandés que llegó desde Estados Unidos
a Chile, ya casado, y aquí volvió a contraer matrimonio con una mujer
de buena situación económica. Aquel hombre echó raíces y aparte tuvo
a dos hermanas como amantes, de donde viene la familia de Víctor, la
rama más humilde de esta historia. El abuelo es un ávido comerciante
14

de buen pasar, quien engendra al padre de Víctor con la señora Ana, descendiente mapuche de la ciudad de Los Andes. La familia materna de
Víctor está compuesta en su totalidad por músicos clásicos: pianistas,
concertistas, violinistas… El abuelo materno de Víctor era el técnico
de piano de Claudio Arrau, un conocido pianista chileno instruido por
Martin Krause, discípulo directo de Franz Liszt, quien, a su vez, fuera
discípulo de Carl Czerny, alumno del propio Ludwig van Beethoven.
El padre de Víctor mantiene muchas discrepancias con el abuelo de
Víctor, así que aquél termina expulsándolos a todos. Es así como se
mudan a un terreno que unos tíos ceden al padre de Víctor. Ahí el padre muestra su mal carácter por casi cualquier motivo, pateando todo,
rompiendo platos y dando golpizas sin razón a Víctor y a su madre. Un
día, a los 7 años de edad, Víctor presencia una golpiza que su padre da
a su tía materna, dejándola en el suelo con varios dientes en medio de
un charco de sangre.
Tras esta situación, su madre arrienda una pieza en la comuna de Renca,
cerca del río Mapocho, donde los 2 hermanos pasan todo el día encerrados sin asistir a la escuela. Su tía, también profesora, se encarga de
enseñarles a leer, algo de matemáticas y el valor de la música, ya que
además es pianista. Nikolái Rimski-Kórsakov, Chopin, Tchaikovsky,
Beethoven son frecuentemente nombrados y escuchados en casa. Desde
esa edad, Víctor también realiza afanosamente dibujos sobre fantasías y
caballeros medievales.
La infancia transcurre bajo el régimen de Pinochet (dictadura militar
chilena entre 1973 y 1990), en donde estos 2 niños se crían enclaustrados, rodeados de televisión y algunos viejos cuentos ilustrados, saliendo
sólo a pasear los domingos a La Quinta Normal o al Parque Baquedano.
Su tía, una mujer de 50 años, soltera, triste, ya jubilada de profesora,
vive encerrada en un cuarto y sólo sale a cobrar algunos dineros y dar
clases esporádicas de música, cada vez con menor frecuencia. En ocasiones ella también golpea a Víctor, aprovechándose de que es pequeño,
y le inculca un profundo desprecio por el género masculino.
La madre de Víctor, devota de un Catolicismo acérrimo, se queja continuamente de su trabajo como profesora y del maltrato social que recibe por vivir separada, ya que entre sus colegas femeninas se la desprecia al no estar bajo el amparo de un marido. Criticas recurrentes en una
15

sociedad chilena machista que siempre intenta dictaminar el estilo de
vida que la gente debe llevar.
Tras varios años, los hermanos son incorporados al humilde colegio en
donde su madre ejerce como profesora. Allí Víctor convive con la pobreza, la carencia y la miseria, pero curiosamente para él, los otros niños
dan un cierto estatus a los hermanos Mac-Namara por ser éstos hijos
de una profesora y creyendo que por su apellido tienen más recursos.
La infancia, entonces, transcurre insípida, sólo coloreada por una particular y febril imaginación.
En esos años, bajo la dictadura militar de Pinochet, Chile tuvo un problema económico llamado inflación. Muchos compañeros de colegio
tienen a sus padres sin trabajo o trabajando en el POJH (Programa de
Ocupación para Jefes de Hogar); muchos niños van vestidos miserablemente al colegio, con zapatos rotos, sin poder darse el lujo de comer
carne ni beber leche, sufriendo desnutrición, sin cuadernos ni lápices,
con padres alcohólicos y presas de otros males: la violencia intrafamiliar contra madre e hijos era recurrente y tolerada. Al mismo tiempo, la
Dictadura Argentina intenta sostener una guerra con Inglaterra por las
Islas Falkland (Malvinas para ellos). Mario Kreutzberger (Don Francisco) conocido personaje y presentador de la TV chilena, hijo de un
matrimonio de judíos alemanes que llegaron a Chile en 1940 huyendo
de la Segunda Guerra Mundial, entrevista en sus programas nocturnos
a jóvenes soldados argentinos mutilados por una guerra absurda en el
absurdo fin del mundo.
Desde un privilegiado púlpito en la televisión, Pinochet despotrica sus
discursos proclamándose adalid en el exterminio de un cáncer llamado
Marxismo, lavándole el cerebro al hombre de a pie para mezclar en
aquél las corrientes del Comunismo, Socialismo y Marxismo como Partidos Rojos y enemigos mortales, sin posibilidad alguna de conocer y
educarse más allá de su triste y justificada realidad, mas tampoco él
quiere leer ni comprender sobre socialismo. Su miseria necesita culpar
a alguien y tiene al dictador que la provoca, dictándole lo que, convenientemente, debe pensar. El único y humilde pensamiento que él
debe tener, es cuidar el trabajo que tenga, no importa de qué se trate,
ni aunque eso signifique aguantar el mal genio del Jefe. O como se
le decía en ese entonces: Patrón. Palabra cuyo origen viene desde el
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latín “Patronus” (Defensor, Protector), pero que en Chile proviene del
campesinado instruido para dirigirse de esa manera al dueño de una
finca o terreno agrícola: Patrón.

Augusto José Ramón Pinochet Ugarte fue un General y político chileno, Dictador de dicho país en el período comprendido entre 1973 y 1990. Fue designado Comandante en
Jefe del Ejército de Chile el 23 de agosto de 1973 por el presidente Salvador Allende,
en reemplazo del renunciado General Carlos Prats

Año tras año, los niños Mac-Namara viven un severo aislamiento, sin
deporte, esparcimiento, ni viajes; sin siquiera salir de casa durante años,
sólo ida y vuelta del colegio para hundirse en tareas, televisión y libros
ilustrados, transformándose la radio en su más atractiva forma de percibir el mundo.
Explorando una arista positiva, el Canal Católico transmitía algunos
programas sobre espacio, ciencia y cultura. El mejor de todos era “Cosmos”, conducido por el astrónomo y divulgador científico Carl Sagan, y
presentado por un muy peculiar personaje de la televisión chilena, Jorge
Dahm, quien dentro de su introducción dibujaba y describía personajes
históricos, lo que constituía un verdadero bálsamo para quienes sabían
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saborear ambos aportes. A raíz de tal programa, cuya música de fondo
pertenecía en su mayor parte a Johann Sebastian Bach, Víctor desarrolla una especial afinidad por ese gran compositor e intérprete alemán
del período barroco. Canal 7 era más vulgar a través de sus programas
nocturnos, luciendo vedettes al servicio sexual de la dictadura, y Canal 11 tenía por principal gancho comercial a un español insípido, José
“Pepe” Vilar, y su teatro en vivo dirigido a la plebe, comedias de enredos con licencias de suave erotismo, babeadas por una masa reprimida.
Emitiendo también, antes y después, algunos programas británicos tan
dispares como un clásico del humor picante, cual es “The Benny Hill
Show” (Thames Productions) y la miniserie dramática “War and Peace”
(BBC Productions) basada en la clásica novela del escritor ruso León
Tolstói. Canal 5, en cambio, encandilaba a otro nicho, el segmento infantil, emitiendo prácticamente sólo programas de bajo presupuesto que
presentaban los más diversos dibujos animados, mayoritariamente de
origen japonés.
Entonces la enclaustrad existencia de Víctor parece cambiar cuando su
madre logra ahorrar dinero suficiente para trasladarse a otra propiedad
ubicada en un suburbio cercano al aeropuerto de Santiago de Chile.
Hasta allá se mudan junto a su hermana y su tía, pero al mismo tiempo,
se producen esporádicos encuentros con su padre, quien, ante la atónita
mirada de su madre, persiste en su costumbre de golpearlo. A su vez,
él comienza a presentarles varios hermanos que éste ha engendrado a
través del tiempo con diversas mujeres.
Pese a ello, durante esta nueva vida, Víctor comienza a tener amigos y
ser capaz de divertirse jugando. La visible dictadura de Pinochet llega a
su fin tras 17 años y la gente común empieza a obtener “comodidades”
tales como televisores a color, telefonía fija y la posibilidad de celebrar
una barbacoa cada fin de mes, junto con otros pequeños lujos. Aunque
este libro no busca entregar un punto de vista político, es pertinente
hacer notar que en Chile, apenas deja de regir una Dictadura que estaba del lado de las clases acomodadas, asume una Democracia que entrega la esperanza de construir un país con mayor equidad para la gente
común y de origen humilde. Sin hablar profundamente de política, es
indispensable comentar las distintas realidades que en esos tiempos se
veían en las calles y en las casas de los amigos.
A los 12 años de edad, Víctor comienza a trabajar en un Supermer18

