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ni significaría. La juventud y las hormonas proclaman ciegas: “Sólo
vive el día como si fuera el último. Sólo relájate y goza.”
En medio de otros compañeros de clase social, Víctor reflexiona acerca
de su constante búsqueda de alguna zona oscura obviada por la autoridad, y sabe que entre los Thrashers la ha encontrado, tanto para obtener
un conocimiento muy distinto al estándar, como, por ende, adoptar una
conducta de vida correspondiente. Sin embargo, los Thrashers de clase
baja, ajenos a ello, continúan hundidos en un mundo que los hace consumir en masa, porque son fabricados, criados y educados para cumplir
algún fin que nunca les dará beneficios personales, sino sólo al sistema,
sino sólo al mismo y mínimo grupo de privilegiados. Peor aún, viven
agobiados por esa autoridad de la que intentan rehuir, que no permite
interrelacionarse con tanta facilidad a gente en minoría y unida por los
mismos intereses.
Pero Víctor, aunque habitante de la clase baja, accede excepcionalmente a algún tipo de educación superior que lo inclina favorablemente
hacia la música, a pesar de haber sido acuñado por el mismo molde con
que se aplasta a los suyos.
En aquel tiempo, Víctor suele dar largas y solitarias caminatas, recorriendo Santiago durante horas, tras decidir no entrar al colegio, a causa
de lo cual, es cambiado varias veces de curso, hasta que finalmente
pierde ese año de estudios.
Entonces Víctor descubre lo mucho que disfruta la falta de compañía.
Por esa misma época, Víctor forma su primera agrupación, en donde
rústicamente ejecuta guitarra acústica amplificada a través de un micrófono y un equipo de música, mientras su amigo Mauricio arma una especie de batería con implementos reciclados. Así equipados, interpretan
temas de PENTAGRAM, SLAYER y ATOMIC AGGRESSOR, pues
más que nada son épocas de experimentación: sólo ver una guitarra
eléctrica o un amplificador “de verdad”, es un lujo inalcanzable para
la realidad de estos chicos de periferia. Ni pensar entonces en poseerlos. La vida urbana se contenta oyendo la música que se es capaz de
conseguir y asistiendo a los primeros y demenciales conciertos en Sala
Lautaro donde se presenta una segunda camada de bandas underground
chilenas: SADISM, ATOMIC AGGRESSOR, PHANTOM, UNHOLY
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