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WAR, TOTTEN KORPS… También se invitan a bandas extranjeras
como INNER SANCTUM, ANGKOR VAT y se cultiva una alianza con
bandas Punk para armar los shows: generalmente, las entradas cuestan
alrededor de 1€. Víctor asiste a sus primeras fiestas, bebe en exceso y
prueba varias drogas, conductas muy aceptadas en esta cultura underground. Una especie de rito de iniciación que te vuelve superior al resto
de tu generación.
Desde niño, Víctor reconoce el clasismo existente en los ambientes de
trabajo cuyos empleados pertenecen a la clase baja, pero ejercen su
labor en barrios acomodados: como el clásico mando medio que viene
de aquélla, no obstante, al “ascender” inmediatamente reniega de ella,
creyéndose cerca de la clase alta, representada por el mando superior.
Arribismo en vano, pues jamás será integrado a ese círculo, si apenas lo
harán sentir un “empleado mejor considerado por su compromiso con
la empresa” y con uno que otro privilegio para que se sienta diferente
ante sus congéneres. Pero que no pida más, pues no puede ser ni le corresponde. Es de clase inferior y desde allí no se sale, discriminación de
salud y educación mediantes: toda subvención o bono, venga de quien
venga, es un salvavidas de corcho que lo mantendrá a flote, pero nunca
le permitirá ir más allá. Es entonces cuando, en medio del status quo,
se escucha entre superiores un comentario con aura de consejo: “Si hay
que saber controlar a estos indios, no más”, como despectiva manera
de referirse a los empleados. Víctor observa que esas mismas jefaturas
eligen zonas altas y aisladas para vivir, tanto por su falta de identidad y
orgullo de ser híbridos rubios de inmigrantes, como para observar desde
las alturas la urbe que construyen y manejan a su antojo. Víctor también
reconoce la tremenda importancia que representan los apellidos, especialmente entre toda esa gente mayoritariamente descendiente de etnias
eslavas: Zukovic, Luksic, Vodanovic… Cuyos parientes en Europa son,
paradojalmente, gente muy humilde, sencilla y centrada, como más adelante lo comprueba en persona.
En un momento indefinido por el trauma, pero a través del cual Víctor
ya ha vivido 14 años, una medianoche irrumpe el padre en su habitación, dispuesto a quitarle todos sus discos y quemarlos. El exaltado
progenitor, fundamentalista creyente religioso, menciona que tal música baja el rendimiento escolar de Víctor, y además, claro, le molesta el
carácter diabólico y negativo de ella: obstinado, declama que aquéllo lo
lleva por el mal camino. Pero, por primera vez en su vida, la madre de
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