cado. A los 13 años comienza a escuchar Metal Underground y forma
su primera banda con rudimentarios instrumentos. A los 14 años tiene
su primera novia. Su vida comienza a verse, de cierta forma, casi independiente, y hasta similar a la de otros chicos de su entorno, quienes
tienen relaciones familiares más cálidas y normales.

En el Colegio. Alrededor de 1991
Dentro de aquel entorno, Víctor dejó atrás a muchos amigos singulares
de su infancia. Niños ladrones que peleaban con cuchillos y a veces pistolas o escopetas hechas artesanalmente. Peleas entre su población y la
vecina con palos y cuchillos, algunas otras divertidas, como luchas organizadas estilo comando con cerbatanas y plumillas o proyectiles con
puntas hechas de agujas. Explorar casas abandonadas y molestar a los
alcohólicos y drogadictos que vivían en ellas. Un chico de 12 años que
sodomizaba a otros varios más pequeños a cambio de juguetes, o ese
otro chico con la cara llena de granos que había sido visto penetrando
a su perra en el patio de la casa. Ir a un basural cercano a cazar renacuajos. La pelea presenciada entre 2 delincuentes y que terminó con uno
de ellos, apodado “El Laucha”, con la mitad de su cara destrozada y
los ojos afuera, agonizando todo el día, mientras frente a él pasaban
niños y policías indiferentes. Un niño que murió por una coz de caballo
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en la cabeza; el papá de unos vecinos que se ahorcó y fue encontrado
muerto cuando aquéllos volvieron del colegio. Y un sinfín de historias
similares.
Así que, cuando el Metal Underground apareció en la vida de Víctor,
éste lo apartó de los otros chicos del barrio. Esa música, compuesta de
melodías tristes, desoladas, bastardas, perdidas o agresivas, sintonizó
con la vida gris experimentada por Víctor. Sus frecuentes caminatas en
solitario por casi todo Santiago, se transformaron en espacio, expresión
y resultado de todo lo que rodeó a su niñez, pero también desde esa
música surge la amistad y los lazos con otros chicos de otros países,
experiencia que amplía a Víctor su conocimiento de la existencia.

20

Capítulo II
Adolescencia y Comunión con el Underground

A los 12 años, escuchando desinteresadamente la música favorita de
sus amigos en el barrio, Víctor descubre a METALLICA y su más antiguo repertorio, casi desconocido para la radio y televisión de la época,
quienes recién se enteran de la existencia de la banda gracias a la constante aparición, vía MTV y algunos breves programas musicales de la
televisión local, del primer videoclip en su historia: “One”; maniobra
de promoción resistida por muchos de sus fans. Además, es su primer
“single” (otro concepto que ponía decididamente incómodos a sus seguidores), proveniente de su cuarta obra “…And Justice For All”, que
tanto homenajeaba a su difunto bajista Cliff Burton, como cerraba la
manera de trabajar, tocar, grabar y sonar que el grupo había tenido hasta
ese entonces. Visto el videoclip de “One”, a Víctor le parece que Metallica es una pandilla de barbones desaliñados tocando un rock algo pesado, pero sin ser superiores a la más atractiva música radial de R.E.O.
SPEEDWAGON, DEF LEPPARD, TANITA TIKARAM, STATUS
QUO o DIRE STRAITS, a quienes escucha con frecuencia. Desde mediados de los ´80 se vive en Chile, radialmente, una invasión de bandas
Glam Metal y AOR (o música “para el adulto joven”, según se oye por
ahí en una que otra emisora local). Así que a Víctor METALLICA sólo
le suena interesante a raíz de sus melodías, más complejas que el Pop
común, y porque sus músicos poseen mayor versatilidad en la interpretación de sus instrumentos; a pesar de que también escucha melodías
más “rockeras” en varios de los ambientes que frecuenta, aquéllas no
significan nada para él. De hecho, no hay mucha música que le interese. Al mismo tiempo, extrañamente para una época prolífica a nivel
pantagruélico en música comercial y desechable, en Chile se encuentra disponible en todas las disquerías, casi al completo, el catálogo en
cassette de la banda inglesa IRON MAIDEN (uno de los cabecillas
de la llamada New Wave Of British Heavy Metal, también conocida
por su sigla NWOBHM, pero fichados discográficamente de conveniente manera asegurando la distribución de EMI International, lo que
obligaba a todas sus subsidiarias seguir tal política) con unos títulos
traducidos al castellano que a veces exhiben una interpretación bastante
peculiar del idioma inglés, rozando lo irrisorio. A Víctor no sólo por
21

aquéllo se vuelve familiar el logotipo de la banda, sino también porque
sus transgresoras imágenes, habitualmente protagonizadas por Eddie,
la mascota del grupo, son ocupadas por delincuentes y drogadictos de
su barrio, en parches y espalderas, como parte de un plan que intimida
al resto de la población, exhibiendo la superioridad de ser ilusamente
capaces de burlar el control y estar por encima de las autoridades, sin
percatarse que es precisamente a ellas a quienes les conviene que crean
eso a pie juntillas; sus básicas mentes de lumpen proletariado, ávidas
de lucro fácil, no se enteran que, financiando en parte la corrupción,
transmiten aún más violencia a un jodido entorno saturado de ella. Muy
a pesar de una mente dispersa y confusa a causa de estos factores, cual
epifanía azarosa, Víctor escucha atentamente en algún momento de los
’80 “Running Free” de IRON MAIDEN y entonces le queda claro para
siempre que preferirá las melodías o ideas musicales de calidad, sin
preocuparse desde cuál estilo musical provengan.
Entonces su mente pergeña un concepto musical, el cual necesita ser
interpretado.
La semilla de una banda que represente sus sentimientos.
Sean cuales sean aquéllos, pues se sabe capaz de expresarlos.
¿Qué dirán los demás?
No importa, pues sólo importa que Víctor se exprese.
Sólo necesita eso.
Expresarse.
Sólo debe tener la paciencia de aquél que necesita, además de una convicción, explorar.
Por otra parte, Víctor sigue descubriendo en el antiguo catálogo de METALLICA grandes y emocionantes canciones, que siente expresadas
como desahogo, en principio, y como un mensaje en la botella, después,
buscando a sus pares en costas invisibles para ellos. Y vaya que hay
pares. Víctor, entre ellos, aún sin saberlo. METALLICA funciona sin
la parasitaria intervención del marketing ostentoso que deslumbra a esa
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época, ni guiado por accesorios, imaginería o moda existente, pero, finalmente, tras la edición de “…And Justice for all” nace una nueva
especie de negocio musical (ligado, sólo según conveniencia de los
ejecutivos discográficos, al posible beneficio de un negocio llamado
“metal”, lo cual termina obnubilándolos… Y qué mejor jugada que abrir el ajedrez con un peón llamado “METALLICA”), ambicioso y ávido
por encontrar el beneficio hasta debajo de las piedras, pero asentado
perfectamente sobre una base de integridad que no se sabe endeble.
Y, para empezar, METALLICA fue la elección perfecta. Pero independiente a ese detalle, Víctor diversifica su contacto social: un amigo lo
invita a integrarse a una nueva especie de tribu urbana, los “Thrashers”, pertenencia que obliga a ciertas reglas de militancia y códigos de
expresión que, al principio, no fueron del gusto de Víctor. Pero a la vez
descubre las ventajas de aquella militancia y el mundo de divertidas
situaciones que se desarrollan a su alrededor, un mundo que la vida real,
aún prostituta de ventas por naturaleza, jamás podría siquiera ofrecerle.
Así que su pensamiento opta por funcionar reflexionando, disfrutando
y estableciendo el siguiente paso a seguir.
Una de esas ventajas es que los Thrashers se reúnen principalmente
en un barrio comercial de la acomodada comuna de Providencia (Santiago, Chile), llamado el Paseo Las Palmas, girando sus vidas al tenor
de comentarios en torno a las novedades metaleras que había importado la tienda de discos “Rock Shop”, intercambio de cassettes, LP’s y
fanzines, sin parecer un movimiento clasista, pues en tal circunstancia
conviven jóvenes de clase alta y jóvenes de clase baja en un mismo espacio. La desventaja de esa ventaja es que, aunque la policía suele pasar
por alto lo que haga la gente de clase acomodada, los Thrashers de clase
baja también ocupan parte de ese protegido hábitat, así pues les desagrada profundamente una presencia que perturba su pulcra concepción
de orden y patria (a menos que el Thrasher tenga un muy visible aspecto
de raza blanca, rubio y ojos de color, preferentemente; si no se responde
a esas características, el apellido también puede conseguir el milagro
de ser pasado por alto durante alguna fiscalización). Así que aplican
una muy arbitraria facultad de ejercer la “detención por sospecha”, por
el solo hecho de vestir, no peinarse y tener una actitud diferente: para
mayor desgracia, obviamente también influye y perjudica el aspecto de
“muchacho de suburbio” y ropa barata que se tenga.
Si no, también puedes ser detenido por beber en la vía pública, cuando
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la policía o la comisión civil (policía disfrazada de gente común o con el
pelo largo y que acostumbra infiltrarse en cualquier clase de grupo público que se forme) hacen redadas sobre las ingestas de alcohol conque
los Thrashers cierran sus reuniones, en Avenida Costanera, al borde del
río Mapocho. La jornada en el calabozo, entonces, es inevitable.
De esta música, a Víctor le atrae, entre otras cosas, que lo hace salir
de su rutinario entorno. Los Thrashers son una supuesta elite (más por
constituir una minoría dueña de cierta información que no le interesa
al común de los mortales, antes que por tener una naturaleza distinta al
resto e igualitaria entre ellos), pero, sinceridad mediante, es también
un movimiento musical que ofrece un oasis con entrada liberada, a las
cosas que no sólo pasan frente a su vida, sino que también la atraviesan
sin ninguna clase de sutileza.
Entonces Víctor comprende que este movimiento musical comparte
muy bien sus necesidades de catarsis energética y ansias de conocimiento. Con un Diccionario Inglés/Español en mano, Víctor traduce
las letras de muchas canciones metaleras y se da cuenta que en ellas
se habla de tópicos poco comunes para la cultura popular: historia,
filosofía, fantasía, creatividad… Así que se siente identificado y cómodo entre aquéllas emocionantes y viscerales expresiones. También
se fascina ante la posibilidad de adquirir algo parecido a souvenir de
colección, aquellos tan atractivos LP’s de vinilo, convertidos en una
especie de trofeos coleccionables, y de carácter muy lúdico para un
adolescente de 13 años; así que Víctor trabaja durante los veranos para
adquirir tal música en ese formato. Además, intercambia correspondencia postal, escrita a mano, con gente del extranjero, compartiendo ese
deseo enorme que existe entre los Thrashers de escuchar más música y
conocer a más agrupaciones, más allá de sus fronteras. Tal avidez da sus
frutos, al enterarse de tribus similares en Polonia, Alemania, Inglaterra,
USA, Brasil, Colombia, Argentina, Malasia, Francia… Comunicándose
entre ellos, según sus posibilidades, con un lenguaje muy honesto y
directo, así como muy especial y sincero (absolutamente distinto al individualismo inculcado por el sistema capitalista neoliberal que sólo
bajo una dictadura como la de Pinochet pudo ser aplicada tan salvaje
y despiadadamente; algo también conocido como “Chile: la tormenta
perfecta para cumplir el sueño de los Chicago Boys”).
Por lo tanto, a su manera, Víctor agradece inconmensurablemente
pertenecer a tal fraternidad, sin tener conciencia de lo que ella significa
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ni significaría. La juventud y las hormonas proclaman ciegas: “Sólo
vive el día como si fuera el último. Sólo relájate y goza.”
En medio de otros compañeros de clase social, Víctor reflexiona acerca
de su constante búsqueda de alguna zona oscura obviada por la autoridad, y sabe que entre los Thrashers la ha encontrado, tanto para obtener
un conocimiento muy distinto al estándar, como, por ende, adoptar una
conducta de vida correspondiente. Sin embargo, los Thrashers de clase
baja, ajenos a ello, continúan hundidos en un mundo que los hace consumir en masa, porque son fabricados, criados y educados para cumplir
algún fin que nunca les dará beneficios personales, sino sólo al sistema,
sino sólo al mismo y mínimo grupo de privilegiados. Peor aún, viven
agobiados por esa autoridad de la que intentan rehuir, que no permite
interrelacionarse con tanta facilidad a gente en minoría y unida por los
mismos intereses.
Pero Víctor, aunque habitante de la clase baja, accede excepcionalmente a algún tipo de educación superior que lo inclina favorablemente
hacia la música, a pesar de haber sido acuñado por el mismo molde con
que se aplasta a los suyos.
En aquel tiempo, Víctor suele dar largas y solitarias caminatas, recorriendo Santiago durante horas, tras decidir no entrar al colegio, a causa
de lo cual, es cambiado varias veces de curso, hasta que finalmente
pierde ese año de estudios.
Entonces Víctor descubre lo mucho que disfruta la falta de compañía.
Por esa misma época, Víctor forma su primera agrupación, en donde
rústicamente ejecuta guitarra acústica amplificada a través de un micrófono y un equipo de música, mientras su amigo Mauricio arma una especie de batería con implementos reciclados. Así equipados, interpretan
temas de PENTAGRAM, SLAYER y ATOMIC AGGRESSOR, pues
más que nada son épocas de experimentación: sólo ver una guitarra
eléctrica o un amplificador “de verdad”, es un lujo inalcanzable para
la realidad de estos chicos de periferia. Ni pensar entonces en poseerlos. La vida urbana se contenta oyendo la música que se es capaz de
conseguir y asistiendo a los primeros y demenciales conciertos en Sala
Lautaro donde se presenta una segunda camada de bandas underground
chilenas: SADISM, ATOMIC AGGRESSOR, PHANTOM, UNHOLY
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WAR, TOTTEN KORPS… También se invitan a bandas extranjeras
como INNER SANCTUM, ANGKOR VAT y se cultiva una alianza con
bandas Punk para armar los shows: generalmente, las entradas cuestan
alrededor de 1€. Víctor asiste a sus primeras fiestas, bebe en exceso y
prueba varias drogas, conductas muy aceptadas en esta cultura underground. Una especie de rito de iniciación que te vuelve superior al resto
de tu generación.
Desde niño, Víctor reconoce el clasismo existente en los ambientes de
trabajo cuyos empleados pertenecen a la clase baja, pero ejercen su
labor en barrios acomodados: como el clásico mando medio que viene
de aquélla, no obstante, al “ascender” inmediatamente reniega de ella,
creyéndose cerca de la clase alta, representada por el mando superior.
Arribismo en vano, pues jamás será integrado a ese círculo, si apenas lo
harán sentir un “empleado mejor considerado por su compromiso con
la empresa” y con uno que otro privilegio para que se sienta diferente
ante sus congéneres. Pero que no pida más, pues no puede ser ni le corresponde. Es de clase inferior y desde allí no se sale, discriminación de
salud y educación mediantes: toda subvención o bono, venga de quien
venga, es un salvavidas de corcho que lo mantendrá a flote, pero nunca
le permitirá ir más allá. Es entonces cuando, en medio del status quo,
se escucha entre superiores un comentario con aura de consejo: “Si hay
que saber controlar a estos indios, no más”, como despectiva manera
de referirse a los empleados. Víctor observa que esas mismas jefaturas
eligen zonas altas y aisladas para vivir, tanto por su falta de identidad y
orgullo de ser híbridos rubios de inmigrantes, como para observar desde
las alturas la urbe que construyen y manejan a su antojo. Víctor también
reconoce la tremenda importancia que representan los apellidos, especialmente entre toda esa gente mayoritariamente descendiente de etnias
eslavas: Zukovic, Luksic, Vodanovic… Cuyos parientes en Europa son,
paradojalmente, gente muy humilde, sencilla y centrada, como más adelante lo comprueba en persona.
En un momento indefinido por el trauma, pero a través del cual Víctor
ya ha vivido 14 años, una medianoche irrumpe el padre en su habitación, dispuesto a quitarle todos sus discos y quemarlos. El exaltado
progenitor, fundamentalista creyente religioso, menciona que tal música baja el rendimiento escolar de Víctor, y además, claro, le molesta el
carácter diabólico y negativo de ella: obstinado, declama que aquéllo lo
lleva por el mal camino. Pero, por primera vez en su vida, la madre de
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Víctor no sólo se atraviesa entre ambos y lo enfrenta, sino que lo obliga
a retirarse.
Por eso Víctor debe configurar su mente hacia 1992, distraerla, para
mejor recordar pugnas de poder cuando el cardenal de la Iglesia Católica, Jorge Medina Estévez, logra que la clase política chilena prohíba
la entrada de IRON MAIDEN al país. Desde su posición en la Iglesia
Católica, este cardenal, partidario N°1 del dictador Augusto Pinochet,
en respuesta a los reclamos democráticos del pueblo, es capaz de afirmar sandeces tales como: “Dios en ninguna parte dijo que la democracia debía venir de inmediato”. De resultas, quienes se rebelan en contra
del “gobierno militar”, están en contra de los designios de Dios; añadiendo, en este caso, que IRON MAIDEN ataca a la cristiandad y los
valores católicos del pueblo de Chile: ellos (y de paso sus colegas) son
malévolos, perversos y desean destruir a la juventud chilena.

dibujo representativo de la situación ocurrida en 1992

Ante una complaciente autoridad demócrata cristiana, obviamente obligada por sus propias raíces religiosas y su hipócrita personalidad, a
permear esa clase de absurdos comentarios, una marcha de Thrashers
en contra de tal determinación tiene apenas un significado testimonial.
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A raíz de este ridículo incidente, Bruce Dickinson termina calificando
a Chile como “un país medieval”. Igualmente intenta arribar a nuestro
territorio, sólo para saludar a sus fans, pero desiste de aquéllo a sugerencia del propio Primer Ministro de Inglaterra, John Major.
******

La mayor parte de su enseñanza secundaria Víctor la cursa en un colegio religioso, desde donde luego se dirige a cementerios para escuchar bandas underground como NIHILIST, FATAL, INVOCATOR,
EXMORTIS o NUCLEAR DEATH. Beber en cementerios, y a veces
profanar tumbas, forma parte de sus experiencias juveniles, unas veces
en compañía de amigos Thrashers y otras veces en completa y reconfortante soledad.
Son los años del retorno a la democracia, a comienzos de la década de
los ’90, una democracia tutelada por las FF.AA., en donde el perro Pinochet simula dejar el poder, abandonando la Casa de Gobierno para instalarse como senador designado en el Congreso. Muchos desean creer
que vienen tiempos de paz y convivencia civilizada, sin la habitual
represión policial en las calles. La apertura en las políticas de comercio
exterior propicia la importación de autos rusos, marca LADA, ofrecidos
a bajos precios y con facilidades de pago para que varios ilusos ingresen
por voluntad propia a esa fábrica de esclavos llamada “Crédito”, creyendo que emprenden un trabajo propio como taxistas o explotando a sus
pares como choferes. Unos pocos vecinos de clase baja, habitantes de la
periferia, logran tener lujos como un teléfono de red fija y televisión a
color. Y en todo ese suburbio, sólo una familia se da el lujo de ser dueña
de un vehículo, aunque siempre de segunda mano.
Aparecen las primeras universidades privadas y la gente acomodada o
aquélla que fracasa en la P.A.A. (Prueba de Aptitud Académica, un test
previo que sirve de embudo a la intención de ocupar las planificadamente escasas vacantes disponibles en las universidades tradicionales),
pero tiene recursos para solventar tal educación, se matricula en ellas. Las universidades estatales, de mayor prestigio, exigen a sus postulantes examen de admisión y buenas calificaciones en los estudios
secundarios, para mantener así su nivel de excelencia.
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Muchas parejas de clase baja que deciden casarse en los ’80 y comienzos de los ’90, arman una pieza básica en los patios traseros de la casa
de sus padres o simplemente deben acomodarse dentro de esos mismos
hogares parentales, viviendo como allegados. Tener una casa propia es
un lujo, ya que los bajos sueldos están hechos para propiciar el negocio del crédito, principal alimentador del capital, así que el dinero sólo
alcanza para lo justo: cuentas, comida y transporte público. La gente
que tiene refrigerador puede comprar carne de pollo y vacuno, un lujo
en tiempos de dictadura, pero también debe mantener la costumbre de
comprar en el almacén del barrio, harina, azúcar y aceite, por cantidades menores a medio kilo para ahorrar dinero.
Durante los ’80, Víctor, como la gran mayoría de la población, vive una
época de carencia y humildad sometida, mientras se obliga a ver en el
Canal Católico de Televisión vidas de chilenos acomodados a través
de teleseries y existencias de ensueño, en donde se muestra gente con
telefonía fija, que viaja a otros países en avión y se transporta en un vehículo propio nuevo. A través de la Televisión de esa época, se inculca
principalmente cultura estadounidense, instalándola en la mente de la
mayoría de los televidentes como una aspiración cultural a tener en
cuenta, que ideologiza y adoctrina sus mentes en ese entonces y hasta el
día de hoy. En los ’90, la clase trabajadora comienza a tener más acceso
a bienes, que no a lujos, pero erróneamente se percibe una mayor libertad para vivir una vida más “normal”, sin captar la sutil ironía de que la
esclavitud a la deuda, constituye la devolución al capital de aquello que
reciben como sueldo, esa brutal ilusión de que algo les pertenece. Esclavos no sólo incapaces de enterarse de su condición, sino que además
sus programados cerebros creen estar viviendo “la vida correcta” que
todo el entorno del capital les inculca como cierto, tanto en metas como
en resignación.

“Que nunca jamás tu sueldo alcance para comprar al contado”, es el
lema sempiterno del capital. Que todos los demás carguemos deudas
e intereses por el resto de nuestras putas vidas, es el sostén de su puto
bienestar.
En cierto momento, los muchachos del barrio que con tanto ahínco estimularon el paladar metalero de Víctor, olvidan esa tendencia musical
como quien abandona una moda, pero él continúa asistiendo solitariamente a conciertos y tiendas underground para comprar música y re29

vistas. Además, diariamente practica con una guitarra acústica y trabaja
todos los veranos para financiar sus gustos.
A veces, Víctor es encarcelado en las comisarías de policía sólo por el
hecho de tener el pelo largo, a veces sólo por el hecho de beber alcohol
en la calle. Para una autoridad fascista, la “sospecha” justifica cualquier
clase de detención arbitraria. La policía chilena es una escoria impune
y burlesca.
Una noche de invierno, por beber más de la cuenta con algunos amigos, Víctor se queda dormido en un rincón oscuro de la calle, siendo
despertado por unos ladrones, quienes le clavan sólo la punta de sus
puñales en el tórax, ataque conocido en Chile como “puntazos”. Víctor
se arrastra como puede y llega a un hospital, en donde es atendido y sus
heridas suturadas. Una vivencia que se agrega a todo un catálogo de
relatos luego comentados en conversaciones grupales con otros colegas
del movimiento.
Apenas se gradúa de la enseñanza secundaria, Víctor trabaja y ahorra
todo 1 año para comprarse su primer instrumento eléctrico: un bajo.
Víctor piensa que los instrumentos musicales son piezas glamorosas
que entregan cierto status, pero también se divierte tocándolos. Entonces Víctor se incorpora a una banda de Santiago llamada HOMICIDE,
asiste a los ensayos con un estuche hecho de cartón y se consigue amplificadores. Para él, una experiencia a todas luces enriquecedora.
En un oasis dentro de 1992, sin dictadura ni militares atentos a la situación, llega por primera vez a Chile una banda underground de completo interés para la tribu metalera chilena: los alemanes KREATOR.
El evento desata una locura entre ellos y Víctor reúne dinero para el
ticket de entrada vendiendo varios discos y pertenencias. El show de
los germanos dura sólo 30 minutos, ya que la asistencia comienza a
arruinarlo todo, escupiendo, subiéndose al escenario y lanzando desde
las galerías los tablones habilitados como asientos. De todas maneras,
el evento resulta increíble, simplemente por reunir a toda esa tribu subterránea. Un evento de elite, ya que a este concierto de KREATOR no
asisten seguidores de música mainstream o heavy metal o corrientes
externas al metal underground; como hoy en día, donde la música underground no tiene el valor de antes, el de buscar sin descanso hasta
encontrar y apreciar una joya sonora que parece estar ahí sólo para algunos elegidos. Ahora, todos aquellos que tocan esta música estridente,
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buscan, de cierta forma, ser masivos. Y lo masivo, agregado como ingrediente a esta clase de música, acarrea que muchos de tales grupos
parezcan bandas Pop con una guitarra distorsionada, mostrando su ira
juvenil a través de lindos instrumentos, lindos tatuajes y lo cool que
se visten, perdiendo el mensaje, la voz, lo auténtico y lo interesante
de las melodías salvajes. La tendencia musical se vuelve un contar de
compases complejos a lo MESHUGGAH. El respaldo en el trono de
las nuevas generaciones lleva inscrito: “Aquí estamos, este es nuestro
espacio”, creyendo que así vivirán por siempre, hasta que quizás se
enteren de su error cuando estén hundidos en un trabajo y vean que
aquéllo estimulando sus endorfinas sólo fue el soundtrack de su ilusa
juventud. Desde allí en adelante, con suerte podrán asistir, tras un arduo
día de trabajo y dependiendo del turno asignado, a celebrar los muchos
años de METALLICA.
En años pasados, el hecho de ser un seguidor era bastante emocionante,
tan sólo por coleccionar música. Más adelante, lo divertido de tocar
música es que, siendo aún fan del estilo, uno se transforma en referente.
Todo comienza con ver algo fascinante, un estilo de vida aspiracional
que llena cualquier necesidad de pertenencia, sometiéndose a trabajar
en equipo u ocupando mano de hierro, aplicando códigos compartidos,
debatir ideas y puntos de vista, intentando crear una camaradería universal. Todo ello a cambio de un estado de bienestar, al ser parte de una
unidad, sonora, en este caso. Soportar buen humor y mal humor, buenas
experiencias y malas experiencias, al parecer de manera gratuita, pero,
al final del día se busca siempre un objetivo común e indefectible.
Expresión.

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bién es artista visual en Dresden. Ella nos lleva al próximo show en el
“Skullcrusher Festival” de su ciudad.

THORNAFIRE en el festival indoor, “Skullcrusher Fest”, Dresden,
Alemania (Octubre, 2014)

Capítulo XVII
Sodom & Thornafire
Todo comenzó cuando llegamos a Dresden, en la mítica van de Conny Cobra, para presentarnos en el “Skullcrusher Fest” (“Metalfestival
für krebskranke Kinder”). Nos alojamos en un cómodo hotel cuyos
dueños, dos corpulentos alemanes de mediana edad, no despiertan ninguna sospecha. A nosotros sólo nos importa lo privilegiada de nuestra
ubicación: 20 minutos a pie hasta el club. Enni (Enrico Enni Haagen),
amabilísimo, me asigna un amplio y comodísimo cuarto de una cama
para que lo comparta con Marli, también amiga de Enni. El cuarto de al
lado con 2 camas se lo asigna a Paul y Nicolás.
Pocas horas antes del show, Enni invita a THORNAFIRE al bar del hotel. El hombre es muy gracioso y cuenta millones de historias; hasta imita el acento holandés, entre un montón de gracias. Luego de regalarle
un clásico spirit chileno, (Pisco Mistral de 46°), y beber un largo primer
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trago, Enni graciosamente nos comenta que a uno de los dueños del
hotel le gusta el baterista de THORNAFIRE y que cómo podía hacer
para acostarse con él. Todos nos reímos a carcajadas, excepto, claro,
Nicolás. Luego me levanto, obviando tal consulta, anunciando nuestra
partida al show, pero Enni exclama: “¡No! ¡Debemos beber 2 rondas
más!”, lo cual me confunde más que el alcohol consumido; lo dicho va
en contra de una de las reglas de oro alemanas: la puntualidad. Incapaces de salir de nuestro asombro, Enni simplemente pide unos Weißbier Mojito y sigue contando sus graciosas anécdotas, hasta que en un
momento de escasa, pero bien aprovechada lucidez, dentro de nuestro
estado etílico, dejamos la mesa del bar del hotel.
Enni se queda entretenido contándole chistes a unos tipos con típico
look de alemán del Este, luciendo el corte de pelo ochentero del futbolista Rudi Völler.
Y llegamos atrasados al club.
Nos recibe René Kögel, de PURGATORY, stage manager ese día, y con
razón nos esputa: “Unprofessional bastards!” Nos colocamos los instrumentos y hacemos nuestro show, el cual resulta bastante potente. Algunos todavía recuerdan esa performance, como la fotógrafa Fani Nadki
y Mario Grimmer. Salimos demolidos físicamente: nos tomó unos 20
minutos recobrar el aliento. Apenas puedo levantarme para ir a atender
la venta de mercancía, y luego volvemos al hotel. Al día siguiente, ya
despierto, me dirijo al cuarto de Paul y Nicolás, abro la puerta y me
golpea un fuerte hálito alcohólico. Obviamente, no es una atmósfera
desconocida para mí, así que no me sorprende, sólo me despabila lo
suficiente como para observar que, desde un bolsillo del pantalón de
Paul, se derrama una buena cantidad de tabaco.
Dentro de una memoria confusa, tal detalle, aunque lo recuerdo y racionalizo, en ese momento, carece de toda importancia para mí.
Ya veremos después.
Conny nos pasa a buscar para llevarnos a la desolada y cuadrada ciudad
de Chemnitz, en Sajonia, para el próximo show organizado por Michael
Morgenstern. Llegamos al histórico complejo industrial “Sächsische
Maschinenfabrik”, construido en 1839 para hacer máquinas de vapor,
ocupada en la primera guerra mundial, y bombardeada durante la se96

gunda. Luego usada por la RDA para hacer máquinas hiladoras hasta
que debió cerrar en 1998. Tal instalación, aún cuenta con una pequeña
sala de eventos, antaño recinto hospitalario, por lo que conserva su denominación de origen: “Sanitätsstelle”. El show resulta perfecto, pero
cuando finalmente vamos a dormir en una casa okupa que funciona
como hotel, recuerdo que pernoctar en esa clase de viviendas no es
bien visto en Alemania del Oeste, acostumbrados sus habitantes a cierto
standard de higiene. Así que Conny prefiere quedarse en las literas del
furgón con su novio y pasarnos a buscar al día siguiente.
Mientras tanto, Enni llama a Michael y le dice que no nos pague el
show, ya que el dinero será usado para pagar la limpieza del cuarto de
Paul y Nicolás. ¿Qué? SODOM lo usó al día siguiente y, según palabras
del administrador del hotel, así como de los mismos SODOM: “Los
chilenos dejaron las camas con excrementos”. Como un flashazo se atraviesa frente a mi vista una escena de tabaco derramado. Aquello circuló como desagradable comentario dentro del underground metalero
de Alemania del Este durante unos cuantos días.

La banda SODOM, de Alemania, con la cual THORNAFIRE tiene una
anécdota el 2014

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Víctor Mac-Namara y Paul Callahan, a la salida del Hotel Casa
Okupa (Octubre, 2014)
Luego paso algunos días libres con Marli en Bremen, y desde allí vamos juntos al show de Hamburgo. El pequeño tour continúa en Wermelskirchen, cerca de Colonia, para al otro día partir a París, sin el baterista
Nicolás Paganni, quien va a visitar a algunos amigos en otra ciudad de
Alemania. Paul y yo seguimos a Francia para conocer un poco, alojando unos días con Nicolas Lukacovic en casa de Jesica Rozanes, organizadora del festival parisino “Fall of Summer”, donde vivimos un
montón de divertidas situaciones.

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Víctor Mac-Namara frente a la Torre Eiffel, Paris, Francia
(Octubre, 2014)
El pequeño tour sigue con una fecha en Montpellier, Francia y termina
en Leipzig con Nicolás Paganni abandonando la banda sin despedirse,
ya que, según sus palabras, desea probar suerte tocando en alguna banda europea.
Más curtido, vuelvo a Chile para hundirme nuevamente en mi trabajo y
una vida normal, ya con proyectos como un asilo de ancianos, y otros
parecidos, arrojados a la basura. Así que debo planificar otra clase de alternativas que requieran una baja inversión, pero eso hace el panorama
bastante incierto.
El 2015 lanzamos el disco en vivo con el show en Berlín, principalmente en Chile y Sudamérica. Lentamente, comienzo a escribir nueva
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música y agendar con un año de anticipación, como siempre, una nueva
gira por Europa. Sorpresivamente, Nicolás Paganni vuelve a Chile, preguntándome (como si nada de lo que sucedió, hubiera sucedido) cuándo
ensaya THORNAFIRE.

Capítulo XVIII
Tercer Tour Sudamericano: Resentimiento es el
nombre del tango
Durante ese mismo año, llevando una vida sin mayores cambios ni vicisitudes, a la par del tour europeo que ya estoy planificando, agendo
para Junio un tercer tour por Argentina y Uruguay.
Pocos días antes del viaje a Argentina, Chile había obtenido su primera
Copa América, derrotando a ese país en la final. A mí no me importa,
no soy fanático del fútbol, pero es mundialmente conocido que los argentinos sí son extremadamente fanáticos. Viajo con Nicolás Paganni y,
como siempre, se me pasa la mano con el alcohol arriba del avión. Así
llegamos al Aeropuerto de Ezeiza en Buenos Aires, Argentina.
Una vez desembarcando, y tras pasar el control de pasaporte, el oficial,
algo simpático, me pregunta cuál es la razón de la visita. Le respondo
que vengo de fiesta a Argentina. El oficial, algo abrumado, pero manteniendo la simpatía, me timbra el pasaporte, haciendo mi entrada oficial a territorio argentino.
Sin embargo, al dirigirme con mi maleta hacia la salida del Aeropuerto,
una rubia teñida, de mediana estatura, me ataja del brazo y me dice:
“Vos no vas a entrar a Argentina”. La mujer está muy alterada y llama
a un superior. Creo que escuchar la palabra “fiesta” pronunciada por un
chileno, la perturbó: ¿acaso un chileno osaba festinar en Argentina la
obtención de la Copa América por parte de su selección de fútbol? “Inconcebible”, debe haber pensado ella. Junto con tal superior, me llevan
a una sucia sala donde un tipo flaco toma mis datos. Cuando pregunto
cuál es el problema, el tipo no responde. Simplemente se retira y tras
él aparece un señor haciéndose el simpático, quien me explica que sólo
están recopilando información y ya me darán acceso al país. Lo que aún
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no sé, es que los argentinos tienen pésimo carácter y buscan ensañarse
de alguna forma conmigo, sólo porque la selección de fútbol de mi país
venció a la selección de fútbol de su país.
Así que simplemente ganan tiempo mientras encuentran la manera de
joderme.
Me dejan con un gendarme del Aeropuerto, quien comienza a hablarme
de su vida, como que su sueldo no le alcanza para nada, que todos los
argentinos están de bronca con los chilenos, que vio el partido de fútbol y, finalmente, recalca su vehemente deseo de meterles las banderas
chilenas por el ano a mis compatriotas. Pasan las horas y llega otro
gendarme que habla exactamente de lo mismo; lo mal que lo pasa en
Argentina, la sencilla vida que tiene con su pareja y el dinero que no
alcanza para nada.
Olvidando que los argentinos son conocidos por no ser de gustos muy
rudos en metal, reproduzco a DEICIDE en mi CD Player. “Apaga esa
mierda”, espeta el tipo.
En cierto momento me dejan contactar a Estela Flores, amiga y ex novia que está en Buenos Aires, para que interceda por mí. Ella habla
con algunos oficiales del aeropuerto y éstos me calumnian diciéndole
que fui “un animal desgraciado y agresivo”. Estela les cree a ellos y
me llama llorando, reclamando explicaciones, preguntando qué clase
de persona era yo y que finalmente le entristecía haber sido mi amiga,
pues los oficiales le dijeron que era un Charles Manson reencarnado…
(Risas grabadas, por favor. Gracias.)
Así me doy cuenta de la mentalidad argentina. Sé que no es bueno hablar
de clichés o estereotipos acerca de otras naciones, y sé aún mejor que no
es bueno hablarlo en público (pues despierta sensibilidades, claro está),
pero existe mucha gente que conoce, de verdad, las diferencias culturales entre habitantes de distintos países. En mi opinión, los argentinos,
que tanto se vanaglorian de sus raíces italianas, desprecian sus raíces
nativas prehispánicas, dando preponderancia a aquella herencia italiana
que los vuelve descarados y mafiosos en su manera de actuar, en vez de
honrar una herencia italiana noble y digna que también existe.
Esperando nada, llega el organizador del festival, quien le declara a los
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oficiales que vengo a tocar música. Craso error. Éstos aprovechan la
información para deportarme por 90 días. Lo peor de todo, es observar
cómo se coluden los argentinos para, en este caso, un propósito tan
infantil como es la revancha barata por una final de fútbol perdida. Me
devuelven en un vuelo a las 11:00 horas y llego a Santiago a la 01:00
horas. Los demás miembros viajan a Argentina realizando el show
apoyados por un hacking track de guitarra y perdiendo el show en Montevideo, Uruguay, por culpa de Paul, quien llega tarde a tomar el ferry.
De repente, Nicolás Paganni comienza a ladrar por internet, acusándome de ser un pendenciero. “¡Donde te encuentre te volaré los dientes!”, le respondo. Nicolás, asustado, escribe a su círculo de amigos
para protegerse de mí. Pero de hecho, la banda no supo nada más de él.
Recluto a Tomas García, y porfiadamente, para dejar saldado de cierta
forma el viaje a Argentina, más un favor que me hace Paul, THORNAFIRE asiste en Noviembre al festival “Criminal Metal Camp”
organizado por quien será en el futuro un buen amigo mío: Jeremías
Smith, de MORTUORIAL ECLIPSE. A duras penas atravesamos la
frontera de los Andes, ya que un oficial ve mi registro, pero el conductor del vehículo, quien trabaja conmigo en la casa de remates, suaviza
las cosas. Al llegar a Mendoza para encontrarme con mi amiga Lorena
D’Amico, hacemos un poco de fiesta, y enfilamos hacia el festival.
Varias veces durante el camino somos detenidos por gendarmes argentinos, exigiendo un aporte para la institución; la primera vez como
200€, de los cuales el conductor les paga 70€, y así sucesivamente. Nos
damos cuenta, entonces, cómo las instituciones argentinas abusan del
uniforme, algo muy distinto a lo vivido en otros países de Europa.
El show en el “Criminal Metal Fest” es un éxito y THORNAFIRE pasa
ese fin de semana entre barbacoas y fiesta. Por otro lado casi nos matamos viajando por la carretera, cuando se queda dormido el conductor.
Ya de vuelta en Santiago, afino los últimos detalles para retornar a Europa el año 2016. Las nuevas canciones tardan en ser compuestas, pues
no hay ningún apuro: aún siguen lanzándose videos para promocionar
el costoso CD “Magnaa”.

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Capítulo XIX
2016: Cuarto Avance: The Mystical Past comes
alive
El nombre de la nueva gira hace alusión al oscuro videojuego “Quake
1”, y aún promociona “Magnaa”. Para esta gira recluto a Andrés Arancibia como bajista cantante. Los constantes cambios de integrantes,
como ya lo he mencionado, son a causa de que, por lo general, los
chilenos pueden viajar una sola vez a Europa, por curiosidad. Pero ya
de vuelta a Chile, cuando busco la continuidad musical de la banda,
la gente se excusa diciendo que no puede comprometerse con THORNAFIRE ni menos viajar, ya que les causa conflicto en sus trabajos y
con sus novias.
Para este viaje, colabora activamente el manager de ese entonces, Sergio Godoy, así que viajamos con un iluminador y un sonidista, un lujo
totalmente inesperado. El iluminador, Fredy Muñoz, me comenta que
podría escribir una bitácora del viaje y editar un libro, lo cual resulta ser
un germen de inspiración para lo que estás leyendo.
Al no tener suficiente dinero, como siempre, los planes van modificándose día a día, sin suficiente seguridad de poder llevar esta música
chilena a territorio europeo.
También elijo constantemente ese continente, ya que, de una u otra
manera, conozco a los promotores, sellos y gente involucrada en la
música. Además, Europa tiene una forma más clásica y de cierta manera conservadora, de preservar su cultura en el underground, lo cual se
acomoda mejor a la esencia de THORNAFIRE. Estados Unidos, el cual
está, culturalmente en lo social, más cercano a Chile, después de los
años ‘90 sufre una invasión de metal mezclado con hip-hop, con bandas
como KORN, SLIPKNOT, COAL CHAMBER, LIMP BIZKIT, MACHINE HEAD y hasta un renovado SEPULTURA; música que se preocupa de ser accesible y con una intención algo distorsionada de integrar
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la cultura hip hop de gangster o músico callejero, expresando vivencias
cotidianas alejadas de lo que significa el underground. Una clase de
ética (la del underground) que, incluso hasta el día de hoy, mantiene
un exponente tan corporativo del metal como IRON MAIDEN, quien
aún continúa explorando su interés por analizar a la humanidad desde
un punto de vista histórico, junto a otros tópicos interesantes, lo que va
renovando su propuesta musical, sin que dejen de oírse, entre líneas, sus
raíces. Mantienen una identidad. Una identidad audiblemente reconocible. Pero aquel “Nü Metal” sólo busca vender más discos, lo cual hace
que estilos más viscerales, como el Death Metal, pierdan intensidad, no
por sí mismos, sino porque se encuentran dentro de un ambiente contaminado por esa propuesta de masas. También es relevante entonces
saber que Estados Unidos, siendo un país tan próspero y extenso, apenas tiene 2 o 3 festivales dedicados a la música underground. En Europa existen al menos unos 70 u 80 festivales, concentrando Alemania
la mayoría de ellos, albergando unos 40 eventos al año.
Esta nueva gira de THORNAFIRE visita nuevos y atractivos países,
como Gales, Inglaterra e Irlanda. Además, a modo de retribución y
agradecimiento, organizo, agregando a MORTUORIAL ECLIPSE, un
tour por Polonia, lo cual hace de esta aventura, una experiencia aún más
interesante.
Continúo, entonces, disfrutando de lo afortunado que soy, viviendo de
tal manera, gracias al Metal.

104

Cuarto tour por Europa (Agosto - Septiembre 2016)
Al mismo tiempo, inquieto, busco posibles salidas a la rutina postulando varios proyectos a fondos gubernamentales. Uno de esos proyectos, enviado al Consejo de la Cultura y las Artes, es la realización de
un cortometraje animado cuya banda sonora, relacionada con la cultura
rock, motive a los niños a la ejecución de instrumentos. Otro, enviado
al SERCOTEC (Servicio de Cooperación Técnica), consiste en abrir
una tienda de alimentos para mascotas. Todo ello mientras trabajo regu105

larmente, ensayo con la banda y organizo el tour. Toda una vorágine de
ansiedad desatada.
Ese mismo año soy invitado por Sebastián Muñoz, a ser parte de la Corporación Cultural CIDA, institución en la cual se intentan aprovechar
las experiencias en gestión de todos los involucrados en pos de crear
una empresa de promoción cultural para Chile y toda la región.
Llega la hora de partir a la gira, lo cual siempre es una locura. Primero
viajamos el baterista Tomás García y yo, arribando al Aeropuerto “Heathrow” de Londres. Ese año los ingleses votaron a favor del Brexit, lo
cual significa la salida del Reino Unido de la Unión Europea, así que
circulan comentarios de que el control inmigratorio en Londres es más
severo.
Me preocupo entonces de tener todo en orden: dinero en las tarjetas,
reserva en un hostal para el primer día en Londres, en el Rest Up, cerca
de la estación “Elephant and Castle”, más una carta de invitación de
Lee Dowling de Nottingham como salvoconducto a usar en el Aeropuerto, en caso de alguna pregunta incómoda. Antes hacemos escala sin
problema en el Aeropuerto “Charles de Gaulle” de París, pero ya en
“Heathrow”, en la fila para pasar la policía de inmigración, los agentes
de control se dan cuenta que venimos juntos, por lo que endurecen su
actitud y nos retienen, haciendo demasiadas preguntas. Finalmente deciden trasladarnos a una sala de espera para revisar los equipajes de
carga. Allí llegan 2 policías, uno con turbante árabe y el otro un inglés
promedio. Revisan la guitarra, los discos de THORNAFIRE y nos preguntan a qué venimos, si venimos a tocar música. Nosotros declaramos
que venimos de vacaciones a tocar un poco en casa de amigos y que
los discos son de una banda de la cual somos fanáticos. Lo gracioso
es que aparezco en las fotos de los discos, y cuando ellos despliegan
el Back Drop de 6x2 metros, con el logotipo de THORNAFIRE, tan
sólo explicamos que somos megafans de aquella banda. La situación se
vuelve tan insólita como absurda, así que los policías repiten preguntas y revisan los equipajes dos veces más. Nos retienen alrededor de
5 horas hasta que llega una mujer policía informando que la gente del
aeropuerto está reunida viendo el caso y en 20 minutos más sabremos el
veredicto. Efectivamente, 20 minutos más tarde, llega un policía pelirrojo exclamando groserías con un júbilo inesperado, dado el trato que
nos habían dado, para informar que ingresamos a Inglaterra, haciendo
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el signo de “horns up” con la mano derecha, sonriendo y pronunciando:
“Heavy Metal”. Lo observo incrédulo, pero le sonrío, queriendo creer
que todo ha terminado y además teníamos un aliado entre los enemigos. Se lo comento a Tomás, pero no entiende mucho. Así que sólo le
explico que debemos irnos lo más pronto posible del aeropuerto, antes
de que alguien se arrepienta; intentando controlar mis nervios exacerbados, tomamos 2 carros de servicio, desde el aeropuerto a la zona de
paraderos de buses. Allí recién logramos respirar con algo de relajo, tras
una experiencia tan tensa. Compramos una tarjeta Oyster que nos lleva
en metro hasta el ya reservado hostal cercano a la estación “Elephant
and Castle”. Hostal, que nos recibe en un gran cuarto con capacidad
para 15 personas. Pero ya sé que en estos viajes lo que importa es el
agua caliente y un lugar seguro en donde dormir: lo primero que hago
es darme una larga ducha… Luego salimos a caminar un poco por el
barrio, visitando el famoso Big Ben y el Palacio Westminster, a sólo 30
minutos a pie desde nuestro alojamiento. La ciudad se ve amistosa y
agradable. Los londinenses, bastante civilizados, no suelen fijar la mirada entre ellos, como sí sucede en otras ciudades europeas. Londres es
una mezcla entre el mundo antiguo y el mundo moderno, con muchos
monumentos exhibiendo frases de Churchill relacionadas a la Segunda
Guerra Mundial.
Es la primera visita de THORNAFIRE a Inglaterra, y Londres es la
capital de la videovigilancia. El constante visionado de las grabaciones
que captan innumerables cámaras instaladas en la capital británica, constituye un pilar fundamental en muchas de las investigaciones de Scotland Yard. En una ciudad donde la policía, rutinariamente, va desprovista de armas de fuego, la videovigilancia por circuito cerrado (CCTV)
se ha convertido en “un sistema muy eficiente y valioso”, gracias al
cual varios delincuentes son detenidos, según informa jubilosamente
su gobierno.
Al caminar por las oscuras calles de Londres, observo antiguos locales
descuidados, y a través de las tenues ventanas de las casas, gente que a
las 22:00 horas se prepara para dormir. Una hora más tarde no quedan
muchos transeúntes y observo deambular a un número creciente de grupos de gente de color. Observo muchas capillas medievales, o de épocas
posteriores, empotradas en pequeñas esquinas; antiguos cementerios
cuyas puertas abiertas invitan sempiternamente al conocimiento… La
vida en Londres es cara, y el tránsito al revés, me produce más de al107

guna sorpresa que casi termina en accidente fatal. También probamos
el “Fish and Chips” (“Pescado frito con papas fritas”), plato sencillo y
callejero típico de Inglaterra, por tan sólo 10 pounds.
Continuamos caminando hasta un pequeño mercado, en donde compramos cervezas, y volvemos al hostal. Yo me instalo en el hall para trabajar desde mi computador en los proyectos del Ministerio de Cultura,
mientras Tomás aprovecha un tour de juerga organizado por el “Crawl
Pub”.
Dos días más tarde llega Andrés Arancibia, así que viajamos en tren hacia Neath (Gales) para actuar en el show organizado por Gavin Davies.
Luego seguimos hasta la estación central de Nottingham para juntarnos
con Matías Ascui (Sonidista). Ahí también espero a mi amigo, el guitarrista Lee Dowling; algo impaciente, de repente mi vista cae indiferente
sobre el caminar de un chico Crust, sin percatarme que era el mismísimo Lee. Entonces nos dirigimos raudamente a nuestra presentación en
el festival “The Hole in the Wall”. Los pubs y locales abren en la tarde
y cierran entre las 22:00 a 23:00 horas, tal y como lo había oído en la
radio, años atrás, a través de la experiencia de un chico metalhead que
viajó a Britania.
Así que, bajando del escenario, vamos a la casa de unos amigos de
Lee, tan sólo 20 minutos a pie, pero acarreando equipos igual se hace
pesado. Ya en la meta, finalmente compramos muchas cervezas en las
tabaquerías, generalmente atendidas por marroquíes. Tras quedarnos algunos días en Nottingham, partimos a Irlanda vía tren y ferry.

108

THORNAFIRE en Londres (Agosto, 2016)
En Dublín se nos une Fredy Muñoz (Iluminador) y permanecemos allí
un par de días, alojando en el bohemio y tradicional barrio de Temple
Bar, a orillas del río Liffey. En cierto momento, sin proponérmelo, contemplo con ojos extasiados una Irlanda del Sur, donde ahora circula
el euro, pero cuyo antiguo aspecto aún testimonia ser la República de
Irlanda que mi abuelo, José Víctor Mac-Namara, gustaba visitar.
Allí pasan a buscarnos los dos hermanos Reihill para llevarnos al festival “Monsters of Rot”, sobre el cual hablé primero con Alan Averill,
de PRIMORDIAL, y luego terminé amistosamente el trato con Aidan
(Aidy) Reihill, hacía ya un año. Con ellos viajamos unas 3 horas desde
Sur a Norte hasta Fermanagh. Irlanda mide 420 kilómetros de longitud
por 320 kilómetros de ancho, un pequeño territorio, como todos los
países europeos. En comparación, Chile mide unos 4.300 kilómetros de
longitud por un ancho máximo de 445 kilómetros y un ancho mínimo
de 90 kilómetros. Al llegar, organizamos una barbacoa sin Aidy, pues
debía cumplir su labor como encargado del festival. Para compensarlo,
tras tocar al día siguiente, nos quedamos algunos días en su casa. Tanto
es el cariño, que toda su familia nos va a dejar al puerto de Belfast,
desde donde dirigimos rumbo hacia el norte de Alemania para, vía ferroviaria, arribar a Barth, ciudad que limita con el Mar Báltico. En medio de aquéllo, cuando conozco al dueño del Festival “Heiko Fritz”, y
me cuenta que su estilo de vida es absolutamente Vikingo, aprovecho
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de consultarle sobre algunos hechos históricos que, amistosamente, me
ayuda a comprender.
Existen tantas historias e ideas circulando en Europa, compartidas de
manera tan cotidiana (como pienso debe ser) que, aparte de la música,
el continente se transforma en una experiencia absolutamente interesante para mí.

Show en“Barther Metal Fest” (Agosto del 2016)

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Heiko Fritz jefe del Barther Metal Fest
Desde el Norte viajamos en trenes alemanes y luego hacemos transbordo
a los ÖBB, “Österreichische Bundesbahnen” (Ferrocarriles Federales
Austríacos) para volver a Suben (Austria), en el marco del “Headbangers Desaster Festival”, tras 6 años de ausencia. Pese a tal paréntesis,
mi idioma alemán ha mejorado lo suficiente como para comunicarme
exitosamente con conductores de taxis, informales recepcionistas de
hostales y otras clases de extravagantes mortales.

Show en el Headbangers Desaster Festival (Agosto 2016)
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